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No voy a defender las informaciones en relación con las donaciones del BCIE a Casa Presidencial y su uso oscuro para contratar servicios que desconocemos. Ellas se defienden solas.
Defiendo a los periodistas, porque don Óscar Arias y su hermano Rodrigo hicieron como el futbolista que, ofuscado, se olvida de la pelota y ataca fuerte la pierna.
"Cuento", “novela”, “mentiras”, “saña” y “morbo” son solo parte del glosario desenfundado por los dos gobernantes contra los periodistas y los medios de comunicación. Porque las informaciones publicadas nos defienden, esos calificativos solo pueden tener efecto sobre la imagen del estado emocional del Gobierno.
Lo que no puedo dejar que se defienda por sí solo es nuestro derecho a preguntar, preguntar y preguntar. Dice don Óscar que “una cosa es demandar respuestas a los representantes del pueblo, y otra muy diferente es faltarles al respeto”. Si creemos que la interrogación equivale al irrespeto, no hay forma entonces de ejercer el periodismo.
Pero lo que realmente me motivó a escribir esta columna fue la frase más grave del Presidente. “Nadie tiene derecho de poner en tela de duda la rectitud de un Gobierno que ha sido transparente desde el primer día”. ¿Dónde dice que está prohibido dudar? ¿Está don Óscar firmando un nuevo decreto?
Como ciudadanos, tenemos el derecho a dudar de todo; y como periodistas, el deber. Dudo, en especial, de la transparencia de esta Administración. ¿Acaso no hay razones después de oír a don Rodrigo decir que la información se da según las políticas de Zapote?
“Para investigar la verdad es preciso dudar, en cuanto sea posible, de todas las cosas”, dijo Descartes. Dudamos de los hechos, del secreto y, con más razones, de los datos con cuentagotas que se dan después de un secreto. El secreto, de por sí, es “una forma de corrupción” y “un atentado contra la democracia”, dijo don Óscar en el 2000 en un foro del BID.
¿Queremos desprestigiar a este Gobierno? No, pero tampoco somos sus socios. Es urgente, más bien, lograr que los gobernantes dejen de creer que todos, periodistas incluidos, debemos confiar a ciegas. Lo que el señor Presidente nos pide es tener fe en misterios.
Que siembren la confianza y la refuercen todos los días. Que respondan, que informen, que se abran, que se aguanten las ganas de privatizar la información. Que no vuelvan a decir: “No tenemos por qué satisfacer las preguntas de un medio cuando quieran”. Que rectifiquen.
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