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Transporte para los adultos mayores

Nuestro país decidió establecer la gratuidad del servicio de buses para adultos mayores

El buen trato a las generaciones mayores muestra el grado de desarrollo de una cultura, donde el maltrato es indicador de su retraso. Las personas mayores son portadoras del conocimiento humano: todo el aprendizaje de la vida y de la sociedad culmina en la sabiduría de la vejez. Todos vamos para viejos y lo sensato es comprometerse en construir una sociedad que acoja y aproveche a esos ciudadanos: su dignidad no se negocia.
La calidad de vida del adulto mayor depende de que al menos tres necesidades materiales se encuentren adecuadamente resueltas: la vivienda, la atención de la salud y los servicios de transporte. El acceso al transporte significa, para los ciudadanos de oro, posibilidades de recreación y oportunidades de encuentro y participación. Un transporte público accesible les ofrece una vida activa y fructífera, les ayuda a enfrentar la soledad y el aburrimiento. Nuestro país decidió establecer la gratuidad del servicio de buses para nuestros ciudadanos de oro. Eso ayuda a mejorar la calidad de vida de nuestros mayores y nos obliga a redoblar los esfuerzos por mejorar el sistema de transporte.
¿Quién paga el subsidio? La gratuidad del servicio de buses es un subsidio que nuestra sociedad ha decidido dar a sus ciudadanos de oro. La ley no creó en este caso una fuente de financiamiento, sino que se limitó a establecer que los ciudadanos de oro no pagaran su pasaje. Sin embargo, como todo subsidio, alguien tiene que pagarlo. Pagan los demás usuarios. Si el servicio tiene muchos usuarios que pagan su pasaje; la tarifa es baja, pero si el número de usuarios es pequeño, o si son muy pocos los que pagan, la tarifa tiene que ser alta.
Sería preferible que el costo del subsidio no recayera sobre los usuarios del transporte público, que en la actualidad son los habitantes de ingresos más bajos. La ley actual hace recaer sobre los usuarios de buses el costo de transportar a los ciudadanos de oro; por ello, las autoridades públicas debemos velar porque el peso que se vuelve sobre esos usuarios sea el mínimo. ¿Cómo evitar que algunos se aprovechen de la situación y que al final se encarezca injustamente la carga que ya recae sobre los usuarios del servicio de buses?
El pago electrónico. La ley señala que la presentación de la cédula de identidad es suficiente para acreditar el derecho de los ciudadanos de oro a ser transportados gratuitamente, y así acaba de reiterarlo la Sala Constitucional. Nuestros ciudadanos de oro no deben ser sometidos a procedimientos engorrosos. Pero que la cédula sea suficiente para acreditar el derecho, no nos exime de velar por un registro fidedigno del uso gratuito de este servicio público. Por ello es natural y deseable que los autobuseros establezcan sistemas de control sobre el número de pasajeros. Es natural que quieran que no se cuelen sin pagar personas que no tienen derecho al beneficio.
Para la Autoridad Reguladora, esos controles son deseables, porque sin ellos los demás usuarios terminan pagando una tarifa mayor. Un buen sistema de registro es indispensable para que las tarifas sean justas, y nadie, ni los empresarios, ni los demás usuarios, paguen por pasajeros fantasmas.
Es de interés de todos, pero sobre todo de los usuarios de bus y de las autoridades responsables, que se establezca un sistema de control para todos los usuarios de autobús, incluidos los ciudadanos de oro, que arroje un registro confiable del número de usuarios. Así, las autoridades dispondrán de la información necesaria para que la tarifa sea la más baja posible, sin poner en peligro la solvencia y rentabilidad de los empresarios que lo brindan, ni la equidad que debe existir entre todos los usuarios.

  • POR Adolfo Rodríguez
  • Opinión
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