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Phoenix. La Copa de Oro de la Concacaf es sin dudas el torneo futbolístico más importante que se juega en Estados Unidos cada dos años, pero la presente décima edición del evento ha encontrado poca repercusión en la prensa deportiva de este país, salvo en los medios de habla hispana, que han tomado el certamen como cosa propia.
Ni el accionar del equipo local, invicto en sus tres presentaciones, ha servido para despertar el interés de los medios, ocupados más en los avatares del próximo Juego de las Estrellas de las Grandes Ligas de beisbol, los devaneos de Lance Armstrong en el Tour de Francia o las contrataciones en la NBA.
Estados Unidos llegó a esta Copa de Oro precedido de un inesperado segundo lugar en la Copa Confederaciones, donde estuvo a 20 minutos de conseguir la hazaña de ganarle la final a Brasil, tras eliminar y darle un baño de humildad en semifinales a España.
Por eso se esperaba más atención al equipo de Bob Bradley, quien por otra parte puso lo suyo para conseguir el anonimato mediático al nombrar una especie de segunda selección a esta Copa, dejando por fuera a las figuras de mayor perfil, como Landon Donovan.
Ayer, un día después de completarse los cupos para los cuartos de final, el New York Times y el San Francisco Chronicle salen con una pequeña reseña de una agencia de noticias sobre el empate de Estados Unidos ante Haiti hace tres días.
En el resto de la gran prensa estadounidense no han dado ni señales de humo del torneo más importante de la Concacaf.
Ni siquiera la televisión se ha salvado de esta especie de boicot mediático, con la única excepción de la cadena ESPN, que se ha limitado a los tres partidos de la selección local en la primera etapa.
Todo lo contrario ha sucedido con la versión radial en español de ESPN, con un seguimiento continuo las 24 horas sobre la Copa.
La cobertura mediática se ha salvado gracias a los medios de prensa escrita en español que circulan en Estados Unidos, aunque la mayoría de ellos sigue a pie firme el transitar de la alicaída selección de México, como si el resto de los equipos no existiera o jugaran en escenarios de otros países.
Nadie se puede explicar esta conspiración de silencio futbolístico en Estados Unidos, en tanto los estadios de la Copa de Oro han estado promediando unos 20.000 fanáticos por encuentro.
Nada, que pese a los millonarios recursos, estadios nuevos y una Liga MLS bien establecida, y que en los últimos tiempos se ha adornado con relumbrones millonarios como David Beckham, al futbol en Estados Unidos aún le queda un trecho largo para acabar de prender en el ciudadano medio.
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