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Ottón Solís y Laura Chinchilla son, a mi juicio, la pareja de oponentes más conveniente para Costa Rica, dadas las posibilidades que había a raíz de las elecciones internas del PAC y el PLN. Sin embargo, desde que los ciudadanos optaron mayoritariamente por esa posibilidad, me he estado haciendo las siguientes preguntas: ¿por qué don Óscar Arias, como visionario hombre de Estado, distinguido estudioso de la sociedad costarricense y hábil político, no propició el componente femenino de esa combinación –es decir, doña Laura u otra opción femenina– aun antes del 2006?
¿Por qué no propuso y apoyó, lealmente, a una mujer de su partido (PLN) para competir con don Ottón Solís (del PAC) en esa oportunidad? ¿Por qué gestionó su propia candidatura, inclusive rozando –si no violando claramente– nuestra Constitución Política para tal efecto? ¿Por qué esperó hasta ahora, ocupando él la Presidencia de la República, para promover abiertamente la candidatura de una mujer de su partido, nuevamente rozando –si no violando, otra vez– la Carta Magna?
Me hago esas preguntas, las hago al señor Presidente, las hago a las autoridades de su Partido Liberación Nacional –que fue el mío por más de treinta años– y se las hago a la candidata doña Laura Chinchilla, cuyas cualidades reconozco en todo lo que valen.
Además, no dudo que cada ciudadano o ciudadana consciente se hace preguntas similares. Tal vez pensando entre todos, con buena fe, podamos encontrar respuestas que aclaren esas preguntas.
Así, en este artículo, compartiré algunos razonamientos míos con lectores y lectoras de esta página, con la esperanza de que les sirva como ejemplo o punto de referencia para hacer sus propias reflexiones, con responsabilidad ciudadana. Pero advierto que no debemos permitir que esa buena fe disminuya o distorsione el rigor analítico que se requiere para entender y resolver los problemas correspondientes.
Posibles respuestas. Para la primera pregunta, que es la principal o central, la lógica elemental nos permite derivar dos posibles respuestas: o don Óscar Arias juzgaba antes que era necesario; es decir, indispensable, que la reivindicación política de la mujer fuera patrocinada por él, que es hombre; o está planteando ahora la candidatura de una mujer con designios que no ha reconocido abiertamente y no se relacionan de modo primario con la causa femenina.
En el primer caso, estaríamos ante la postulación o el supuesto de que la tutela de él –en general como hombre y en especial como Presidente de la República– era requisito para el éxito político de una mujer; y, en el segundo caso, tendríamos un intento de manipulación de la figura femenina, usándola como instrumento para propósitos no confesados de un hombre.
En ambos casos, tendríamos, en el fondo y tras de todo, un conjunto de actitudes, valores y prácticas machistas que deberían poner en guardia a todas las mujeres, más aún las que tengan vocación de liderazgo político.
Reitero que lo anterior solo es un intento y modo de análisis, entre otros posibles que invito a comparar y discutir.
No pretendo conocer "la verdad". Se trata, si se quiere, de lo que el filósofo Karl Popper llamaba una conjetura .
Reconozco que es imposible penetrar el fuero interno de un ser humano, para saber con seguridad lo que ocurre en las complejidades de su pensamiento y las profundidades de su alma; a veces ni siquiera las mismas personas saben lo que allí sucede y por qué actúan de cierta manera, por aquello de lo subconsciente e inconsciente que estudiaron Sigmund Freud y sus seguidores.
Sin embargo, a pesar de esa dificultad o imposibilidad, hay analistas y científicos de lo humano que han dado importantes pistas para ver cómo –y entender por qué– algunos suelen engañar a otros y, a veces, a sí mismos sobre sus verdaderas intenciones en la vida. Pero tendré que referirme a eso en otro artículo.
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