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Unos pocos autores han pretendido historiar las diversas épocas por las que pasó el Estadio Nacional, ahora que ya no está y mientras se construye su nueva e impresionante estructura. De todas las crónicas, se destaca la del arquitecto Carlomagno Chacón, dado que en el año de 1988 su tesis de grado se refirió al ahora antiguo Estadio y, hoy día, veinte años después, supervisa, junto con otros profesionales del país, la obra que está a cargo de una constructora china. Toda una vida dedicada a la Arquitectura y el Deporte.
La Sabana es un predio de 64 hectáreas que se reservó como pulmón de San José y donde, hasta 1971, funcionó el primer aeropuerto internacional del país. En el ángulo noroeste se dispuso para la construcción del estadio un espacio de 200 x 300 metros, donde se proyectó la cancha con una orientación este-oeste, totalmente inadecuada para un campo de juego.
La crónica de Carlomagno Chacón es un paseo histórico para los nostálgicos de un futbol con reglas que todavía son las mismas de antes, pero cuyos valores han cambiado sensiblemente.
En octubre de 1924 se aprobó el proyecto, y con un presupuesto de ¢50.000, cien operarios iniciaron los trabajos para construir dos graderías, sol y sombra, de 50 metros de longitud, con una capacidad de 3.500 espectadores, además del público de pie, y una cancha que medía 92 x 120 metros.
Entusiasta inauguración. El Estadio Nacional se inauguró el 29 de diciembre de ese año y tanto fue el entusiasmo que generó la obra en la ciudadanía, que el juramento olímpico centroamericano de 1925 se hizo "ante Dios y ante el Estadio, que es orgullo nacional".
Más adelante se le hicieron mejoras y ampliaciones, como la de 1936 que sustituyó la gradería de sol, de madera, por una de concreto, con la característica glorieta, o el aporte del infaltable arquitecto José María Barrantes, que proyectó, en 1937, las portadas de sol y sombra cuyos diseños se conservan en la Dirección de Deportes. La iluminación, la pista de atletismo, la gradería prefabricada del este, fueron dando al Estadio Nacional la fisonomía que tuvo hasta mayo del 2008.
En el año 1990, un grupo de arquitectos e ingenieros fue encomendado para proponer ideas sobre el futuro del estadio y resultó que, de siete presentaciones, cuatro proponían remodelarlo y tres abogaban por construir uno nuevo, aunque de modestas proporciones. La oportunidad surgió cuando China ofreció donar el nuevo estadio, que tendráun costo de $83 millones y donde trabajan actualmente 700 obreros y técnicos chinos.
Al estadio de Boca Juniors, en Buenos Aires, le caben 33.000 aficionados, mientras que el famoso Maracaná brasileño puede recibir 89.000 espectadores, aunque, en ocasiones, ha sobrepasado los 100.000. En nuestro Estadio Nacional ya podemos observar la gradería oeste donde la suavidad de su inclinación anticipa una adecuada relación de los 35.000 espectadores con la cancha y asegura una buena visibilidad de los partidos.
El paseo por la historia da paso, ahora, al paseo por la obra en construcción que, por su ritmo de trabajo, anticipa que el estadio estará concluido en la fecha convenida.
Ahínco y disciplina. Es sorprendente ver el ahínco y la disciplina que despliegan los obreros chinos en su trabajo, así como el orden y la limpieza de las instalaciones complementarias, ya sean cocina, dormitorios o laboratorio de materiales.
Las máquinas excavadoras, grúas y perforadoras fueron traídas de China, así como los materiales de construcción, acero, plywood , andamios, exceptuando el cemento y los agregados. Las graderías este y oeste estarán cubiertas, cada una, por un techo de suave curvatura de 196 metros de largo, con solo dos apoyos en sus extremos. Este toque arquitectónico le dará al conjunto una agradable volumetría que será, sin duda, lo que más sorprenderá al observador.
En su momento, un grupo de profesionales costarricenses viajó a China para conocer los diseños presentados por China Central South Architectural Design Institute. De la carpeta de proyectos ofrecidos, escogieron el que consideraron más apto para nuestro medio, aunque se debieron adecuar algunas especificaciones a los códigos, reglamentos y costumbres de nuestro país.
En los planos originales, el número de baños duplicaba lo exigido en nuestras normas y estos no tenían inodoros, sino placas turcas, lo cual podía resultar engorroso e incómodo para el usuario tico.
Con prisa y sin pausas, el Estadio Nacional irá creciendo frente a los ojos asombrados de los vecinos de La Sabana, y allí se quedará, haciendo historia, durante su vida útil, prevista en 50 años. Es imposible calcular cuántos partidos ni cuántos jugadores correrán, en ese tiempo, en su nueva cancha, de 105 x 68 metros, esta vez correctamente orientada, de norte a sur.
Esperemos que todo esté listo para la próxima ceremonia del cambio de Gobierno para que el nuevo/a presidente/a pueda juramentarse ante Dios y el Estadio Nacional.
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