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GIACOMO LEOPARDI РОЕМА: JUEGAN LOS NIÑOS SOLO, EN SUS ESTUDIOS anator Giacomo Leopardi. 1798 1837)
re Pronto, el buen Torres debe ser reemplazado. Para los otros hermanos (Carlos, Paulina y Luis) aún podría ser útil, pero para Giacomo ya no son suficientes los conocimientos del viejo erudito.
Otros dos preceptores comienzan a frecuentar la casa de Leopardi: con asombrosa rapidez, Giacomo aprende todo cuanto pueden enseñar. Pero todavía no basta: en 1809, a los once años, el muchacho empieza a estudiar solo. No se debe pensar en un niño aplicado que se dedica a estudiar por su cuenta para superar a los demás. Giacomo se enfrasca, literalmente, en el estudio, porque sólo de esta manera logra satisfacer totalmente las exigencias de su extraordinaria personalidad.
Recanati, el pueblo donde nació, es un lugar pequeño, sin trascendencia, donde Giacomo no puede encontrar a nadie que sea capaz de hablar con él de arte ni de literatura.
Por otra parte, la atmósfera familiar no es, ciertamente, la más adecuada. El padre, conde Monaldo, es un erudito, dueño de una rica biblioteca, pero tiene ideas estrechas y antiMarlon Rodolfo Arce Acuña Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.
vida se ha convertido en un pequeño y pálido enfermo, cuyos ojos revelan una melancolía impropia de su edad.
EL GRAN DESCUBRIMIENTO JUEGAN LOS NIÑOS Indiferente a su estado de salud, el joven Leopardi continúa estudiando asiduamente, y empieza a ser conocido. Afronta temas cada vez más comprometedores y los estudiosos a quienes manda sus trabajos para someterlos a exámen, lo felicitan: casi ninguno de ellos puede imaginar que el autor de aqueilas obras no ha cumplido aún dieciocho años.
Sobre la tierra del parque juegan manos infantiles.
La vida entreabre sus ojos y les limita el paisaje.
de 1983 El palacio de Leopardi, en Recanati, tal como se conserva hoy. Aquí, el gran poeta pasó la mayor parte su su breve vida, siempre dedicado al estudio.
Los niños juegan y cantan. Doña Blanca está cubierta con pilares de oro y plata. sin que nadie lo advierta la tarde toca su flauta.
24 LA REPUBLICA. Viernes de setiembre de cuadas; la madre es una especie de guardian inflexible de la casa, incapaz de darle calor humano; los hermanos son afectuosos, pero sin inquietudes, y muy pronto terminan por no comprenderlo. Es natural que Giacomo, en esta situación, se sienta completamente aislado.
Los libros son sus únicos amigos, y a ellos se dedica con una pasión siempre creciente. Los resultados de su trabajo son increíbles: a los qui quince años puede escribir en griego, traducir difíciles textos del latín y redactar un tratado en esta Gozo mirando estas cosas, pues mi jardin se dilata y se me llena de rosas como en una serenata. veces, Giacomo se divierte gastándose alguna broma refinadísima: como cuando afirma seriamente haber encontrado, entre viejos papeles, un Himno a Neptuno y dos fragmentos del gran poeta griego Anacreonte. Las más ilustres autoridades de la época se entregan, entonces, a doctísimas dicusiones acerca de la perfección estilística de tales fragmentos, reconociendo, naturalmente, el genio inconfundible del poeta griego. hasta que el joven Leopardi se decide a revelar que el autor del trabajo es él. Desearia marcharse del pueblo, y abrirse camino en el ambiente cultural de las grandes ciudades, pero partir le es casi imposible.
lengua; inicia, además, el estudio del hebreo, comienza a escribir un tratado de astronomía, y efectúa estudios filológicos.
Desgraciadamente, su inagotable pasión por saber trae consigo consecuencias terribles. La fatiga, efecto de los estudios continuos y extenuantes, que pesa sobre él en plena edad del desarrollo, mina su salud. los diecisiete años puede ya ser considerado un estudioso de gran porvenir, pero, fisicamente, está destrozado. El muchacho lleno de Hay un chiquillo que llora: se le ha escapado su globo. por esto. quien no llora?
Bernardo Ortiz de Montellano Lucía Morales Moya
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