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FABULAS FABULAS Este documento es propiedad de la Biblio Tú aquí te alimense fueron a dormir.
tas como las hormigas Se despertaron. le dijo el ratón silcuando era ya de novestre. Yo tengo che, y el ratón casero manjares mucho más le dijo a su huésped: exquisitos en mi casa. Vamos arriba, a la Quisiera hacerte pro cocina, donde enconbar las ricas golosinas traremos alguna golosique guardo en mi desna.
pensa. Ven a pasar Subieron las escaleunos días conmigo y ras y entraron en la sabrás lo que es bue despensa: estaba llena no!
de todos los bienes de Convinieron en ir Dios y los dos ratojuntos a la ciudad y nes comenzaron a roer cuando llegaron al pa tranquilamente lo melacio donde el ratón jor que hallaron.
casero tenía su guari Pero, de pronto, da, bajaron a la booyeron un ruido, se dega y cenaron opí abrió la puerta y el paramente con los ratón casero dio un manjares que el ratón salto y emprendió la casero había robado y huida, escondiéndose que tenía guardados: en un agujero del paharina, avena, higos, vimento.
miel, dátiles.
El ratón de monte El ratón de monte corrió detrás de él, y no había probado jale pregunto: más nada semejante y. Qué pasa. Por estaba entusiasmado.
qué has escapado de Luego los dos amigos ese modo. iChist. Es la cocinera que ha entrado. pero ya se va.
En efecto, la puerta de la despensa volvió a cerrarse y el ratón casero su surró al amigo. Ven, ahora pode mos volver a salir.
De nuevo comenzaron a comer; mas, de improviso, en la oscuridad, vieron brillar dos ojos amarillos, fosforescentes, y notaron algo que bufaba con fiereza.
iHorror. El gato! Huyamos. exclamó el ratón casero, que salió corriendo de estampía.
El ratón de monte corrió también detrás de él y cuando estuvieron de nuevo en la bodega, le dijo. Amigo mío, comprendo perfectamente que te guste comer bien, cosa que a mi tampoco me disgusta; pero yo no estoy acostumbrado a una vida tan agitada y prefiero volverme a mi casa; me conformo con raíces y granos de cebada; pero quiero vivir en paz.
Y, tras decir esto, agradeció al amigo su hospitalidad y volvió a su mansión campesina, solitaria y tranquila.
Volvió a alimentarse frugalmente; pero al menos nadie turbó sus comidas ni sus digestiones.
Y, en verdad, vale más contentarse con poco, pero gozar de tranquilidad, que ambicionar dichas perturbadas por el miedo y la envidia.
a Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.
Si. replicó la leana con orgullo. pero ese hijo jes un leon. pág. 111)
Bilgile Entre el gran río Magdalena y las aguas del Cauca, en la actual provincia de Antioquia, en Colombia, se extendía el territorio ocupado por los indios del Zenú, raza fuerte, valerosa y cruel que vivía en continuas guerras con los pueblos vecinos, a los que superaba en civilización, especialmente en la construcción de la vivienda, ya que llegaron a formar, con grandes troncos y maderos, poblaciones de muchas casas, grandes fortalezas y murallas cerradas donde se defendían con seguridad del ataque de sus enemigos.
En la época de la conquista, los indios del Zenú habían perfeccionado sus defensas de tal manera que algunas poblaciones lucían un sólido cerco de gruesos troncos a modo de fortificación inexpugnable.
En lo alto de una loma, a orillas de un afluente del Magdalena, que los españoles llamaron Nare, vivían agrupados más de medio millar de indígenas, entre guerreros, mujeres, ancianos y niños, en un pueblo de casas de madera, rodeadas por fuerte empalizada de gruesos troncos, con gran número de troneras por donde en caso de ataque salían las certeras flechas, y asegurada en las entradas por pesadas puertas tramUn día del año 1550, los fugitivos de una tribu vecina llegaron anunciando que se aproximaba el enemigo conquistador: hombres color de luna, con tupidas barbas, cubiertos de extraños vestidos, portadores de armas que brillaban como el sol y despedían rayos que mataban a distancia.
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LA REPUBLICA. Martes 12 de febrero de 1985
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