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LA REPUBLICA. Martes 12 de febrero de 1985 ITllinero.
quís!
sus garras.
corral; se triunfales triunfos: la soberbia demasiado de vuestros No debéis jactaros dueño absoluto del gadueño del terreno y momento quedó como te y a partir de aquel llo salió de su escondiEntonces el otro ga llevó prendido entre gante gallo y se lo pronto contra el arrouna espiral sobre el y descendió trazando ba a gran altura lo oyó ro rincón, mente su victoria con Un águila que vola a proclamar jubilosabió a la tapia y se puso que el vencedor se sudumbrado, en un oscucondersa, muy apesado y herido, fue a esel vencido, desplumarosamente y, por fin, batientes riñieron valebelicosos, ambos comdel campo. Fieros y debía quedar dueño dir cuál de los dos en un duelo para deciconvinieron en pelear ca pueden estar juntos, como dos gallos nungallos en un corral, y Cierta vez había dos lanzó de iquiquirimientras LOS DOS GALLOS Se e la gent quien rica en Norma LA EL CIERV vid.
ron muy cerca del esdieron el rastro y pasa Los cazadores perpeso follaje de una se escondió entre el esdo por unos cazadores Un ciervo perseguiVID Fieros y belicosos, ambos contendientes riñeron valerosamente til.
la bondad es cosa inúque con los perversos La fábula enseña ser tan malvado.
sentir compasión de un merecía: nunca debí He tenido lo que con amargura: en su agonía, murmuro el pobre hombre, mordisco mortal.
perverso. le dio un ciendo a su instinto víbora, y ésta, obede bienhechor, revivió la ba del cuerpo de su Al calor que emanapa, en el pecho.
metió debajo de la rogió del suelo y se la ciéndose de ella la corida de frío; compade mino a una víbora ateno encontró en un caCierta vez un aldea ALDEANO LA VIBORA EL acabar mal.
y la arrogancia suelen y much LA FABULAS Mujer su prot de cor Solidar 25 56HC dad.
vid.
lo.
protectora.
hermosura y su bon Bien mamás, y ensalzando su como hacen todas las hablando de sus hijos, rra estaban cierta vez Una leona y una zono lo olvidéis. LA ZORRA LA LEONA ce a veces a la ruina: La ingratitud condudo las hojas de mi que me estaba comientengo este castigo, por muro agonizante: oscurecía la vista, mursuelo, y mientras se le Cayó el animal al ciervo mortalmente.
nenada, hiriendo paró una flecha envetendió el arco y le disse volvió, entrevió al dor rezagado, el cual la atención de un caza el mordisquear llamó El ruido que hacia se los pámpanos de la gro, empezó a comerbía cesado todo pelicreyendo que ya ha El ciervo, entonces, condrijo sin descubriral una ciervo entre el follaje, maliciosamente. Y, EI número.
zorritos.
contró más bien frugal.
cada vez.
el ratón ciudadano enbada, que, en verdad, ces y de granos de ce sirvió una cena de raiaceptó y el amigo le tenía en un prado.
ratón días en la guarida que al primero a pasar unos el buen tiempo, invito te, y éste, cuando llegó con un ratón de moncasero hizo amistad merecido cantidad; y lo que tieCierta vez, un ratón EL RATON DE MONTE EL RATON CASERO ne importancia no es el ocasiones, más que la La calidad vale, en ese hijo ies un león!
na con orgullo. pero Sí replicó la leo tú tienes sólo un hijo además, según parece, la zorra, que agregó gusto verlos. exclamó maravilla!
iMis pequeños son rubia que tenían sus alababa la preciosa piel zorra, por su parte, ba muy bien; la mamá celente salud y se cria cién nacido gozaba excía que su leoncito reLa mamá leona de casero iDa LOS PALENQUES GLORIOSOS Hombres fuertes y feroces, que habían destruido sus viviendas y daban a toda esa tierra un nombre extraño: Los Palenques.
Así llamaron, en efecto, los españoles a esa zona, y tal nombre se derivaba, precisamente, de las características de las construcciones indigenas encerrados en vallas o palenques, las primeras de este tipo que los conquistadores observaron en tierra firme y las únicas del Nuevo Reino de Granada.
Gran inquietud se apoderó de la tribu al esparcirse la noticia de la invasión, inquietud que subió de pun.
to hasta transformarse en indignación cuando se supo que los invasores robarían sus adornos y riquezas, harían esclavos a sus hijos, cargándolos con armas y bagajes, arrasarían sus cosechas y se llevarían a sus mujeres a otras tierras.
Los jóvenes exaltados quisieron salir al encuentro del invasor y, entre gritos de guerra, blandían sus lanzas de dura caña y afilaban las puntas de sus flechas. Pero el viejo cacique, con la autoridad que le da ban su cargo y su experiencia, les habló así. Acaso no hemos triunfado siempre. Quién puede jactarse de haber podido rebasar las puertas de nuestra fortaleza. No tienen, acaso, nuestras murallas agujeros para poder arrojar las flechas. No pe leamos siempre así nosotros y no lo hicieron nuestros padres de la misma manera?
Esperemos. Detrás de estas mu Muchas y buenas casas vieron los jas lenguas de fuego, cortinas de hurallas y sobre estos fuertes troncos ojos sorprendidos del invasor al llemo y lluvia de chispas, transformannos aguarda la victoria! No salgáis a gar cerca del pueblo, y al notar que do la empalizada en un anillo de combatirlos a campo abierto. Prepa en las calles no había ni un solo infuego y la población en un infierno.
remos aquí, detrás de nuestras emdio, se ilusionaron con un rico bo Sonriente y tranquilo el español palizadas, la muerte de nuestros tín de oro y esclavos. Pero cuando esperaba presenciar la carrera de los enemigos.
el último indio hubo atravesado las despavoridos indios que, en busca Acatado el consejo del cacique, puertas de la empalizada, cayeron de salvación, habrían de entregarse la tribu se dedicó por entero a relas fuertes trampas que las cerraban a sus soldados. Creía verlos llegar forzar las defensas de sus hogares.
y una nube de flechas paralizó el temerosos y arrojarse a sus plantas Y, a poco, los cánticos guerreros avance de los audaces atacantes. pidiendo clemencia, entregándole, a?
sustituyeron al jadear de los traba Pálidos, se miraron los invasores cambio de sus vidas, presentes de jos, y la seguridad de la victoria, al que, por primera vez en sus expedioro y plata, en señal de sometimientemor inicial.
ciones de conquista, se hallaban anto.
Seguros de sus fuerzas, la vida re te un caso tan insólito. Pero el capi Pero ese día todo había de ser cobró su actividad normal. Volvie tán Núñez Pedroso era, además de sorpresa para los españoles. Pasaban ron los indios a buscar el diario sus valiente, hombre de recursos y rápi los minutos: sólo el crepitar de las tento en la siembra, la caza y la pes das decisiones. Ordenó a sus subor maderas devoradas por las llamas ca. En grupos cada vez más numero dinados que se pusieran fuera del al rompía el silencio de aquel cuadro sos salían del poblado a recorrer los cance de las flechas de los defensodantesco. Cuando cayó por fin la campos, en cumplimiento de sus ta. res de la empalizada, y, por medio empalizada exterior, vio el español reas.
de intérpretes, ofreció a los sitiados a los guerreros indios, sus mujeres y Una mañana, un grupo de indios la amistad y el respeto de personas sus criaturas que esperaban impasique regresaba con cargas de sal fue y bienes. Pero los indios, sordos a bles la muerte sin pretender huir del sorprendido por los españoles, quie sus requerimientos, le contestaron cerco de fuego que los rodeaba, nes, al mando del capitán Núñez Pe con una cerrada descarga de flechas. vio también que los ancianos, antidroso, subían, recatados, la loma Dos de los indios intérpretes y un cipándose al trance, se ahorcaban que daba al pueblo.
soldado que los acompañaba mor. en las vigas de los techos que aún Un potente alarido rasgó los aires dieron el polvo, atravesados por las no dominaba la voracidad del fue llevando la alarma a la población.
flechas de los sitiados.
go.
Los indios arrojaron sus cargas de Creció con esto la obstinación de Más de quinientos habitantes sal y corrieron hacia el poblado, traNúñez Pedroso, y de su furia nació contaba esta Numancia neogranadi: tando de refugiarse detrás de la emuna idea cruel que él creyó haría na y ni uno solo, hombre, mujer, ni palizada.
abandonar a los nativos toda resis ño o anciano quiso salvarse. Al Ante tan rápida y total desbanda tencia y salir a entregarse con todos cumplirse la consigna de la guerra, da, los setenta españoles de Pedroso sus tesoros. vencer o morir. quedó en la his pensaron que tendrían que vérselas Una tea y la mano atrevida de un toria americana el recuerdo del he con gente blanda y cobarde, por lo soldado dieron cuerpo a la idea. El roismo de Los Palenques, nunca su que echaron a correr despreocupa viento completó la obra, y pronto perado y sin igual en la larga y acci cundamentaad comenzabenecos transesuaulanzandsta Rica.
de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacionar de Bibliotecas del Mini dentada epopeya de la conquista.
Este documeri y.
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