Guardar

El arte del setecientos en Italia 10 PUT Al llegar el siglo XVIII la arquitectura estaba agotada, se convulsionaba como en un ataque de locura y se disolvió en jirones de humo de una hoguera o se transformó en una tarta en la que un repostero caprichoso se hubiera entretenido en sumar infinitos adornos. Entre este desorden se levantaron hombres de valía, que intentaron salvarla del caos. Desgraciadamente, no pudieron encauzar el desenfreno, ni evitar la frialdad neoclásica que surge en sus propios días como reacción lógica.
El principal arquitecto italiano del siglo XVIII fue Felipe Juvara, que reacciona contra Borromini.
Prefiere composiciones más reposadas de aire más clásico. Así se expresa en el templo de la Superga, en Turín. Su gran papel fue de constructor de palacios, el Palacio Madama, de Turín, donde a imitación de Bernini coloca un orden gigantesco sobre un cuerpo bajo que sirve de pedestal. Remató el ático con estatuas que determinan un movimiento ascendente, fórmula que tendría gran éxito, la fama de Juvara fue tal, que se le llamó, en 1734, a Madrid para hacer el nuevo palacio real; pero desgraciadamente murió dos años después.
Otros arquitectos. El maestro del siglo XVIII fue Carlos Fontana; contemporáneos y discipulos suyos fueron Valvassori, Gabrieli, Fuga y Vanvitelli. Una de las obras más bellas del primero es la iglesia romana de San Marcelo, hecha por Sansovino, pero con una noble fachada concava añadida por Fontana; el mismo empezó en el siglo XVII la Magdalena, que Salvi terminó en rococó a su muerte.
Alejandro Galilei fur también un arquitecto famoso, no sólo por la bella iglesia de San Juan de los Florentinos, sino por la nueva fachada que añadió en 1735 a San Juan de Letrán. En todas sus obras, y especialmente en la última, existe una monumentalidad, una aplicación del orden gigante y un equilibrio que demuestra una vez más que los artistas italianos no podían olvidar la lección del pasado. El ejemplo más típico del Setecientos italiano en arquitectura civil es el Palacio Doria, de Valvassori. La parte que éste construyó es recargada; pero de excelente gusto. En cuanto a Fuga y Vanvitelli, son aún más clásicos, y se les señala como opuestos a las fantasías del Rococó e iniciadores del neoclásico en Italia.
Una de las mejores muestras del dibujo del maestro (1730. Camilo Rusconi y Filipo della Valle excelente arquitecto continuaron la tradición en sus tumbas de los papas Gregorio XIII e Inocencio XII así cmo en la decoración de la Capilla Corsini en San Juan de Le: trán. Queirolo dejó en Nápoles una obra famosa en San Severo: la Alegoría del Disinganno, hereje a punto de caer en el abismo del error, pero salvado a tiempo por un ángel. El siciliano Giacomo Serpotta cierra esta serie con sus delicados relieves de estuco en Palermo.
El último coloso. Aunque en Roma queda algún pintor, el centro de la pintura se desplaza a Venecia; alli da sus últimos y magníficos frutos en un atardecer lleno de belleza, Puede citarse a Sebastián Ricci, que trabajó en las cortes de Viena y Londres, y a Piazzeta, verdadera delicia del arte dieciochesco. La gran pintura veneciana se encarna ahora en Giambattista Tiépelo, en quien las opulencias decorativas, el sentido del lujo veneciano y el espíritu na rrativo cuatrocentista y del Veronés, se ponen al servicio de una imaginación ampulosamente barroca. Lo mejor son sus composiciones profanas, sobre todo como decorador de techos. De actividad prodigiosa, pintó en el palacio de Wurzburgo (Alemania. y desde 1762 pasa el resto de su vida en Madrid, donde deja su obra capital en el Salón del Trono del Palacio Real. Alli mantuvo el pabellón de la gran pintura barroca colorista frente a la pesada frialdad neoclásica de Mengs.
Los maestros menores. Frente a las grandes decoraciones de la época hacen cuadritos deliciosos, de técnica tan suelta que se adelantan al impresionismo, Todos son unos enamorados de su ciudad, del detalle menudo, de los colores vivos y las entonaciones doradas. Los edificios, los puentes y canales, los actos civicos y las escenas cotidianas de Venecia vuelven a resucitar en sus pinturas. En iniciador fue Antonio Canal, el Canaletto, que visitó Roma y se dedicó algún tiempo a la escenografia; su estilo pecaba de alguna monotonía, mientras Francesco Guardi empleó una pincelada de mayor nervio y desenfado. Longhi se aficionó a interiores de la vida setecentista. Así acaba la gran pintura de Italia.
Dediquemos aun recuerdo a Batoni, pintor facilón que trabajó en Roma; y a los decoradores napolitanos Francisco Solimena y Corrado Giacquinto, que conservan la tradición de Lucas Jordán.
Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.
papa Liberio 22 LA REPUBLICA. Miércoles 29 de mayo de 1985 arte de Fuga es la fachada de la basílica de Santa María la Mayor.
Esta iglesia tiene un origen muy curioso: se levanta en el lugar en que cayó nieve el de agosto del año 352, al mismo tiempo en que el el patricio Juan recibían en sueños la orden de erigir el templo. Fuga respetó el gracioso campanario romántico, el más alto de roma en ese estilo, que surge entre el conjunto de estilos de la iglesia como un curioso recuerdo arqueológico.
Los herederos de Bernini. La influencia de aquel Miguel Angel barroco parecía no tener fin.
Nicolas Salvi y Pedro Bracci, dos discípulos, realizaron la Fuente de Trevi, una de las más monumentales del mundo, inspirándose en un

    GermanyItaly
    Notas

    Este documento no posee notas.