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LA REPUBLICA. Jueves de agosto de 1986 19 TURISMO Editora: Vilma Aguiluz Colaboradora: Marie Jeanne Oliger Cabinas y área de restaurante en Marenco Un concierto de flora y fauna en la reserva de Marenco Por Marie Jeanne Oliger VES, reptiles, plantas, árboles, hojas que caen como un manto, miles de seres vivos de la naturaleza que se relacionan en las más diversas formas imaginables, un mundo que sobrevive con sus propias reglas del juego. Ese mundo y muchos más los tenemos en Costa Rica. uno de esos lugares lo constituye la Reserva Biológica de Marenco, ubicada al norte del Parque Nacional de Corcovado, en la Península de Osa. Aunque el lugar tiene un dificil acceso todavía, el viaje es también una aventura digna de vivirse.
Para esos fines hay que trasladarse de San José a Palmar Norte por la carretera Interamericana. De ahí tendrá que seguir hasta un punto en el río Sierpe, Estero Azul, y embarcarse para navegar durante una hora por el río. esas alturas del viaje comienza la motivación. El río Sierpe es de increíble belleza, ancho y rodeado de naturaleza. Las comunicaciones son fluviales y así como se ven los carros parqueados en las calles frente a las casas, en el río se ven las chingas (o pangas como les dicen en otras partes) parqueadas frente a los caseríos.
Entre el río Sierpe y el río Térraba hay unas 10 mil hectáreas y de manglares, donde se mezclan agua dulce y agua de mar, lo que constituye una riqueza muy grande para la ecología. Hay ciertas especies de animales que necesitan ese tipo de ambients para su reproducción. De otra manera desaparecerían. Estos manglares proveen igualmente de productos químicos, entre ellos uno para curtir el cuero, y dan carbón. Por esa razón, el Ministerio de Agricultura y Ganadería ha estado controlando la explotación de los manglares para preservar su conservación.
Luego de una hora de travesía por el río se llega a la desembocadura, de un kilómetro de ancho, en la que se sale al mar. Sin embargo, es necesario estudiar a cabalidad los movimientos de las mareas, debido a que solamente se puede pasar con marea alta. Por lo tanto se debe llegar con precisión a la boca del río para alcanzar la marea correctamente.
Se introduce uno en el mar y durante media hora se viaja hasta llegar a la Reserva Biológica de Marenco. El proyecto ha sido concebido para dar atención al turismo naturalista, a científicos tales como biólogos, ecologistas y otros. Está situado en la cima de una colina, en donde se ubican las cabinas, área de restaurante y de servicio.
Tiene una vista sobre el mar magnífica y al fondo se puede apreciar la isla del Caño que es también una reserva biológica. Diferentes actividades se han programado para los visitantes. Una de ellas es la caminata por el bosque tropical lluvioso de dos horas de duración aproximadamente. Un biólogo residente, Woody Moise, acompaña al grupo para dar las explicaciones necesarias sobre el tipo de ambiente existente, la flora y la fauna del lugar.
Es impresionante introducirse en ese bosque en donde se escuchan miles de sonidos extraños, provenientes de árboles o del suelo. Son las muchas especies de aves que rompen el silencio con sus distintos sones o cantos. Woody señaló que las especies que viven generalmente en el bosque tropical lluvioso son timidas y difíciles de ver, salvo que usted mantenga un gran silenу cio.
Los árboles tienen dimensiones increíbles, y se pueden encontrar algunos de hasta 60 o 70 metros de alto. Es todo un mundo escondido en el bosque, que sobrevive con sus propias reglas del juego. Romper con ellas es destruir la interrelación de la naturaleza, puesto que todo tiene su propia conexión. Plantas que viven de los árboles, otros viven del suelo, otros aprovechan la luz, otros desaparecen por falta de ella, animales que viven de las plantas y plantas que viven de los animales. Todo es una armonía perfecta de elementos que se ayudan o destruyen entre sí, pero inclusive la destrucción tiene su razón de ser.
La caminata por este fabuloso y extraño mundo finaliza en el río Claro, donde una exquisita poza de agua le espera. Este río, en lugar de salir directamente al mar, ha formado una especie de piscina y desviado un tanto su cauce por detrás de la playa, hasta salir al mar. La poza tiene bastante profundidad como para unos buenos clavados. bien puede uno bañarse en el mar.
Hay paseos también a Isla del Caño o al Parque Nacional de Corcovado, cuando está permitido entrar. De Marenco al Parque son unos quince minutos en lancha y se entra por San Pedrillo. La caminata por el Parque es larga, tres horas solamente de ida, y luego el regreso.
El proyecto de Marenco viene a llenar un campo en la diversificación del producto turístico, principalmente en lo que se refiere al turismo naturalista y ya tiene comprometida una buena ocupación para 1987 Costa Rica posee lugares de extraordinaria belleza por la riqueza de sus recursos naturales. Es necesario que esos recursos se mantengan y que el costarricense aprenda a explotarlos en forma racional y constructiva para que queden como un legado para las futuras generaciones.
Inicio de la caminata por el bosque tropical lluvioso.
Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.

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