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Sábado 23 de Octubre de 1993 LA REPUBLICA 21A Opinión CHISPORROTEOS Democracia y política social RODRIGO CARAZO ODIO ALBERTO Algunos amigos que de verdad me quieren, me preguntan, de sopetón, a quemarropa, como con un afán de agarrarme descuidado: Pero ¿cómo se te ocurrió, después de un retiro por más forzoso que fuera de veinte años, volver a meterte en política?
La respuesta la tengo a flor de labio. En primer lugar, encontré un lider atractivo, carismático, echado para adelante, empeñado en revivir las glorias del partido que mi generación fundó, y en sacarlo del sopor mediocre y burocratizante a que venía siendo sometido progresivamente. Pero esta razón. me dicen mis amigos es pura propaganda proselitista.
Además, mi reingreso a las peleas políticas me ha permitido trabar contacto y hasta intimar con una generación nueva, inquieta, estudiosa y brillante. El equipo la mayoría de cuyos miembros todavía no son cuarentones que rodea a José María Figueres, tiene un sentido de generación como yo no lo había visto que a nosotros nos llamaron la generación del 48.
Presiento que en los años venideros se asentará la fortaleza de una acción política que, como me atreví a decirlo en agosto de 1984, será conducida por grandes grupos humanos que en función de sus necesidades y aspiraciones, actuarán por su cuenta dejando atrás las viejas fórmulas formales que han correspondido hasta hoy a los partidos políticos en manos de muy pocos; los grupos humanos a que me refiero forjarán su destino inspirados por una verdadera voluntad popular.
Creo firmemente que la democracia avanza con rapidez en esta época del post partidismo hacia una relación directa de las bases humanas y sociales con el sistema de gobierno. El partido político como intermediario tiende a desaparecer, en razón de que ha sido y es utilizado por una cúpula o cogollo formado por muy pocas personas, que hacen del partido un instrumento de su exclusiva propiedad. Si bien todavía en nuestros días el partido político canaliza voluntades, cada vez es menos democrático y más aprovechado de las necesidades populares, las que no representa.
Además, el mundo contemporáneo es víctima y testigo de un sistema económico con hondos efectos sociales que le llega a nuestros pueblos desde el exte rior.
Los partidos políticos resultan incapaces de generar ideas para enfrentar los problemas de nuestros países y, todo lo contrario, se empeñan en importar y adoptar ni siquiera adaptar fórmulas financieras y fiscales que han sido creadas por organismos internacionales que representan solo intereses ajenos a nuestras realidades.
Esta interferencia extraña, recibida con agrado por muchos representantes de partidos políticos, ha modificado la suerte de nuestros pueblos. Hemos sido testigos en los últimos lustros de cómo se ha concentrado la riqueza en pocas manos, al tiempo que se ha extendido la miseria a mayorías cada vez más numerosas.
En Costa Rica, en los últimos diez años, se ha debilitado la seguridad social, se ha debilitado la útil presencia del sindicalismo. Han desaparecido las posibilidades de participación popular, las mayorías han perdido su protagonismo y el poder político lo ejercen cuerpos extraños como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Agencia para el Desarrollo del Gobierno de los Estados Unidos de América. la gente se le bloquea el acceso a información que le abra la posibilidad de pensar objetivamente. El pueblo no está organizado para luchar por sus intereses y se les induce a esperar que todas las soluciones les vengan del exterior.
El inicio de un planteamiento global nuevo exige a América Latina una definición de metas, que le permita incorporarse a un mundo que vive una acelerada transformación. La región latinoamericana ha sido marginada de trágica manera por los acontecimientos mundiales, reforzada por la actitud derrotista que caracteriza la vida en nuestros países.
Las características de la actitud a la que me refiero, giran en torno a lo negativo. Nos hemos entrenado para oponernos dejando de lado iniciativas creativas, que serían fundamentales para superar el sopor latinoamericano. Hemos olvidado que la idea de oponerse resulta a menudo una pésima herramienta para construir. Es urgente rechazar la tesis. impuesta desde afuera de que todo lo nuestro es malo y que, por lo tanto, debemos desecharlo y adoptar en cambio todo lo que se nos indique.
Debemos ser conscientes de los muchos problemas creados internamente y aplicar las fórmulas que los corrijan, al tiempo que nos empeñemos en la reconstrucción de nuestra alma esencial latinoamericana.
Estamos en la obligación de poder determinar como poner fin a la marginación, de buscar nuestra liberación con todo el realismo que seamos capaces de practicar.
Dios creó un solo mundo, somos los hombres los que hemos sido responsables de que hoy haya varios; de que se nos distinga a los seres humanos como personas del Primero o del Tercer Mundo.
Con las palabras de protesta ante los intereses predominantes en el planeta, impuestos por el Primer Mundo, América Latina debe empeñarse en una lucha continua que, por ser más importante que cualquier reacción no creativa, debe orientarse a metas claras que hagan posible la realización de nuestros deseos.
No abogo por un aislamiento latinoamericano, todo lo contrario, me anima el espíritu de la integración global inspirado por la convicción de que el acceso de los marginados a la sociedad moderna es acción civilizada y justa. Creo, eso sí, que tal incorporación solamente será posible si los latinoamericanos dejamos de ser meros observadores de lo que ocurre en el planeta y nos transformamos en protagonistas.
Para que haya paz en América Latina, por ejemplo, es necesario que digamos sí a la democracia, de manera que esta sea cada día más integral, más justa y se viva con mayor participación popular. El sistema democrático debe ser entendido como instrumento que haga posible un grado creciente de felicidad social y no como un fin en sí mismo. La representación del pueblo en el sistema democrático debe ser real y efectiva, de manera que permita una libre búsqueda de la justicia social y económica, de lo contrario, la democracia puede ser percibida como la causa de esperanzas frustradas, con todos los peligros que ello encierra.
Los pueblos buscan que el sistema político les proporcione las posibilidades de satisfacer sus aspiraciones y no debemos olvidar que el ser humano aspira a tener más cada día.
Ideales comunes, propósitos compartidos, sentido de afirmación, ideología clara (quizás ligeramente más conservadora que la que nosotros sustentábamos en los decenios de 40 y el 50. producto de la convicción y no del atiborramiento libresco, todo en fin lo que induce a abrigar esperanzas para el futuro. La esperanza de que Costa Rica pueda salvarse del espíritu yuppie que la viene dominando a través de esos neoliberales que ahora se avergüenzan públicamente de serlo, pero que son aquí y en los Estados Unidos la encarnación clara de la claudicación vergonzosa de los sublevados del 68, plegados ahora a una nostalgia enfermiza que pasa por encima de espíritus y nombres como Galbraith, Kennedy, Roosevelt, Keynes, Lipman, Laski, Lerner, Wechsler, Bevan (cito sólo angloparlantes. en busca del statu quo ante belli de 1928. Ira de Dios!
Tawu Dato curioso: este grupo no se formó dentro de lo que llamamos la Juventud Liberacionista, que allá por 1960 le dio al país hombres como los Soley, Salazar Navarrete, Cordero Croceri, Echeverría Brealey, Alexis Gómez, Edgar Ugalde, y tantos otros, pero que en los últimos años sólo parece producir diputados de efimera notoriedad.
Pero hay algo más, íntimamente personal: volver a hacer contacto directo con la gente de los barrios, de los distritos, de las cabeceras de cantón, con esa clase media honorable, fuerte, columna vertebral de la de mocracia, hoy empobrecida por las políticas locas de los ciegos y digo que involuntarios instrumentos de ese voraz capitalismo transnacional que nos llama patio trasero, cuando somos ese coqueto y precioso jardín delantero que adorna las casas de nuestro pueblo.
Haber reanudado contacto con los viejos dirigentes locales, establecerlo con los nuevos, revivir viejas y trabar nuevas amistades, volver a respirar el ambiente de un pueblo trabajador, políticamente honesto y sincero, es lo mejor que me ha ocurrido. Me siento joven, dispuesto a la lucha y al servicio, como si no hubiesen transcurrido dos décadas; y cuando recuerdo que la última vez que anduve en esto fue por cuenta de Figueres, me regodeo de que ahora también lo estoy haciendo por cuenta de Figueres. De Figueres Olsen, como nos han enseñado sus enemigos a llamarle. Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.

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