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CAMPO POLITICO PAGADO Reverendo Padre ALBERTO CORDERO AMADOR CASA CURAL, PARROQUIA LA INMACULADA, ZAPOTE SAN JOSE Estimado padre ALBERTO: Aproveché la tregua navideña para leer la última Carta Pastoral de Monseñor Román Arrieta, Nueva Evangelización y Promoción Humana. Eso me motivó a escribir estas líneas a usted y a otros sacerdotes católicos.
Hace varios años decidí dirigir un movimiento de renovación del Partido Liberación Nacional, para impulsar en Costa Rica una nueva época de progreso y bienestar social. Después de haber iniciado esa tarea, he tenido que enfrentar una campana extraordinariamente larga, cruel y violenta contra mi familia y mi persona. Esas situaciones me han expuesto a grandes presiones y a serias disyuntivas.
Dichosamente, hoy puedo decir que esas experiencias también han templado mi espíritu, han reafirmado mis valores morales, y me han ayudado a madurar en la vivencia de nuestra fe católica. Hoy día, hay varias cosas que entiendo mejor que antes. Entiendo mejor que lo esencial en cualquier sociedad reside en la calidad espiritual de los individuos que la forman.
Entiendo mejor que ese desarrollo espiritual de las personas es la principal fuerza con que cuenta un país para alcanzar mayores niveles de progreso. Entiendo mejor que la satisfacción de las necesidades materiales básicas de las personas es una condición primordial para que ellas puedan crecer en lo espiritual. También entiendo mejor que es dentro de la familia, de esa iglesia doméstica que nos recuerda la reciente Carta Pastoral de Monseñor Román Arrieta, donde mejor se forja la fe cristiana, y donde mejor se asimilan los valores esenciales del ser humano.
Siempre he tenido una fuerte preocupación por la cuestión social. Porque no haya miseria ni pobreza. Porque las personas puedan progresar y mejorar sus vidas. Pero he de confesarles que no siempre tuve tan claro que el desarrollo social no sólo tiene sentido en sí mismo, sino que es necesario sobre todo, para que las personas podamos vivir más plenamente nuestra condición de hijos de Dios. Tomar más conciencia de ello ha enriquecido mi motivación para continuar en la lucha por una mejor Costa Rica.
Conforme he ido comprendiendo estas cosas, también he ido valorando más el papel que juega nuestra Iglesia Católica en el mundo y en nuestro país. La orientación moral y espiritual del pueblo católico, la opción preferencial por los pobres y por los jóvenes, la promoción de los derechos humanos a la luz del Evangelio y de la Doctrina Social de la Iglesia. estas y otras misiones de la Iglesia hoy tienen un significado concreto para mí. Por eso, estoy consciente de que, al pensar en la política de mi Partido y del próximo gobierno, debemos hacer un esfuerzo especial para incorporar en ella la coordinación de acciones con la Iglesia. Coincido con una afirmación de León XIII que me mencionó un sacerdote amigo, en el sentido de que los esfuerzos por el progreso serán vanos si las cabezas de Estado desatienden a la Iglesia.
Concibo esta coordinación no sólo como algo restringido a nuestras mayores autoridades eclesiásticas, sino como un proceso de amplia base social y dinámico, que nos permita hermanar y unir a sacerdotes, religiosas y religiosos, y fieles laicos, en las laborales de todos por el desarrollo nacional.
Finalmente, deseo comentarle mi determinación para que la posición política que inspirará mi próximo gobierno se mantenga coherente con la Doctrina Social de la Iglesia. En ese sentido, tendré, entre otros, tres cuidados: a) No caeré en la trampa de los que defienden en capitalismo salvaje y deshumanizado, bajo la excusa de que las encíclicas defienden el derecho a la propiedad individual y a la existencia del mercado capitalista. Defenderé siempre la libertad de empresa, pero buscaré refrenar con firmeza los excesos empresariales que perjudican a las mayorías.
b) No caeré en la trampa de quienes atacan las instituciones de bienestar social con el fin de convertirlas en negocios privados, bajo la excusa tendenciosa de que en Costa Rica hay un Estado autoritario y de que las encíclicas se oponen a ese tipo de regímenes. Jamás estaré de acuerdo con el poder estatal que oprime a los individuos, ni con la ineficiencia o la corrupción gubernamentales. Pero jamás aceptaré que se quieran desmantelar las instituciones que protejan a los más pobres, para dejarlos a merced de las fuerzas insensibles del mercado.
c) Tampoco caeré en la trampa de los que dicen estar de acuerdo con el desarrollo social inspirado en la Doctrina Social de la Iglesia, pero que en realidad impulsan un modelo que privilegia el crecimiento económico sobre el auge social, con la falsa afirmación de que, cuando haya más riqueza, automáticamente ocurrirá un supuesto desarrollo social, disfrazando así lo que la Carta señala: que los pobres han sufrido buena parte del costo de las políticas adoptadas. por no idearse formas adecuadas de distribución de la riqueza. Por el contrario, lucharé siempre porque el desarrollo económico y el desarrollo social sean impulsados a la vez. Como dice la Carta Pastoral, la justicia y el amor son los únicos que pueden asegurar la justa distribución de la riqueza. justicia significa, a mí modo de ver, que empecemos a repartir mejor la riqueza que ya tenemos, con el aporte de todos.
Padre ALBERTO, de corazón le pido que rece por mí, porque la responsabilidad que tengo es abrumadora y necesito aceptar toda la ayuda que Dios me brinde. Que EL nos guíe y nos acompañe.
N: José María Figueres Carta Original firmada por el Sr. José María Figueres Olsen FIRMA RESPONSABLE Hector Madrigal Vargas ced. 326 685 Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.

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