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4B. GALERIA LA REPUBLICA. Viernes de mayo de 1994 GALERIA CINE Cu de esc Diversión a ritmo de rock El talento de Anthony Hopkins MARIO GIACOMELLI PARA LA REPUBLICA 4 MARIO GIACOMELLI PARA LA REPUBLICA esumen: Wayne y Garth son dos simpáticos amigos, apasionados de música rock y conductores del imaginario espacio televisivo El mundo de Wayne.
Los personajes debutaron en la pantalla chica, como protagonistas de algunas irresistibles viñetas cómicas en el célebre programa Saturday Night Live. Estas fueron recibidas con gran entusiasmo por el público juvenil y generaron en 1992 El mundo según Wayne. cinta modesta y de bajísimo presupuesto, también destinada a un fabuloso éxito comercial.
La segunda parte recupera inevitablemente la misma fórmula cómica de su predecesora, pero la afina y amplifica, contando incluso con un financiamiento productivo muy superior.
El pretexto narrativo es ofrecido por un sueño en el cual un indio semidesnudo acompaña a Wayne a través de un desierto una escena inspirada en The Doors (1990) de Oliver Stone hasta llevarlo a la presencia del fallecido cantante Jim Morrison. Este lo impulsa a encontrar un objetivo inmediato en su vida: promover un super concierto en el pueblito de Aurora, Illinois. La actividad se llamaría Waynestock. en homenaje al histórico evento musical que durante tres días se realizó en Woodstock, en 1969.
Para la dura tarea de organización y recaudación de y fondos, Wayne y Garth cuentan con el apoyo de un técnico inglés, Del Preston, verdadera reliquia viviente de la era hippie.
Muchos buenos chistes se alternan con otros más gratuitos, en un non sense en los límites de lo demencial.
Los blancos de la sátira son principalmente dos: cine y música. En cuanto al primero, los autores se burlan de El graduado (1967. Thelma y Louise (1991) y Parque Jurásico (1993. entre otros; además hay una parodia, realmente hilarante, del típico filme chino de artes marciales (mal)doblado al inglés.
Los disparates de argumento musical son infinitos: destacan la estocada feroz a los lamentos de Kenny G, la secuencia donde nuestros héroes están siendo perseguidos y terminan en un bar gay. donde improvisan una pieza de Village People; y la otra, cuando se arrodillan frente a los integrantes del grupo Aerosmith, exclamando: No somos dignos. una autoirónica consideración sobre la excesiva idolatría de los divos.
Kim Basinger se distingue, en un sensual rol secundario, como Horny Hornée, despampanante mujer fatal quien seduce a Garth y casi lo convierte en un homicida.
Los límites de la operación son obvios: estupidez a toda costa, visión demasiado sencilla y edulcorada del amу biente representado, donde se olvida definir el rock como una forma espontánea y legítima de salir de la marginación, desahogar inquietudes creativas o simplemente evadir una realidad mediocre.
Aquí la comicidad es siempre fútil y superficial, en más de una oportunidad hasta monótona; por ejemplo, la aparición de Morrison en el desierto es bien divertida pero, cuando se repite por tercera vez, ya no hace gracia.
No obstante los evidentes defectos, El mundo según Wayne entretiene, y permite además escuchar temas de artistas como Jimi Hendrix, Lemonheads, Non Blondes, Joan Jett, Dinosaur Jr. y, por supuesto, Aerosmith.
Una rica banda sonora que hará el deleite de rockeros viejos y nuevos.
uienes pudieran tener aún dudas sobre el extraordinario talento interpretativo de Anthony Hopkins, quedarán convencidos definitivamente, al admirar su refinada hazaña en Tierra de sombras (Shadowlands. Como ya lo hizo con su perfecta caracterización de mayordomo en Lo que queda del día. el actor inglés rescata, gracias a su estatura artística, una obra fría, impersonal y filmada sin vigor ni pasión.
El engreído cineasta británico Sir Richard Attenborough es autor de un cine rigurosamente elitista y pretencioso. En 1982 fue responsable de convertir al legendario Mahatma Gandhi en un enano necio, pedante y aburrido. El año pasado logró achicar el enorme genio creativo de Charlie Chaplin, en una insulsa cinta biográfica.
Ahora se ocupa de la figura del escritor Clive Lewis, pero lo hace en forma tan snob que solo los profundos conocedores de literatura inglesa comprenderán que se trata de un personaje real.
El guión de William Nicholson, adaptado de su propia obra teatral, tiene lugar en 1952. Profesor en la renombrada Universidad de Oxford, Lewis comparte una bonita villa con su hermano Warnie y vive prácticamente aislado del mundo exterior. Sale de su propia dimensión personal solo para ofrecer charlas, o para reunirse semanalmente con algunos colegas en un pub londinense.
Su existencia cambia radicalmente con la visita de una mujer norteamericana, Joy Gresham, poetisa vivaz y extrovertida, quien constituye el complemento ideal para la naturaleza reservada de Lewis. Entre los dos surge, de manera púdica y gradual, un amor recíproco, tierno y sincero, pero destinado a tener vida breve. Efectivamente, una caída accidental causa una brusca revelación: Joy sufre de un cáncer maligno en estado avanzado.
Traicionando en parte sus nobles propósitos, la película degenera en la segunda mitad, convirtiéndose en un melodrama hospitalario lacrimógeno y consabido, donde se recurre a ganchos emocionales bajos y efectistas para provocar conmoción en el corazón del espectador.
La cámara de Attenborough es tan hábil en captar la oscilación de una lágrima a punto de caer sobre una mejilla, como incapaz de buscar elementos significativos, detalles que ofrezcan un retrato más complejo de los protagonistas y su personalidad.
Abundan en la película preguntas filosóficas de carácter universal y observaciones religiosas claras e inteligentes; lamentablemente el relato se torna demasiado largo y disperso, y la intensidad de ciertos diálogos queda diluida en inútiles pausas y redundancias.
Aún así, el hecho de poder ver en acción a Hopkins, junto con una Debra Winger igualmente memorable, convierte Tierra de sombras en una oportunidad que al menos los cinéfilos querrán aprovechar.
Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.

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