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我 1 Por tanto, cada uno de ellos refleja la imaginación del pintor y los deseos del que lo considera real.
El primer redescubrimiento de Colón es obra del entusiasta romántico Washington Irving. En 1825, durante una estancia de cuatro años en España, estudió manuscritos y libros antiguos buscando lo americano y publicó un impresionante compendio en cuatro tomos: Voyages and Discoveries of the Companions of Columbus (1831. El retrato de Colón realizado por Irving es tan romántico como él mismo y su época: genial e imaginativo; y el que incluye en su biografía es tan español como lo exigía la época.
Por tanto, la historia de su origen es más interesante que el propio retrato. Este, concretamente, fue encargado por la reina regente Margarita de Parma realizado por el pintor holandés Antonis Moor (1512 a 1576 1578. un imitador de Tiziano, según una miniatura de posesión real.
Irving opina que no solo se ha reproducido realmente la fisonomía de Colón sino también el carácter de éste; él no tuvo dudas sobre la autenticidad del retrato.
El observador contemporáneo contempla un rostro joven, sin rasgos típicos y un tanto rollizo; la expresión altiva distante al mismo tiempo; la ensortijada mano izquierda se apoya en la cadera, la mano derecha sostiene un guante: gestos y objetos que tradicionalmente reflejan la alta posición social, la dejadez de los aristocratas, la sprezzatura.
El auténtico auge de la investigación colombina coincide, como frecuentemente ocurre con las grandes personalidades históricas, con una celebración oficial: la conmemoración centenaria de 1892.
En esta ocasión, por primera vez, se buscan retratos sistemáticamente y se crean colecciones. La más significativa es la Raccolta di Documenti, aparecida en 1892 por encargo del Gobierno italiano. Un poco más tarde, en 1903, apareció en Nueva York Columbus His Life, de John Boyd Thacher. Todas las colecciones posteriores se basan en estas dos.
La mayoría de los retratos allí reunidos, al igual que el de Irving, son más interesantes por su historia y las anécdotas que conllevan: por ejemplo, como el perito francés Berthelot declaró apócrifo el retrato en posesión del Archivo de Indias y propuso otro, del que más tarde se supo que había sido realizado de acuerdo con sus ideas e instrucciones (actualmente en la Biblioteca Colombiana de Sevilla. Lo realmente fascinante lo que hace que merezca la pena ocuparse de ejemplos tan extraños y fantásticos como el de André Thevet es el factor de la interiorización subjetiva, mente largos, capturan la atención y la llevan hacia el rostro, subrayando la dirección de la mirada hacia arriba.
La mano es un símbolo característico de actividad, pero también de elegancia (el Greco lo convierte en icono en El caballero de la mano en el pecho. Su variante más inquietante se encuentra en el Colón de Lorenzo Lotto. Aquí tampoco se persigue realmente el parecido, la representación fiel, sino la persona y, aún más, lo que esta representa.
La época de Lotto se caracteriza por la inquietud, la crisis, el miedo al futuro, la búsqueda de una nueva belleza, de nuevos modos de representar la realidad. El cuadro es más que un retrato, es metáfora e historia.
Los contemporáneos y los cronistas de Colón como Las Casas, Andrés Bernáldez, Gonzalo Fernández de Oviedo, quien, como Las Casas, escribió una Historia General y Natural de las Indias y vio a Colón en Barcelona siendo niño lo consideraron un personaje increíble e iniciador de empresas extraordinarias. Estaban convencidos de que su recuerdo sería imperecedero. pesar de esto, fue calumniado y olvidado, incluso le robaron sus gestas, la fama se la repartieron un timonel anónimo el capitán de La Pinta, Martín Alonso Pinzón.
Tal dinámica no es casual y no puede explicarse recurriendo simplemente a un carácter duro, cerrado y arrogante, por lo que nadie quiso elegirlo como héroe.
Colón fue un hombre anacrónico.
Su religiosidad, que lo inducía a plantearse la liberación de Jerusalén, lo convierte en un hombre medieval.
Esta religiosidad es, paradójicamente, la que lo lleva a descubrir América e iniciar la era moderna.
Pero la religiosidad no se manifestó únicamente en esas ideas extrañas de las que incluso sus contemporáneos no querían saber nada. Estas también se manifiestan en una autodefinición simbólica que se ha conservado, en su firma, en la latinización del nombre y su simultánea mistificación.
Los restos de Colón, enterrado en Valladolid en 1506, fueron llevados más tarde a Las Cuevas (Sevilla) y en 1537 a Santo Domingo. De allí, fueron trasladadas a La Habana en 1795.
Tras la pérdida de Cuba en 1899, se volvieron a traer a Sevilla. Allí descansa en la Catedral, dicen unos. Para otros, Colón todavía se encuentra en la Catedral de Santo Domingo. Cómo nos imaginamos el retrato Colón? En 1763, el Gobierno de Madrid se lo compró a un señor Yánez de Granada junto con los de otras tres personalidades; concretamente, Cortés, Quevedo y Lope de Vega, el Príncipe de los Ingenios.
En 1940, Salvador de Madariaga todavía eligió un grabado basado en este retrato para su biografía de Colón. Los rasgos del retratado, ahora subrayados de manera característica y caracterizadora, parecieron confirmar su tesis sobre la procedencia sefardita del Almirante.
Theodor de Bry, el famoso ilustrador de una historia de América en cinco tomos, también retrató a CoR A de la plasmación de ideas individuales en relación con la persona de Colón, según reflejan estos cuadros (un fenómeno que también se da en la literatura)
Thevet participó en 1555 en una expedición suramericana organizada por el marqués de Villegagnon, quien quería fundar una colonia francesa en la bahía de Río.
Veinte años más tarde, en 1575, Thevet publicó una Cosmographie, llena de aspectos marcadamente inverosímiles; en 1584 publicó un segundo libro titulado Les Vrais Portraits et Vies des Hommes Illustres, en el que también se encuentra la rudimentaria imagen de un hombre barbudo, bajo un manto de pieles y provisto de un astrolabio, mitad salvaje, mitad astrólogo.
El llamado retrato vienés de Colón no merece mucha más credibilidad. Al parecer fue realizado en 1579 por encargo de Fernando de Habsburgo, según un original de la famosísima colección de Paolo Giovio.
En 1610 fue a parar al hijo de Fera nando en Innsbruck y en 1805 volvió a Viena. Muestra, de cuerpo entero, a un hombre de pelo negro y perilla, vestido elegantemente; en la mano derecha, los estandartes de Castilla y León; a los pies, un globo terráqueo y un cartel en el que se ve una carabela.
En 1892, en Madrid, se declaró retrato oficial de Colón un cuadro conocido desde 1875 y encontrado al restaurar otro retrato en posesión de la Biblioteca Nacional.
lón.
Es el busto de un hombre joven de pesados rasgos, a quien la mirada ausente y la barbilla poco pronunciada y con un hoyito dan un aspecto vacuo y simple.
El Colón de Bry es una figura rígida, opaca, indecisa, afeminada: a pesar de esto, ningún otro retrato se ha reproducido tanto como éste. La versión más bella posiblemente el original y el modelo para el grabado de Bry es de Sebastiano del Piombo (hoy en el Museo Metropolitano de Nueva York. Este es claramente un retrato representativo: el retratado, muy erguido, seguro de sí mismo y altivo, deja caer la mirada sobre el observador.
Así crece la propia significación, al igual que con los gestos expresivos: la mano izquierda sobre el pecho, de dedos delicados y excesivaSabine Groenewold Humbold δίρησή LA REPUBLICA. Domingo de octubre de 1994 SECCION CULTURAL Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.

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