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FABULAS EL LOBO LA CIGÜEÑA un lobo se le atravesó un hueso en la garganta mientras comia; viéndose en semejante apuro, rogó con mil promesas a una cigüeña que se lo extrajera, ya que tenia un largo pico. Así lo hizo la cigüeña y después reclamó al lobo las dádivas ofrecidas; pero éste, despreciativo y colérico a la vez, le contesto. Cuán necia eres! Después que he tenido tu cabeza entre mis dientes, de modo que te hubiera podido matar si hubiese querido. aún me pides mayor premio?
Inutil es hacer bien a los malvados, porque nunca se acuerdan de los beneficios recibidos.
EL CAZADOR DE AVES 23 Entonces la rana hizo un violento esfuerzo; no logró hincharse más sino que reventó.
Conténtese cada uno con su estado porque si trata de igualarse al que sabe más o es más poderoso, no logrará otra cosa que hacerse más desgraciado.
LA ZORRA EL LEON Una zorra vio por primera vez a un león, y su fiero aspecto y terrible rugido la aterraron de tal suerte, que cayó en tierra y le faltó poco para morir de miedo.
Sucedió que en otra ocasión, al encontrarse por segunda vez con el rey de los animales, su espanto no fue tan grande y hasta se atrevió a mirarlo tímidamente de soslayo.
Cuando por tercera vez se encontraron ambos, ya la zorra había perdido el miedo, y acercándose tranquilamente al león, trabó conversación con él, como con un antiguo camarada.
La familiaridad engendra menosprecio.
Low Baja le contestó la zorra porque es tan buena que no me canso de beberla.
Bajó el chivo y allí se quedó, porque saltándole al momento la raposa encima, y sirviéndose de su cuerpo como de escalera, se escapó inmediatamente del pozo.
Algunos, por no perecer, pierden a otros.
En ciertos casos conviene no obrar con demasiada ligereza, no sea que no se prevean los peligros.
LA ALONDRA SUS POLLUELOS Una alondra tenía el nido en un trigal. Una mañana, antes de salir en busca de comida para sus hijuelos, les recomendó que estuviesen alerta a todo lo que el labrador, dueño de aquellos campos, dijese y se lo contasen a su vuelta.
Cuando la madre regresó al nido, le refirieron sus pequeñuelos que el labrador había pasado por allí con su hijo, y que ambos habían determinado llamar a los vecinos para que les ayudaran en la siega del trigo. Entonces se dijo la alondra madre todavía no hay ningún peligro.
Al día siguiente le contaron las alondrillas que había vuelto a pasar por allí el labrador, y había dicho a su hijo que fuese a llamar a sus primos para que le ayudasen a segar la mies.
Al oír esto, nuevamente pensó la alondra madre que el peligro no era aún inminente.
Al tercer día, dijeron los pajarillos a su madre que habían oído asegurar al labrador que él mismo iba a segar el campo. Ah. sí? les contestó la prudente alondra entonces ha llegado la hora de que nos vayamos de aquí. Ya sabia yo que ni los vecinos ni los primos del labrador le ayudarían en la tarea; pero si es él mismo quien va a segar el trigal, no nos queda otro remedio que mudarnos en seguida a otro campo.
Si necesitamos hacer algo, hagámoslo nosotros mismos.
cabrito si me concedias la gracia de que descubriese al que había robado el becerro; pero ahora prometo sacrificarte un toro si escapo de las garras del león.
Los desgraciados lo son a veces todavía más con el mismo bien que desean.
EL GRAJO LOS PAVOS REALES Acercándose con sigilo un cazador a una paloma, para apresarla en la red que tenía tendida, pisó inadvertidamente a una vibora, que lo mrodió y le causó la muerte con su veneno. Infeliz de mi exclamó el hombre al morir. que queriendo cazar a uno, recibo la muerte de otro!
Muchos perecen en los mismos lazos que han tendido para perder a otros.
EL TIGRE EL CAZADOR Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.
Recogió un grajo vanidoso las plumas que se le habían caido a un pavo real, y, engalanándose con ellas, se quiso mezclar con los pavos reales, desdeñando alternar con los demás grajos. Conociendo, desde luego, los pavos que no era de su especie, le arrancaron las plumas hurtadas y lo ahuyentaron a picotazos. El grajo, viéndose tan maltratado, no tuvo otro remedio que volverse con los suyos; pero éstos ya no lo quisieron, y llenándolo de improperios, le dijeron. Si te hubieras contentado con vivir entre nosotros, conformándote con tu suerte, no habrías recibido aquella afrenta, ni ahora tendrías este disgusto.
Los que no se contentan con su estado, buscan a veces otro, al parecer más hermoso, pero que sólo les proporciona pesadumbre y vergüenza.
LA RANA EL BUEY EL CABALLO EL ASNO Siendo las fieras perseguidas por un cazador muy hábil, huían todas atemorizadas. El tigre, sin embargo, quiso darles ánimos, y les dijo que procurasen defenderse tal como él iba a hacerlo. De poco le sirvió su valentía, pues el cazador lo hirió de muerte. Viendo la zorra que el tigre huía derramando sangre, le preguntó cómo estaba tan mal parado. No sé quién me ha herido contestó el tigre pero conozco que mi herida ha sido hecha por uno que puede más que yo.
Los fuertes muchas veces se baten con temeridad, pero a menudo pueden aún más que ellos el arte y elingenio.
EL VAQUERO EL LEON 30 LA REPUBLICA. Miércoles de marzo de 1987 LAS GALLINAS GORDAS LAS FLACAS Vivian en cierto tiempo en un corral varias gallinas. Unas estaban gordas y bien cebadas; otras, por el contrario, desmedradas y flacas; se burlaban las primeras de las últimas, llamándolas esqueletos, famélicas y otros insultos, Mas he aquí que un día, debiendo preparar el cocinero de la casa algunos platos para la cena, bajó al patio a elegir las mejores aves. La elección no fue dudosa. Entonces, viendo las gallinas gordas su fatal destino, envidiaron a sus flacas compañeras.
No despreciemos a los débiles y pequeños; quizá prestan más útiles servicios que los fuertes y grandes LA ZORRA EL CHIVO Cayó la zorra en un pozo y no podía salir por más esfuerzos que hacía. Se acercó un chivo sediento y le preguntó si estaba buena y fresca el aqua.
Un caballo y un asno caminaban juntos por una carretera seguidos de su amo. El caballo no llevaba carga alguna; sin embargo, era tan pesada la del asno que a duras penas le permitía moverse, por lo cual pidió a su compañero le ayudase a llevar una parte de ella.
El caballo, que era egoista y de mal temple, se negó a prestar ayuda a su camarada que, jadeante y sin aliento, cayó muerto en la carretera. Intentó el amo aliviar al asno, pero era ya demasiado tarde; y así, quitándole la carga, la colocó sobre las costillas del caballo, juntamente con la piel del asno muerto. De esta suerte el caballo, que por su egoísmo no había querido hacer un pequeño favor, se vio obligado a llevar toda la carga él solo.
Nunca ganaremos nada si somos egoístas y descorteses, Le pareció a una rana que lograria ser tan grande como un buey, que pacía por alli cerca, si lograba hinchar su pellejo. Para lograrlo principio a hacer tales esfuerzos que, creyéndose ya tan grande como el buey, preguntó a sus hijos si había crecido bastante. Le contestaron negativamente y ella continuó hinchándose, y volvió a preguntarles qué tal estaba. Inútil es que te esfuerces, madre. le respondieron los hijos, pues nunca alcanzarás mayor corpulencia Un vaquero, habiendo ofrecido al dios Júpiter el sacrificio de un cabrito, si hallaba el sitio en donde algún ladrón había escondido el becerro que le faltaba, vio, por entre los árboles del bosque inmediato, a un león que lo estaba devorando y, lleno de terror, exclamó temI bloroso. Oh altísimo Júpiter! Te habia ofrecido un

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