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Revista Dominical. LA REPUBLICA. Domingo 19 de abril de 1987 E la mitología griega la que suministra la referencia más antigua acerca de los vuelos del hombre. Fue Icaro, seguramente, la primera víctima del afán de la humanidad por imitar a los pájaros; esa ambición, sin duda alguna superada, perdura aún en la infinita capacidad de los hombres por investigar lo desconocido. Ya no es suficiente volar; ahora, el deseo de conocer el espacio lleva más allá de las estrellas.
La necesidad de vencer esa aparentemente arbitraria ley de gravedad que ataba a los hombres a la Tierra, los impulsó a lanzarse a las aventuras más inverosímiles y a las investigaciones más eru No te acerques al Sol. re ditas. través de la historia, el ansia de elevarse, de estar suspendido en el aire, comendó Dédalo a su hijo, de circular por el espacio, se mantuvo firmientras volaban por el espa se lograban resultados positivos.
memente y se incremento a medida que cio moviendo las alas fabrica Para acercarse a los dioses, para das con plumas de pájaros y enemigos, o simplemente para competir a sentirse más libres, para dominar a los adheridas al cuerpo con cera. los pájaros, la inteligencia humana se No te acerques al Sol. centró en un objetivo: alcanzar los cielos.
Para ello utilizó la ciencia, pero también a Pero el joven Icaro, impetuo la fantasía; los primeros objetos que surso y audaz, se lanzó hacia la caron los aires no fueron producto de la técnica, sino de la imaginación: alfombras estrella fulgurante sin adver voladoras, carrozas de plata arrastradas tir que el calor derretía esa por corceles alados, escobas mágicas cera y que aquellas alas que le montadas por brujas conocedoras de oscuros secretos o trapecios elevados habían servido para surcar los por ga. sos, tal como propuso el obispo de Here ford, Francis Godwin, en 1638.
cielos se desprendían de su Ur. de las referencias más lejanas cuerpo. Cayó entonces al mar sobre este tipo de vuelos que registra la historia de la humanidad data de 000 que lo aguardaba con sus fau años. En los anales de los libros de Bamces abiertas.
bú se cuenta que el emperador chino Shun escapó de su cautiverio disfrazánLa conquista del aire Por: Eduardo Molina dose pájaro y lanzándose al espacio.
Durant el siglo IV antes de Cristo hubo algunos intentos de llevar a la práctica la fantasía de elevarse por los aires, y se afirma que Arquitas de Taranto, amigo de Platón construyó una paloma mecánica que pudo imitar a las aves verdaderas.
Er toda la historia escrita de los hombres aparece la ficción de las alas humanas con un tema que revela la ansiedad de volar. En la extraordinaria novela Historia Verdadera, escrita por el griego Luciano de Samosata en el siglo Il después de Cristo, figuran naves con grandes alas transportadas por el viento y en cuyo interior vi: jaban cincuenta hombres que, sin querer. van a parar a la Luna. El autor se enca ya de finalizar su libro con una advert cia que, inocentemente, juzgaba necesaria: no deben creer una sola palabra de odo lo aquí escrito.
Si duda se equivocaba. Porque desde Ari tóteles, que realizó estudios para la con: ucción de una máquina voladora, hasta Julio Verne, que dejó escapar su imaginacio ilimitada, nunca habrían de faltar cuienes (como el propio Luciano de Samos ata) fueran audaces precursores de un proyecto que más tarde se concretaría con velocidad asombrosa.
Pero la literatura no sólo necesita de la inteligencia y creatividad de sus autoy res; también requiere hombres que sean capaces de realizar en la práctica las propuestas que ella lanza. Numerosos individ os, solitarios algunos, integrados en equipo los otros, se dispusieron a ejercer los derechos del hombre en el aire.
Uno de ellos, el inglés Oliver de Malmesbury, restruyó en el año 1050 un par de alas di grandes dimensiones, las amarró a sus brazos y, agitándolas, se arrojó desde a torre más alta de un convento.
Logró alcanzar el reino de los cielos, pero no pre isamente por el método que él deseaba. Ese mismo año, durante el reinado de Coisne, un sarraceno de nombre Hezarfen bilmet Chel Ebi, intentó probar, iarie el mismo sistema, una amplia chaqueta concebida con ramas de sauce; según el inventor, el aparato reduciría la velocidad de la caída. Desde una torre de Constantinopla, ante una multitud incrédula, se arrojó al vacío pero obtuvo resultados iguales a los de su antecesor Malmesbury.
Mucho más prevenido, un joven italiano de 20 años llamado Danti, ensayo decenas de veces, en el año 1503, con un par de alas por él construidas. La precaución consistía en que Danti se lanzaba al espacio desde un alto peñasco del lago Trasimeno. Sin embargo, confiado en la práctica cotidiana, se presto a mostrar su método ante el público de Perusa: también él se arrojaría desde una torre. La experiencia culminó con la fractura de ambas piernas y la desilusión de los espectadores.
Pero Danti conoció, gracias a este acto a un sabio que por mucho tiempo se había dedica a estudiar profundamente a los pájaros y la posibilidad de que los hombres pudieran imitarlos. Se llamaba Leonardo da Vinci, quien a lo largo de cuatro años estuvo desarrollando un invento sencillo y ligero para poder elevarse del suelo. Consistía en un aparato que como fuerza propulsora utilizaba los brazos y las piernas. No se sabe con exactitud si fue probado alguna vez, pero sí que Da Vinci abandonó el proyecto convencido de que el hombre nunca podría levantar vuelo con su propia energía. lo sumo, un par de alas le servirían para mantenerse en el aire y planear suavemente, durante un lapso muy breve.
Da Vinci, dueño de una capacidad creadora sin límites, chocó con un obstáculo que le impidió concretar alguno de sus inventos voladores: el excesivo adelanto intelectual frente a la incipiente tecnología de su época. El diseño más revolucinario consistió en lo que siglos más tarde se llamaría helicóptero. Se trataba de un gran tornillo que, al girar vertiginosamente, debía enroscarse en el aire, pero en ese momento no existían ningún material adecuado ni planta propulsora para ese ambicioso proyecto. Por otra parte, ningún ser humano podía llegar a generar una fuerza tal que permitiese una velocidad de giro de tanta envergadura.
Para competir con el genio de Leonardo, un hombre provisto de alas de plumas de pollo, también italiano Giovanni Damiani, se arrojó en Escocia de una muralla de mediana altura y cayó verticalmente al suelo. La fractura de una pierna fue, afortunadamente, la única consecuencia de su ambición de cóndor.
Volar, alcanzar los pájaros, continuo siendo el objetivo de muchos hombres.
Necesitaban despegarse de la Tierra y alcanzar el espacio, nadar en él y sentirse más libres y audaces. Hoy día el hombre ha alcanzado metas que difícilmente pudo haber soñado y ha sobrepasado a los pájaros en velocidad, altura, independencia y capacidad de vuelo. Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.
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