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14 REVISTA DOMINICAL. La República. Domingo 16 de agosto de De entre la multitud de personas que obligada o casualmente han contribuido en parte a la formación de mi personalidad, dando de paso color a la vida y sabor a los recuerdos, y de la profusión de sucesos que yo, de vida no muy quieta y en el ejercicio de muy diversas actividades coseché, saco al azar, como quien lo hace de un imaginario tarjetero, un nombre. Me sale no el del perro que intitula esta relación sino el de su dueño: Bonifacio Medrano, y de entre los sucesos con él relacionados, el caso del infortunado animal.
ONIFACIO era un negro oriundo de las costas caribeñas de Colombia, un tanto gordo, bajo, chato y de pausado y balanceado andar a causa de juanetes.
Fijó su residencia en un lugar de La Por Segismundo El perro negro Estrella, a la vera de la vía férrea. En torno suyo poco a poco se fue formando un caserío que con el tiempo tomó su nombre.
Pese a distinguidos personajes negros que ya para entonces había en Limón, hacia los años treinta que fue cuando conocí a Bonifacio se puede asegurar que apenas se iniciaba el proceso de integración de nuestra región Atlántica al concepto de la patria costarricense.
Hacia el interior del país muy pocos negros habían logrado pasar de Milla Cuarenta y Ocho, y en los cielos de nuestra mentalidad aún no había angelitos negros, color que en el más allá era reservado en exclusiva para el Diablo. Actitud harto injusta porque en tanto que en su mayoría los peones ticos y nicas semana tras semana dejaban sus jornales en los comisariatos a cambio de Bay Rum la frutera no vendía guaro dormían sus borracheras en los sucios y destartalados cuartos de los barracones, dejando para más adelante el pensar en Dios, el negro vivía en su casita de reluciente piso teñido con mangle;y la camisa y los pantalones manchados con la savia del banano o el aceite del taller, eran sustituidos los domingos por elegante terno negro, brillantes zapatos, bombín y hasta bastón, para encaminarse a llenar con su familia las iglesitas Wesleyanas.
Yo espero que algún día este interesante proceso de integración que aún no ha terminado, sea escrito para conocimiento de las futuras generaciones por individuos de sabroso hablar y ordenado discurrir como Abel Pacheco y Fabián Dobles, limpia, objetiva y sanamente, sin las rémoras de distorsionantes extremismos.
Ya los citados lo han iniciado como a mí me gusta y creo que debe ser: no alimentaba y emborrachaba Bonifacio.
recurriendo al frío analizar de la filosofia, Por lo expuesto, claramente, se la sociología o la antropología, sino deduce que el insigne patriota había mediante un anecdótico relatar de vidas, logrado amasar un buen capital. Pero por épocas y acaeceres. Yo tengo unos lo que luego sucedió barrunto yo en estas cuantos apuntes que gustoso pondría a la anuales orgías dignas de Nerón, disposición de ellos o de otros.
Bonifacio dilapidaba cada año lo que ¿Por qué no participo yo. Quizás me había acumulado en tres. Como no era resuelva. Es que me parece que los Nerón ni siquiera Duvalier, no podía buenos escritores tienen eso de malo: cargar al Estado tan ingentes gastos, por que al leerlos quienes no lo somos, nos lo que transcurridos unos cuantos sentimos como inhibidos, cohibidos para veintes de julio, Bonifacio vino a quedar meter nuestro sencillo bolígrafo ya no tan pobre y solo como un panal sin miel.
se puede hablar de pluma. donde ellos Entre sus pocos fieles se contaba un campean con derecho y señorío.
perro viejo, de color y corazón iguales al color de Bonifacio y a su gran corazón.
Como un producto de nostalgia En él desbordó el otrora poderoso negro multiplicada por patriotismo, cada 20 de su cariño. Al igual que Bonifacio evocaba julio la euforia colombiana en Bonifacio con tristeza las alegrías de un ayer subía al máximo, y como por ser tan irreversible, quizás el ahora reumático grande rebasaba la capacidad de su negro perro encontró en su amo un regalo corazón, se desbordaba en festejos sobre el cual descargar fatigado sus conmemorativos de la independencia de sentimientos.
su país, con vísperas y todo, y con Un anochecer de sábado, Belo Quirós asistencia del gobernador, de los propuso en rueda de amigo, ir en su motocomandantes de plaza y policía, los car a pasar la noche en la de Otto Starke regidores municipales, los jueces y en Pandora. Era muy agradable visitar al demás grandes de la provincia, así como boche Starke, formidable anfitrión que de los altos personeros de la United Fruit pese a haber estado sirviendo a su patria Company y de sus connacionales, entre durante los cuatro años de la Primera los que destacaban el prestigioso don Guerra Mundial, especialmente en el sitio Avelino de la Peña, el tinterillo que de Verdun, siempre en primera línea, disimulaba su falta de universidad usando jamás lo oímos blasonar de heroicidades, un membrete que decía: Carlos Orozco de las que seguramente fue protagonista.
Amador, experto en Leyes, y el simpático partimos previa autorización de John bohemio José Perundio Lambis Dolan, despachador de trenes.
Hernández. entre los altos y los Sucedió que a aquella hora al perro de grandes concurrían en mayor número los mi relación se le ocurrió dormir pequeños y los bajos, ticos, nicas y confiadamente echado entre las paralelas jamaiquinos, sin que faltara uniformada de la vía, bajo la mirada afectuosa de su de gala la banda militar del puerto y una dueño que arrellanado en una butaca en representación del movimiento el alzado corredor de su casa disfrutaba reivindicador de Marcus Garvey. todos del fresco de la noche;y que al atravesar sin discriminaciones y por su exclusiva nosotros la población, pese a que cuenta, abundante y rumbosamente logramos a la distancia divisar al perro y Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y ventud, Costa alertar a Belo, éste no pudo aminorar lo suficiente la velocidad. Con el trepidar de los rieles el perro desperto, pero tampoco pudo retirarse a tiempo, por lo que se le terminó su tiempo y acabó la vida arrollado bajo las pesadas ruedas del carro motor. Vimos a Bonifacio saltar de su asiento impulsado por extraña fuerza.
Nuestro conductor, lejos de pensar en detenerse, aceleró la marcha. tempranas horas del domingo, no bien Dolan desde Limón lo autorizó, iniciamos el regreso. Al acercanos a la población de Bonifacio, vimos desde lejos al que le dio su nombre plantado en el centro de la vía, empuñando la mortifera escopeta de dos cañones, tomando puntería. De esta vez sí pudo Belo detenerse muy antes de donde estaba el medio enloquecido dueño del can.
Temerosos sugerimos a Belo que pusiera marcha atrás. Pero Belo, con un valor sin duda heredado de su antecesor el general don Juan Bautista Quirós, bajó del vehículo y muy calmosa y serenamente, se fue acercando al enfurecido negro, a quien oímos gritar. Ni un paso más, Belo, que ya te tengo a buena distancia para mandarte a los infiernos. alzando algo más la escopeta inclinó algo más la cabeza, para poner sus ojos en linea con la mira y el objeto. Pero Belo continuó acercándose pausado. Te dije que ni un paso más. repitió Bonifacio, empezando a curvar el índice derecho sobre el gatillo.
Entonces Belo, simulando un miedo que no sentía y dando a su voz un temblor de tener en trémolo, con cara de circunstancias, alzó implorante su ojo al cielo y dijo. Por Dios bendito, Bonil. Hazte cargo: la noche. oscura, el perro.
negro, y yo tuerto!
Entristecido y comiserante bajó Boni el arma y respondió. Dile a los muchachos que bajen: vamos a tomar algo.
Al acercanos a la casa vimos en el jardin abandonado un pedacito limpio con tierra recién removida y como abombada.
No resistimos el impulso de descubrirnos bajo la mirada lacrimosa de Bonifacio.
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