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12 Variedades. LA REPUBLICA. Viernes 16 de octubre de 1987. No habrá divoricio entre OS periodistas de agencias de noticias que deben transmitir al extranjero los últimos chismes sobre la familia real británica. la demanda es inagotable. protesto hace poco el corresponsal de AFP en Londres) han aprendido que existen tres fuentes divergentes sobre todo lo relacionado con los principes de Gales.
Una de ellas, la más locuaz y que provoca los mayores titulares en el exterior, es la que pinta al príncipe Charles como un hombre excéntrico, adusto, que se está alejando más y más de su joven esposa, concentrándose en hablar con plantas, consultar oráculos e hipnotizadores y batirse con arquitectos que destruyen su sueño nostálgico de la apariencia que debe tener la capital de su futuro reino.
Los representantes más agresivos de esta fuente son quienes denunciaron los amores del principe con una joven y bella representante de la familia Frescobaldi, una de las casas más nobles de Europa. Entre estos chismosos es posible encontrar, de tanto en tanto, a algunos allegados a la familia Spencer. a la que pertenece la princesa de Gales.
La segunda fuente ofrece un panorama diametralmente opuesto. Describe a Diana Spencer como una mujer que todavía no ha madurado, paralizada en una actitud adolescente. Su única inquietud sería la música rock, chismear con sus amigas, coquetear descaradamente con jóvenes vacios como un balón (según habría dicho el duque de Edimburgo) y protagonizar escenas de gusto lamentable, que humillan a su marido en público.
trasladando el equilibrio desde el amor al cónyuge hacia el amor a los hijos: también existen razones de Estado, imposibles de soslayar. declaró recientemente Harold Brooks Baker, un experto en cuestiones de heráldica y casas reales europeas.
El experto se estaba refiriendo a un factor frecuentemente ignorado: cuando príncipe Charles se convierta en Rey, será consagrado Defensor de la Fe y se convertirá en la cabeza formal de la Iglesia Anglicana. cuyo arzobispo bendijo la unit matrimonial de los principes de Gales. Es inconcebible que el Defensor de la Fe repudie a fines del siglo XX a sus esposa fin de cuentas, las aventuras del célebre re Enrique VIII están muy lejanas y se registraron además en un momento en que los intereses políticos objetivos del reinos contraponían a los del papado. Imaginar un divorcio de los principes Gales es tan disparatado como imaginar a Papa renunciando a su trono para contrax matrimonio. afirmó rotundamente Brooks Baker.
El poder de los reyes, como es sabido se limita a su capacidad para estimular la imaginación de sus súbditos, sin reflejarse en la realidad política. Esto lo aprendió, tardíamente, el tio de la actual soberana, cuando creyó que podía casarse con una mujer dos veces divorciada: los políticos de la época le hicieron comprender rápidamen su error y el rey decidió abdicary contentarse con un exilio dorado, con el nombre estéril de Duque de Windsor. Gran Bretaña no es el principado de Mónaco: el pueblo no perdonaría un divorcio. Esta es la conclusión de virtuamente todos los observadores. indisolublemente ligadas.
Los voceros de esta fuente admiten que existen problemas en el matrimonio más publicitado de los años 80, pero les atribuyen un carácter natural tras varios años de convivencia, e insisten en que los cónyuges se adoran y ni siquiera soñarían con un futuro que no los incluya como pareja amante y solidaria.
Como es natural, los periodistas vacilan ante estos cuadros contradictorios y muchos de ellos resisten la tentación de tañer las diferentes campanas que les ofrecen casi a diario.
Fuentes menos comprometidas con los tres grandes protagonistas de esta situación familiar (o sea el principe, Diana y la reina) suelen admitir que la pareja está atravesando un momento difícil. pero que es una locura suponer que el matrimonio pueda disolverse. No se trata sólo de una cuestión de integridad personal, que los impulsaría a cambiar el énfasis de su vida en común, CHARLES DIANA La tercera fuente trata de imponer un equilibrio en este panorama evidentemente inquietante para la familia real en general y especialmente para la reina, que vela día y noche por la integridad y armonia de una institución (la monarquía) y una familia (la Casa de Windsor) que están estrecha e La ropa fina cuesta.
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