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Revista Dominical. LA REPUBLICA. Domingo 15 de noviembre de 1987 ase ADG ED SC ADG SSPI ADG CO ina ole jas SOS ely DIRECTEUR GENERAL SEDDOH PRESIDENT is mil drá COS a nel de ENSEÑAR LA PAZ do a Por: Arturo Uslar Pietri 984 ún STA es una institución sui géneris en más de un sentido. En primer lugar no es una universidad en el sentido tradicional de la palabra, es, más bien, un centro para plantear una educación para la paz a nivel mundial. En segundo lugar, es la creación más quijotesca de las Naciones Unidas, en el aspecto de que nunca ha habido mayor desproporción entre los fines y los medios. En un acto de reveladora insinceridad diplomática se aprobó su creación por unanimidad de todos los estados presentes, pero no se les acordó ni un céntimo del presupuesto de la gran organización mundial. Se la colmaba de honores y se la condenaba, al mismo tiempo, a la más honorable mendicidad.
Aparte del ya grave problema de los recursos economicos. que puede hacer esta reciente institución para desempeñar en alguna forma digna su inmenso cometido? De esto, precisamente, hablamos durante los días de la reunión en Madrid.
El que, algún día, pueda llegar a funcionar como una universidad no es posible ni deseable. Debe ser, más bien, un centro de iniciativa para promover el espíritu de paz al nivel educacional. Preparar, en colaboración estrecha con instituciones nacionales de educación superior, planes, prácticas para enseñar la paz a la gente joven en todos los países. Es una tarea tentadora y difícil.
En una y otra forma toda la educación nacional en el mundo es guerrerista.
Las historias nacionales de todos los países son el recuento de sus guerras victoriosas contra los vecinos. Raramente el héroe nacional es otra cosa que un hombre de armas. Alejandro y no Aristóteles, César y no Ciceron, Napoleón y no Pasteur.
Frecuentemente se confunde la paz con la no guerra, o con el desarme. La noguerra, como la que experimentamos muy defectuosamente desde 1945, ha sido una tregua armada. Armada hasta los dientes y con bombas nucleares capaces de destruir el planeta y la vida. Se anuncia, con alivio para todos, que las dos superpotencias se van a poner de acuerdo para destruir buena parte de su arsenal nuclear.
Esto es bueno y plausible pero está lejos de significar que habrá paz. Al contrario, pudiera ser que insensiblemente estuviéramos pasando de una época en que la guerra, por causa del poder de la bomba nuclear, se ha hecho impensable, a un tiempo en que pudiera hacerse pensable una guerra mundial con armas convencionales. Esta tregua, en la que vivimos, es la más larga que la humanidad ha conocido desde que estalló la primera guerra mundial en 1914. Tenemos hoy 42 años de no guerra mundial, acaso por el solo efecto del equilibrio del terror nuclear, de eso que, de una manera más eufemística, se llama la disuasión.
Si ciertamente, las armas nucleares llegarán a ser totalmente eliminadas, lo que no es probable, no podría confiarse ciegamente en la prolongación de esta bendita tregua. El problema de la guerrano ha sido nunca cuestión de armamentos sino de instinto agresivo. Los hombres han hecho la guerra desde los remotos tiempos en que solo disponían de piedras y de palos.
Por eso mismo el problema de la paz en el mundo no puede limitarse al desarme. Hace ya años se puso de moda hablar del desarme espiritual, había que desarmar los espíritus, formar en los seres humanos una mentalidad menos agresiva. Desde luego, esto no puede ser sino la tarea de un cambio radical de la educación y, particularmente, de la enseñanza de la historia, formar en los seres humanos una mentalidad menos agresiva. Desde luego, esto no puede ser sino la tarea de un cambio radical de la educación y particularmente, de la enseñanza de la historia. Durante siglos las naciones de Europa se destruyeron mutuamente las unas a las otras en guerras recurrentes hasta lograr perder su poder mundialy verse reducidas a la condición de satélites de las dos superpotencias extra europeas.
No es empresa fácil lograr cambiar, a escala mundial, el contenido de la educación. No es fácil reemplazar a Napoleon por Pasteur como ideal del hombre común. Sin embargo, es necesario intentarlo porque de manera la human entera estaría condenada a desaparecer en un plazo más corto que largo.
Un cambio tan gigantesco, como el del contenido de la educación en todos los países, tropieza con obstáculos formidables. No sólo equivale a revertir la corriente mental que ha dominado la historia hasta hoy, sino que su realización requiere una especie de mea culpa colectivo y una sincronizada y sincera iniciación de una enseñanza distinta. Ningún país podría exponerse sólo a enseñar la paz mientras sus vecinos continúan enseñando la guerra. Sería casi como encontrarse sin armas a la hora de una confrontación con vecinos que no han dejado de armarse en todas las formas.
No sólo la Universidad para la Paz se ocupa hoy de este gigantesco y fundamental problema sino que, en todo el mundo, asociaciones de muchas clases e individualidades respetadas toman iniciativas diversas para promover un cambio de la educación tradicional hacia la paz. No es tarea de perezosos ésta, en una sociedad global entregada a la violencia y a la amenaza de violencia en todas las formas imaginables, desde el cine y la hasta el terrorismo. Pero no intentarlo siquiera sería resignarse fatalistamente a la autoeliminación de la humanidad por causa de sus propios incontrolables instintos.
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os En este comienzo de otoño se ha reunido en Madrid el consejo internacional de la mene Universidad de la Paz, de las Naciones Unidas, del ida, que tengo a honra formar parte.
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