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12 Revista Dominical. LA REPUBLICA. Domingo 15 de noviembre de 1987 CRITICA Coordinador: Orlando Garcla Valverde CON LA VISTA EN EL MAESTRO Orlando García Valverde L martes 17 de noviembre se inaugura la gran exposición retrospectiva del artista Francisco Amighetti, organizada por el Museo de Arte Costarricense; otras actividades se realizarán también en honor a la obra del maestro, que coinciden con su octogesimo aniversario, incluyendo la publicación de una excelente libro profusamente ilustrado, también por el Museo de Arte Costarricense. Por la importancia de estos acontecimientos y la que tiene el trabajo de Amihetti para nuestro patrimonio artístico se ha estimado pertinente reproducir un comentario que se publicó hace algunos años en la revista Posdata, del diario Excélsior, sobre la sensibilidad de este importante artista costarricense. En oriente se dice que la concentración del hombre que piensa es como la llama de una lámpara en donde no hay viento.
ya que puede el ser humano vivir sin pan y sin vino, pero no sin arte.
Cada palabra del maestro arrasta consigo la extraña quietud interior que a todo envuelve. El maestro Francisco Amighetti es sereno y afable como un estanque bajo los sicomoros de madera incorruptible. ¿por qué internarse en los caminos del arte. Por qué esos relatos que acarician los sentidos cuando los leemos ante el fuego del hogar. Por qué esos grabados de tan manifiesto dramatismo, tan sabia apacibilidad. Por qué esos pasos silenciosos entre las vegetaciones del espiritu? Quizás porque el fondo romántico del viejo amigo tiene por destino al arte y por palabra a la forma.
Su mano y su corazón lo hacen y lo han hecho siempre.
Francisco y las maderas. lógica combinación. Me refiero a las maderas enceradas y nítidas de su casa; a las maderas grabadas para la impresión en papel de arroz, las propias fibras de madera fina de Francisco. Me refiero al mobiliario de discretas evoluciones y a los pececillos suspendidos en el cristal del claro recipiente. todas unas épocas de ahínco y todas unas noches lóbregas o días soleados con buriles en madera dura cortada transversalmente técnica japonesa con la que conjugaba cada punto y cada línea; y todas unas tardes de invierno reflejándose en las tablas cortadas longitudinalmente y respetando el hilo con las gubias de acero fino afilado y fiel; y todas unas madrugadas de óleos en lienzos, acuarelas y murales con andamios. para qué. Sería para llegar a la síntesis de las cosas encontradas en la vida misma tal cual es y vista mediante los valiosos bloques labrados con paciencia que luego imprimen ahora con colores y coloreslas hojas de nuestro paisaje?
pasando en mi recuerdo y que transito a veces, pero las casas son otras y otras las gentes y otras las cosas que suceden.
Tal vez por necesidad íntima su intelecto rechaza la complicación y los pesados argumentos con que a menudo agobiamos nuestra existencia quedan ahí como argumento entre nosotros. No valen la pena; así, exactamente, no valen la pena. Pensamos que en cuestiones morales el autor de las cosas es juez de su propia honestidad aunque muchos requieran de cierta orientación. Es siempre lo mismo y continuamos.
La Me identifico con mis personajes, generalmente seres vivos, que cambian liberándose y después no puedo separar lo cierto de lo inventado. Es lo que me hubiera sucedido si las cosas truncas se completaran viviéndolas. Es como si me desdoblara y dormido me viera caminar hacia la realización de mi destino en las páginas de mi libro.
Piensa mi amigo que arte es expresión y forma de las vivencias propias, pero se me ocurre que es algo más. le había dicho que amaba la música pero que padecía de una innata incapacidad para juzgarla y que por lo tanto mi criterio carecía de valor. Nome creyó o supuso que mis palabras nacian de una exagerada modestia.
Don Paco sonríe porque aprueba la transfomación sufrida por la aldea y observa a los habitantes comprar cosas para hacer obras de arte y comprar obras de arte porque, como Baudelaire, piensa De pronto se amanece con un surco que se hizo en la noche.
Francisco fue a Buenos Aires, la metrópoli grande de Sudamérica y esto fue antes de que descubriera que el grabado era algo más que una ilustración con valor propio. Hace algunos años ya. Hay calles por las que sigo Oh mi casa! Cada vez que repito estas palabras la veo con sus maderas doradas subido yo en los árboles del patio. Todavía sigo acariciando los trozos de madera que a veces no grabo y con la mano frotó la superficie y contemplo el destello que la luz les arranca; los dejo a veces sin tallar, porque ninguno de mis grabados supera la belleza y el misterio de sus texturas.
Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.

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