Guardar

VILLANCICOS II LA REPUBLICA. Jueves 14 de didambre de 1989 Los Reyes Magos. Cada uno, en sus reinos distantes a la medianoche, cuando el sagrado fuego ardia en los pebeteros mirrados que ofrendaban a la virtud, oscilando con resplandores de oro, a través del raso de sus alcobas, se filtro el rayo de la Estrella de Oriente con el Mensaje Divino. DE ORIENTE VINIERON LOS REYES MAGOS EJOS se hallaban unos de otros.
Lenguas distintas musitaban sus labios. Características divergentes tenían sus rostros, pero tanto ellos como sus pueblos paralizaban en la plácida paz en que navegaban sus vidas, serenas y armónicas, domenadas las pasiones malsanas, satisfechos de vivir y sin complejidades amarganizantes. Los súbditos amaban a sus soberanos porque éstos comprendían sus almas, y no apuntaban contra sus vidas los afilados dardos de la ambición ni abusaban del poder: abrian sus manos para ayudarles a deslizarse en la existencia con el minimun de sinsabores. Eran humanos, simplemente humanos, y toda la ciencia del gobierno que impartian se condensaba en estas palabras: justicia, pan, respeto mutuo.
Como las ondas hertzinas de ahora, cuando el mensaje luminoso de la Estrella de Oriente les anunció el prodigio del advenimiento del Hijo del Hombre, esencia de Dios, encarnación de todas las doctrinas, que exaltan y perfeccionan al ser humano, les puso en relación directa, y entonces se comunicaron sus pensamientos, a través de miles de leguas, y prepararon el viaje.
Lo que venía a predicar y a practicar el Hijo de Dios no les era desconocido, porque, en sus reinos los hombres se reconocían como hermanos y no destrozaban con los dientes.
como los lobos, para disputarse el pedazo de pan.
Sus reinos y sus tesoros privados eran fastuosos, pero las riquezas no se empleaban en mantener pasiones, en armar a los hombres, en devastar los territorios vecinos.
Además, poseían los secretos de la naturaleza: conocían porque en sus espiritus ardia la ciencia del Bien y del Mal, muchas cosas que para otros hombres eran milagros. Cada uno poseía un libro, distinto en lenguaje y en explicación, pero convergentes todos a un mismo fin: la virtud. Eran las doctrinas que dimanaban de aquel otro enviado de Dios y que algunos palses de entonces practicaban y conocian: la magia de Zoroastro. Todo el secreto estaba en el fuego. La creación emergía de la lenguas aureas, y Mitra, el sol gradualmente dibujaba y formaba la materia y respiraba el fluido del espíritu. La lucha del Bien y del Mal. El primitivo libro del Gran Zoroastro, llamado el Zend avesta, explicaba, revelaba la existencia del Ormuzd, el supremo espíritu creador, que debía luchar perennemente contras las celadas del Ahriman, el malo, el rebelde que tomaba el cuerpo y el alma de los hombres para frustrar la obra del perfeccionamiento y evolución de Ormuzd. Este tenía sus santos auxiliares, sus discípulos disgregados en espintu por todo la faz de la Tierra, y se denominaban las siete Amschasnands (santos inmortales) Ahriman no se dormía y contaba con otros tantos lugartenientes para destruir y corromper.
También, junto a la obra de Ormuzd trabajaban los Ferves, almas puras que se filtraban en las mentes de sabios y de artistas verdaderos para inspirarles las creaciones que superan la conciencia humana, que les abre los caminos de la justicia, que les sitúa junto a las fuentes de la eterna perfección. veces los simuladores a las órdenes de Ahriman, los Daeva, tomaban la mente de los sabios y de los artistas, y de ahí surgian esos hombres satánicos que se imponían por sus maquiavelismos y guiaban a los reyes a la destrucción y a la tiranía.
Melchor, Gaspar y Baltasar leyeron en los claros de la Estrella de Oriente el programa que a la Tierra llevaria en su vida el Niño que acababa de nacer, y se sorprendieron que respondía a las doctrinas de trabajo, de justicia, de serenidad, que llevaban ellos en sus espíritus y que procuraban infiltrar dia a dia en cada uno de sus súbditos. En sus sencillos palacios no se apreció reunión extraordinaria de ministros para resolver el viaje.
Bastó que tomaran las alforjas, los camellos y aquella inmensa variedad de regalos para el Niño, y todos comprendieron el prodigio y la significación de aquella etapa, que al regresar a sus pueblos a éstos se les multiplicarían los dones de felicidad, garantizando siglos y siglos de solidez de los principios asentados en la virtud y en el trabajo. Ni escolta, nt multitudes delirantes adamândoles y libonjoándoles, ni pupilas torvas preñadas de envidia y ambición por suplantarles durante la ausencia. Como tres peregrinos, sencillos y alegres, cada uno tomó su camino, Primero, la Estrella de Oriente desprendió tres irradicaciones hasta que los Tres Reyes, en el oasis de Blahamare, en el inmenso desierto de Kavir, se reunieron para continuar juntos el viaje, bajo el derrotero luminosos de la Estrella que les guiaba hasta Belén o Efrata, aquella aldea de Palestina que ya habla servido de cuna a otro inspirado de Dios: David.
Después del descanso y del conocimiento que los Tres Reyes trabaron entre sí, sin admirarse de aquella comprensión, tanto de sus palabras, pronunciadas en idiomas distintos, como de las costumbres y doctrinas de sus respectivos paises, posaron sus plantas en las cálidas arenas, y con paso lento y sereno, llevando el ritmo de una música divina, con la pupilas radiantes de fe y una sonrisa beatifica en el rostro. La Estrella de Oriente, de día y de noche filtraba sus rayos de alba en sus almas cándidas, haciéndoles ver de vez en vez, en uno de esos mágicos espejismos del desierto, la imponente cuna humilde del Salvador del Mundo Hablaban entre sí como niños. Sabían de la maldad de los hombres, pero les compadecian y tenían confianza en su superación después de la ruta que al Niño llevara en su trayecto por la Tierra. Estos vasos de oro y plata que llevo al Niño decia Melchor, cuando sus labios se posen, en una sonrisa celestial, en sus bordes florecerá una enredadera de lirios y trepará hasta la misma Estrella que nos guía. y por ella descenderán los ángeles del Cielo. Yo le llevo los inciensos que borran del alma todas las brumas exponia su Majestad Gaspar, el Negro cuando destape los pebeteros labrados, la gracia divina le acompañará por todos los siglos y mis súbrlitos serán siempre felices. En mis camellos del Yemen musita Baltasar, llevo alforjas de dátiles y las perlas más grandes de Basora y de El Hedaz.
Nada podía detener la marcha. El sol quemante del desierto de Kavir era tibia caricia en sus epidermis: para ellos el calor era la vida, y el sol, Mitra el maravilloso, la exhaltación suprema de la que Dios hace surgir las cosas y las almas. Las tormentas del simún vibran en sus oídos como guzlas misteriosas y para ellos no habla hambre, ni sed, ni cansancio. Piensa en él, en el Niño Jesus. Una sola de sus miradas vale más que sus reinos. Cómo recibirían los hombres su advenimiento? los Reyes en sus cabalas, en sus lecturas del fuego, en sus magias de sabios y de elegidos y de buenos, hablan sido anticipados por lenguas igneas de los sufrimientos que trala aquel ser extraordinario para llegar a hacerse entender por los hombres. La legiones de Daevas o genios satánicos estaban todas en movimiento para obstruir su obra. ellos mismos, a los sabios, a los magnánimos, a los bondadosos Reyes Magos, que sabían de todos los subterfugios del Diablo, éste se les había presentado, ya cercanos al camino de Efrata, en un afluente del Eufrates.
Había surgido humilde, con el alma de los reptiles, con la sonrisa de las hienas, con la astucia del tigre, para sonsacarles y tergiversarles. Antes había tenido la audacia de formar un haz de luz, otra estrella, que simulaba a la de Oriente, más brillante que ésta, para hacerles perder la ruta. Pero Melchor, Gaspary Baltasar se sonrieron, y a través de aquella falsa luz percibieron el resplandor de la verdadera guía.
Dejaron que el Diablo les hablara. Monarcas poderosos, los más bellos, los más sabios, los más dignos de gobernar por sobre todo el mundo, yo os saludo. Soy vuestro amigo y quiero preveniros que ese a quien vals a ofrendar es vuestro enemigo y que viene a la Tierra a enseñarle a los hombres la rebeldía que hará caos de vuestros reinos: y que vuestros mismos súbditos, a poco que crezca ese llamado Hijo de Dios, tomarán vuestros cuerpos para escarecerles y renegarán de vosotros para siempre ¡Vais a saludar a vuestro propio verdugo!
Melchor, Gaspar y Baltasar sonrieron con inteligencia y dejaron que el Malo siguiera su discurso. Mirad: si queréis ser reyes no de tres pobres y miserables reinos, sino de toda la Tierra, no vayáis a Belén. Yo os llevaré a otro sitio. Otro mejor, llegad al pesebre, pero tomad al Niño entre vuestros brazos y quemadlo, pulverizadlo.
Yo estaré a vuestro lado. Yo tengo ya otros reyes aliados que han comprendido el peligro, pero no me sirven para ponerles al frente del Imperio Universal. Vosotros si Melchor, Gaspar y Baltasar, que sois los Magos, los que ya poseéis tantos secretos de mi enemigo y de vuestro enemigo: Dios.
Otra mirada de inteligencia en la que Melchor y Baltasar impartieron su confianza a Gaspar, el Negro, que estaba más al corriente del espíritu de Satán ellos le llamaban Ahrimande sus tretas, tan ingeniosas a veces que el mismo Jehova cayera en ellas y aún sufriera derrotas en su lucha para hacer de los hombres verdaderamente semejanzas de su alma.
Entonces contestaron. Enemigo de Dios y del género humano: no podemos traicionar nuestras propias conciencias, porque ellas emanan de la propia suprema de Aquél! Hemos ya celebrado un pacto con Dios. Desde el instante en que la luz de la Estrella penetró a través de nuestras alcobas reales y vos sugirió el sitio al cual debíamos acudir. No ambicionamos ese poder universal: nos basta con nuestros pequeños reinos, cuyos súbditos nos aman como hijos y a quienes amamos como padres. Sabemos la lucha que están llevando a cabo. Conocemos a tus cómplices herejes y nuestra ciencia de magos nos hace vislumbrar que todos serán derrotados.
Vete. Reflexionan; tú tienes también parte de Dios, pero le traicionas con tu desmedida ambición de querer suplantarles en la Tierra.
No tememos.
Acto seguido, unánimente, los tres dibujuron un signo precursor que más adelante habla de ser pesadilla del demonic. y el Genio del Mal, envuelto de llamas de rabia e impotencia, se levantó en un impetuso simún en las arenas del desierto, como montañas, devastando en su camino pueblos, caravanas y oasis.
Pero no pudo destruir la marcha ritmica de los Tres Reyes Magos que se acercaban a la cuna de Jesús y de la salvación de los hombres y llegados alli, se prostemaron y vaciaron sus alforjas, pequeñas al parecer, pero que merced a sus cabalas brotaron de ellas los más bellos presentes para procurar al Niño una sonrisa, que se expandió sobre la Tierra y el cielo e hizo más floridos los campos y puso más luz en las estrellas.
Villancicos II Textos: Maylen Brenes de Araya Portada: Walter Alfaro Diagramación: José Luis Cojal Publicidad: Ronald Vega Tel: 23 02 66 Coordinador de Suplementos: Esteban Secaida Ayruder MOS. Boulele Slielole Estisan Aniceto DiCarly Aruten ir Maxlekese. Selle por la colabor com bridades para elaborar este Suplemente Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.

    Notas

    Este documento no posee notas.