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Miércoles 28 de Octubre de 1992. LA REPUBLICA 19A Debate POLITICA INTERNACIONAL El otorgamiento del Premio Nobel de la Paz, a la líder indígena de Guatemala, y sus consecuencias para la región es nuestro tema.
Mariana Lev.
a N JAIME GDO. DELGADO ROJAS Politólogo rgo. inlas caRee reacti rnaten maim Rigoberta Menchú: Un Nobel para los Mayas que ha icio ad.
plar rasesta rá a es es las nenCOrroitor erto te.
nte ació iños ca y cirpasó rovocó sorpresa, alegría y entusiasmo.
Quinientos años después de iniciada la sangrien.
ta conquista que aniquiló pueblos y postergó culturas, se le otorga ese prestigioso premio a una india maya. La Rigoberta Menchú no solo es una india, es una dirigente nacional, expresión y testimonio de defensa de los derechos humanos, de los derechos étnicos y de estos 500 años de resistencia frente a la cultura impuesta por el colonizador. Los europeos, con este gesto, reconocen la lucha incansable y persistente de una mujer humilde, de una de las etnias marginadas de esta América, que reivindica su cul.
tura, su derecho a la vida, a la paz y su sentido nacional.
Pero eso no es todo. Rigoberta es la expresión viva, en carne y hueso de la colonización injusta. Ha vivido oda la historia de su pueblo: el asesinato de su familia a manos de los gendarmes del Estado guatemalteco; la expoliación y explotación de su pueblo por parte de los colonos, blancos y mestizos, de las clases medias y las oligarquías, herederas de una conducta cultivada por el español en la conquista; la marginación nacional y la persecución política, cultural, etc. que los recluyó en las sierras y en las periferias de la urbe, sacrificándoles su existencia con la venta de su fuerza de trabajo y de los productos de su artesanía, ambos consumidos como souvenires.
Con este Nobel se abre la perspectiva de la paz, si no para toda Guatemala, al menos para aquellos pueblos que habitaron esa tierra desde hace más de estos 500 años. Pero, también se abre un abanico de expectativas. Por un lado, es cierto que este gesto de los noruegos obliga desde ahora la gobierno de Serrano Elías a una negociación más abierta y directa por la paz en Guatemala. Esa paz está, cada vez más cerca.
Por otro lado, se reabre el debate por la reivindicación nacional de esta mayoría de humanos que antes de ser guatemaltecos ya habitaban esa tierra.
Recuerdo una anécdota que Héctor Pérez Brignoli nos relata en su Breve Historia de Centroamérica. Dice el Dr. Pérez: En un viaje reciente me tocó volar, en una parte del trayecto desde México hasta Costa Rica, sentado a la par de una india guatemalteca que hablaba el castellano con poca soltura.
Al acercarnos a Ciudad de Guatemala llené su tarjeta de desembarco (la señora era analfabeta. Cuando pregunté por su nacionalidad no pareció comprender la pregunta; insisto. Es usted guatemalteca. No, respondió con seguridad, soy de Totonicapán. Vive usted en Totonicapán. pregunto en seguida. No, es la respuesta. yo vivo en Ciudad de Guatemala. Para poner la fecha exacta de nacimiento y el número de pasaporte debo pedirle el documento, el cual acredita, con la pomposidad y suficiencia de las modernas burocracias, que se trata de una ciudadana de Guatemala.
No obstante, en el futuro próximo, la conquista de esta cscondida nacionalidad podría encender una nue.
va conflagración que pondría en peligro aquella paz tanto tiempo esperada, pero tantas veces postergada.
Ojalá, la balcanización nacional, de hecho, en Guatemala, en el futuro cercano no siga los pasos de la balcanizada Europa del Estes 19 262 conoce profundamente y que son también las de muchos otros guatemaltecos que sufren lejania, soledad, miedo y dolor. Pienso que en ese momento, en la mirada de Rigoberta, empañada por las lágrimas, seguro se reflejó todo esto y, poco a poco, se le fue dibujando el recuerdo de sus padres y de sus hermanos muertos.
Imagino que sus reflexiones no se quedaron allí.
Los pueblos indios de Guatemala, de Centroamérica y del continente americano se agolparon en su memoria. Ella para ella no desea nada; para su gente, para América y para el mundo, sí.
En mayo la conocí durante una breve pasadita que hizo por Costa Rica. Estuvo encantada con los estudiantes, con los hermanos indígenas costarricenses (como los llama) y con otras personas con quienes tuvo oportunidad de conversar. Además, estuvo feliz de saludar a viejos amigos con quienes pudo departir fraternalmente.
El auditorio Abelardo Bonilla de la Universidad de Costa Rica sirvió de recinto para que muchos la escucháramos. Este se hizo muy pequeno para la can.
tidad de gente que acudió. Ella llamó a los que no encontraron lugar a sentarse en el suelo, a su lado.
Sus palabras, pronunciadas en un español aprendido no hace mucho tiempo, estuvieron llenas de calor humano, abogando siempre por un final a la violencia. De pronto, detrás de los cortinajes, se resbaló y cayó una escalera que hizo un ruido espantoso. Ella volvió a ver, asustada al principio. Luego, al realizar lo que había sucedido, sonrió y dijo ibomba. El auditorio se sacudió con la risa de todos.
Cuántas veces, pensé, tuvo que protegerse de bombas de verdad, donde lo que menos asomó a sus labios fue una sonrisa.
Si de identidades hemos venido hablando desde hace varios años, Rigoberta es un ejemplo del orgullo que se siente de ser miembro de un pueblo determi.
nado. En este caso, de ser indígena y de cantarlo a los cuatro vientos. De llevar el sello comunal en su persona, sin vergüenza alguna, sin esconder ni una arista de su identidad. De enseñarlo a todos, sean quienes sean.
Rigoberta comprende que la identidad de nuestra América va más allá de su pueblo guatemalteco. entonces promulga lo indígena como algo digno de ser reconocido y ensalzado en todo el continente americano, en el mundo entero. Eso lo dejó bien cla.
rito en nuestra amena charla, un rato más tarde.
Dialogamos también acerca de los vínculos de ese acervo cultural en relación con el futuro. Ella es consciente de que no se puede echar a andar sin tomar en cuenta a los indígenas americanos. En sus palabras,. es parte de la riqueza de nuestro futuro.
Dicho de otra manera, toda la historia indígena americana debe conocerse para comprender los caminos que han llevado al presente. En este aquí y ahora, el esfuerzo debemos concentrarlo en obtener paz allí donde no existe, en aras de un futuro más justo. En la construcción del mañana debe ondear con orgullo la bandera de ser americanos.
Con base en sus ideas y particularizando en Costa Rica, repito que los costarricenses debemos cargar con orgullo, en nuestras mochilas de la cotidianidad, los componentes culturales españoles, indígenas, negros y chinos, entre otros. Aprendamos a amar y respetar lo propio además de lo ajeno.
Tal vez Rigoberta Menchú y su lucha por la paz, desde las profundas trincheras de su alma indigena y desde sus vestiduras tradicionales, motiven a refle.
xiones y cambios serios en nuestro país. Quinientos años son demasiado para continuar escondiendo lo de casa para regocijarse y enseñar al mundo lo que creemos que es enseñable. Hasta cuándo?
La República Jorge fila de EUGENIA IBARRA Etnohistoriadora ón.
SOS, que sus ra el res asi La paz desde las trincheras del alma indígena ber gra ienmpo probur sesrse.
enti bara preC on un inmenso regocijo recibí la noticia de que el Premio Nobel de la Paz 1992 se le había otorgado a Rigoberta Menchú. Por un momento traté de imaginar cómo sería su semblante al enterarse ella misma de tal premio, con sus ojillos chispeantes y su sincera sonrisa. Vi lágrimas correr por sus morenas mejillas e imagine a su hermana en un fuerte abrazo con ella.
Por mi mente pasaron también todas aquellas escenas tristes y duras de su Guatemala, la que Las opiniones vertidas en los artículos de la pagina Debate son independientes de la línea editorial de este periódico y so responsabilidad exclusiva de sus autores.
22xlL CELIL220a Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.
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