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Carlos Alberto La última noticia que le llegó de él fue hace cuatro meses, cuando les escribió a ella y a su esposo, don Eduardo, para contarles que se iba para Arabia Saudita.
Carlos Eduardo Víquez es médico patólogo y desde hace 11 años pertenece al Ejército de los Estados Unidos, actualmente es teniente coronel. La carrera de éxito que lo llevó desde muy joven a separarse del hogar paterno ha sido larga pero silenciosa, Tanto, que sus padres no se dieron cuenta de la gran cantidad de honores que había recibido, hasta que encontraron en una sus gabetas del cuarto que usa cuando viene a Costa Rica varios sobres viejos de papel, con diplomas que resumen una historia dedicada al estudio y el servicio. Callado, introvertido, enemigo de ropa ostentosa o joyas, Carlos Alberto, según doña Angela, ha sido desde niño igual. Aunque sí le gustaba participar en asambleas y actos especiales.
Se fue a Alemania apenas terminó el bachillerato en el Colegio La Salle, pues cuando le dijo a su padre que quería seguir sus pasos siendo abogado, don Eduardo le dijo que tenía una mente científica y que mejor se dedicara a la Medicina.
Logró ser aceptado en la Universidad de Munich y allá se graduó. Al terminar, se vino a Costa Rica, se incorporó al Colegio de Médicos e hizo su servicio social en Turrialba. Luego trabajó en el Hospital México y en la clínica Solón Núñez.
Doña Angela de Víquez espera, todos los días, alguna información sobre su hijo, el teniente coronel Carlos Alberto Víquez. Monge)
Sin embargo, según comenta su madre, su espíritu disciplinado y estudioso pedia más y por eso se fue para los Estados Unidos, donde obtuvo su especialidad en Patología, en el Instituto Einstein. hace 11 años entró en el ejército. dice don Eduardo con orgullo, mientras doña Angela se queda mirándolo con los ojos cargaditos de lágrimas. es que no es nada fácil para ella estar oyendo los pormenores de la guerra, sin saber dónde está su hijo, que partió para el frente el de octubre.
Don Eduardo la consuela, le hace ver a Lupita González cada instante que Carlos Alberto está en la retaguardia, que él no va al frente. como diciéndoselo a sí mismo repite con la voz apagada que por la Convención de Ginebra, Dos padres de familia costarricenses, cuyo hijo si un médico es hecho prisionero sólo puede obligarse a trabajar en su profesión.
se encuentra en Arabia Saudita, sirviendo al Los Víquez han hecho varios intentos ejército norteamericano, narraron su angustia, para tener noticias de su hijo. Han escrito sus temores y, antes que nada, la esperanza por medio de la embajada norteamericana, lo han hecho a través de una dirección en USO todos los títulos y de que su vástago vuelva sano y salvo a la Nueva York, desde donde, supuestamente, fotografías encima del trinchante. Los envían correspondencia a los soldados, y un acababa de encontrar metidos en viejos casa.
día de estos doña Angela llamó a Nueva sabores manila. Por ahora es lo único que York, donde una consuegra, para que le doña Angela de Víquez tiene de su hijo consiga los números directos que el Gobierno de los Estados Unidos ha puesto al servicio de los familiares de los marines.
La comunicación todavía no ha sido posible, y doña Angela reza todos los días. Si viera todas las personas que están unidas en esta oración.
Ella, tres días después de haber empezado la guerra, comprendió que le hacía demasiado daño darle seguimiento.
Frente a cada bombardeo y cada noticia de toma de prisioneros la invadía la angustia de pensar que Carlos Alberto podría haber muerto.
Por eso ya no oye noticias ni ve televisión. En cambio don Eduardo sí. Con gran entusiasmo comenta los avances de los aliados, pues para él, sin ninguna discusión, serán éstos los que ganen la guerra. aunque el Dr. Víquez ha estado en otros campos de batalla Panamá, en diciembre del 89 no es hasta ahora que sus padres temen por su vida.
Don Eduardo VíY deben ser ellos los que más se quez y su esposa, do preocupan, pues el teniente coronel Víquez ña Angela, son los es soltero y aunque no lo ha dicho padres de uno de los abiertamente, sus padres aseguran que él ticos que se encuennecesita el calor de hogar, volver a la casa.
tran en la guerra del Cuando vuelva, si no está muerto Golfo Pérsico. dice doña Angela con un dolor que sólo Monge)
ella puede sentir pienso que va a venir inmediatamente a vernos.
Con el corazón en un hilo Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y juventud, Costa Rica

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