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99 25 de marzo 1991 be ZA e PERSPECTIVAS La República INICIATIVA PARA LAS AMÉRICAS. GANAMOS PERDEMOS? the selleras DEBATE En este primer Debate de Perspectivas, queremos plantear los criterios de personalidades de la vida nacional que representan a diversos sectores que se ven afectados, de una u otra manera, por la Iniciativa para las Américas. Con este tema de trascendencia para el futuro económico del país, iniciamos un capítulo más en La República para dar nuestro aporte al diálogo nacional en el que los medios de comunicación deben participar activamente. de ro una El camino no será fácil por.
cas.
mtes ella NA iener el una mediados de 1990, el Presidente de los Estados Unidos anunció un importante programa en su politica económica con respecto a América Latina: La Iniciativa de las AmériEl principal objetivo es el establecimiento de una zona de libre comercio que abarque desde Alaska hasta la Tierra del Fuego, comprendiendo también aspectos relativos a la reducción de la deuda externa estrechamente vinculados con el tema del medio ambiente y la promoción de inversiones.
Ahora bien, cuáles son los motivos por los que Costa Rica quiere tomar parte en la Iniciativa.
Por un lado, si se tienen claras las razones para participar (sobre todo Ing. Roberto Rojas en lo que se refiere al ámbito del Ministro de Comercio comercio ya que en los campos de Exterior.
nun la deuda y de la inversión el cuestionamiento no parece ser tan relevante) será posible plantearse objetivos prácticos e, igualmente claros y, consecuentemente, las posibilidades de obtener resultados concretos y positivos son mayores.
Sin embargo, las razones primordiales que han de tenerse presentes son: Un mayor y más seguro acceso al mercado de los Estados Unidos (y, en un futuro de otros países si se llega a concretar la zona de libre comercio hemisférica. Debido a que hemos fundamentado nuestro desarrollo en políticas de promoción de exportaciones y de una mayor inserción en la economía mundial. Este modelo presupone la existencia de mercados igualmente abiertos, hacia los cuales podamos dirigir nuestros productos. Mayor disciplina en las reglas del juego. La suscripción de un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos nos brinda la oportunidad de fijar reglas del juego que sean, claras, justas y transparentes; lo que nos proporcionará mayor seguridad y estabilidad en el desarrollo de una relación comercial. Mayor posibilidad de atraer inversiones: para lograr mayor desarrollo requerimos recursos extranjeros.
En el pasado, los recursos adicionales que necesitábamos nos vinieron a través de financiamiento externo; con el paso de los años estos recursos están cada vez más reducidos. De ahí la importancia de la inversión extranjera.
En conclusión la Iniciativa nos abre un camino muy interesante que nos brinda la oportunidad de enrumbar de manera diferente nuestras relaciones comerciales con los Estados Unidos. El camino no será fácil y son muchos los aspectos que tendrán que definirse a lo largo del tiempo. Sin embargo, Costa Rica no puede darse el lujo de desperdiciar oportunidades; por el contrario, debemos aprovechar las mismas, e incluso, contribuir a su creación.
oroe se 750 sisos inte Tiere ende do 8as a Ya el tren arrancó 0clo a a en de ta 5a is ES por lo menos siete países. Costa Rica, Colombia, México, Bolivia, Honduras, Chile y Ecuador han suscrito acuerdos marcos para esa iniciativa que los latinoamericanos nos empeñamos en denominar bloque y que reiteradamente los gestores del Norte denominan alianza para ampliar sustancialmente el comercio y las inversiones.
Los Estados Unidos no quieren, y consideramos que en ello llevan razón, dar la impresión de que se está construyendo un bloque que enfrentaría al europeo en proceso de ampliación con el mundo exsocialista, y al asiático que crece vertiginosamente, aunque no sólo a expensas de su propio mercado sino básicamente de exportaciones al resto del mundo. No parece necesario explicar que ese hipotético bloque no sería suficientemente fuerte con un socio caracterizado por el subconsumo, como es el latinoamericano. De tal manera resulta necesario que se conozca la verdadera dimensión de la iniciativa Bush por nuestra Rodolfo Solano parte, para evitar erróneas inter Ex. diputado, pretaciones.
Economista Podríamos entender que los Estados Unidos en vista de algunas señales de buen comportamiento de su prole (signos democratizantes en país de secular dictadura) desean manifestarse como un padre cariñoso, que decide reducirles su dádiva semanal, compensándolos con la posibilidad de que le metan la mano en su bolsillo (ampliando el acceSo a su mercado. Por su parte el nuevo orden económico internacional. en buena hora procura ir sustituyendo la ayuda directa, o sea, la dádiva condicionada, que ha convertido a nuestros países en descarados pedigüeños. por un mayor acceso a su frondoso mercado. Decimos que en buena hora, porque se ha llegado a tal grado de oportunismo que inclusive se suscriben acuerdos, a sabiendas de que no es posible cumplirlos a cabalidad; como la Carta de Intenciones presentada recientemente al FMI. Pareciera que se ha interpretado que lo que se suscribe es la mera intención y no su ejecutoria.
En todo caso, se hacía necesario un nuevo esquema de crecimiento (ya no de desarrollo, que no se acomoda a la nueva visión del mundo) si observamos el abismo a que se aboca Latinoamérica, que durante el decenio de los 80 se empobreció en términos del PNB en casi un lo que significó que amplios sectores populares pasaron de la pobreza a la miseria, pues los grupos poderosos sacan provecho de esas regresiones al demandar que se les estimule para desentrabar la economía. De tal manera que si nos atenemos a los efectos producidos a raíz de los ajustes neoliberales destinados a desmantelar cualquier resabio de economía dirigida y sustituirla por las fuerzas del mercado. resulta obvio el resultado sufrido durante el decenio de los ajustes (0 PAES) que en gran medida, por la ausencia de tal mercado. cayeron despiadadamente sobre las espaldas de los sectores mayoritarios carentes de poder real. Analizado así el triste decenio de los 80, resulta indispensable dotar a la pauta de crecimiento adoptada (o impuesta) de su principal elemento: el mercado. cuál mercado? Pues el que menos se aleja del diseño ideal: el norteamericano, del que somos vecinos.
Hasta aquí pareciera aceptable entonces (en todo caso no hay de otra) la oferta que en términos cariñosos nos ha formulado el presidente Bush.
Ahora bien, y cómo manejarse en ese laberinto de una competencia que no es ni remotamente pura, sino despiadada? Donde todo se vale, menos la contemplación, porque es un juego de duros contra duros (como el fútbol americano. Ěso tendremos que aprenderlo, al menos que nos resignemos a seguir quedándonos con las migajas del ratón de ese gran pastel que es el comercio internacional. Porque no se trata solamente de acceder a un portentoso mercado, sino de exponer el nuestro, que hasta ahora ha servido en gran medida para absorber mano de obra y para avanzar en conocimientos relacionados con la producción de bienes y no sólo con los servcios. Porque producir genera un mayor deseo de superación que servir. y los criollos también podemos generar procesos y disponemos de inventiva suficiente, aunque esto suene a mera disgresión.
En todo caso y como se mencionó al principio, la suerte está echada y ahora se trata de sacar el mayor provecho a semejante iniciativa.
Entonces comencemos por conocer los principales obstáculos de esta alianza entre Gulliver y sus vecinos. En primer lugar tener claro y así lo aceptan y lo recomienda la propuesta, que nuestros países sí deben actuar en bloque, para lo cual es preciso concebir nuevas pautas de integración económica, posiblemente con criterios sectoriales más que globales y sustentados en inversiones multinacionales y en todo caso con formulaciones diferenciadas del criterio prevaleciente en el pasado, meramente regionalista. Ello como primer paso para nuestra propia organización como sector exportador. también, paralelamente iniciar de inmediato las negociaciones con los Estados Unidos referentes a suprimir o superar los conocidos obstáculos que sufre el acceso de nuestros productos a ese gran mercado, como son entre otros: a) El hostigamiento a nuestras exportaciones con prácticas supuestamente antidumping; b) Renegociar la célebre Sección 301, que irrespeta la solución multilateral de los diferendos comerciales; c) Susttuir la unilateralidad vigente para la Cuenca del Caribe por esquemas contractuales; d) Sustituir la escalada arancelaria que castiga la mayor elaboración contenida en nuestros productos; e) Normas para regular la competencia, para que esta verdaderamente se produzca; 1) Discutir a fondo el gran proteccionismo a la agricultura que otorgan los Estados Unidos, pero que la cuestionan para nuestros países limitándonos el acceso a su mercado.
Esas y muchas otras cuestiones habrá que resolver y deben estar incluidas en una verdadera y comprensiva Carta de Intenciones que con gran detalle habría de suscribirse. Así, podríamos considerar que es posible con fundamento en un nuevo espíritu, no solo de buena vecindad, sino también de conveniencia mutua y con miras a construir una sociedad en la cual las consideraciones humanas logren superar las fronteras que dividen dramáticamente a nuestros pueblos por su grado de desarrollo.
Situación no siempre acreditable a razones intrínsecas sino a un entorno motivado por el esplendor de la riqueza y del poder.
Así a la pregunta con que se titula este debate, de si seremos ganadores o perdedores en esta nueva relación, se puede contestar que dependerá de la habilidad, del conocimiento, y de la propia valoración, con que logremos manejarnos los costarricenses, en este nuevo contexto.
Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.

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