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12. TERTULIA Jueces, octubre, 1964 Betredere PINTURAS COLECCIONISTAS Por Ricardo Paseyro ciencia de algunos, y poco a poco ya en el subconscien te de todos, se ha instalado la idea de que los cuadros representan sólida y segura divisa. aunque sea por la senda tortuosa del buen negocio. o por el estrecho atajo del instinto de conservación, pobres y ricos de nuestro tiempo desarrollan y azuzan sus facultades ar.
tistica, sus intuiciones estéticas. Es de ver el desfile de gente de toda índole que en París exhiben, venden, alquilan o muestran pintu.
12. Sospecho que no existe ya un solo parisiense, un so lo visitante extranjero, que no haya acuñado alguna vez, con los ojos saltones de codicia, la perspectiva de ventar, descubrir o desen.
terrar, muy barato, en aquel vendedor ambulante de acuarelas, o en ese cam.
balache de la Butte o en aquella breve galería de Montparnasse, su futuro Gauguin su nuevo Cézan.
ne, su incógnito Van Gogh.
Por desgracia, tales cálcu los, casi mecánicos, cuando no matan la contemplación desinteresada, puramente gozosa de lo bello la enredan con un superfluo res.
peto al posesor. Pense.
mos, señor, en la pintura y el pintor, dejemos para lue go los éxtasis bancarios. PARIS. Todos somos, desde años atrás, espectado res y actores más o menos distraídos de un aconteci.
miento que hará época en la historia de la cultura: la avasalladora entrada de la pintura en la existencia co.
tidiana, su creciente impor tancia en nuestra sociedad.
No se trata de uno de esos vivenes habituales en la in fluencia respectiva de las distintas artes: la danza, el teatro, la poesía, el canto, la pintura la música han ureuponderado, hasta ahora, alternativamente, según los pueblos y los siglos, pe.
ro siempre dirigiendo y entonando la vida por medio de las élites. Se trata, hoy, de un fenómeno que se ex.
tiende al galope por Occi.
dente: la penetración ma.
ciza y profunda de un arte en la vida social. Quizas ocurra, incluso, algo nédi.
to, algo extraordinario; que no sea la pintura quien a.
cude a la sociedad, sino la sociedad quien se precipita a ella, la rodea y la toma por asalto.
Varias causas explican tan rápida conquista. Por lo pronto, la pintura habla un lenguaje aparentemente común, universal, inme.
diato, un lenguaje que se nos cuela por los ojos o los halaga y acaricia, por lo menos. Las cumplidísimas roproducciones. Los mu.
seos, el cine, la facilidad de los viajes, lanzaron las artes plásticas al comercio intimo con millones de nersonas. la sombra de dos o tres cataclismos mundiales que, paradójicamente, empujaron su fulminante proceso edivulgación, la pintura perdió su carácter de arte minoritario, casi secreto. y se ha vuelto moneda de cambio, se ha introducido en los usos y costumbres de Occidente como una indus tria que desplaza inmensos capitales y moviliza sus pro pias masas de técnicos. 0breros, empresarios, reves, parásitos.
París es, desde el impre.
sionismo, el irrevocable eje mundial de la pintura y los pintores. No hay pintor que no venga a París, porque en esa materia París hace a la vez el valor y el precio.
Lo que no ha pasado por Paris puede tener precio, pero no tiene valor aún y si tiene valor, no tiene ain su precio. Justo o injusto, asi, es, como es también cierto, nos guste o no, que en lugar de aplacarse, el tra fico de la pintura no ha lle gado ni medianamente a su apogeo: antes de alean.
zar el critico punto de sa.
turación falta tocar y remover vastas estamentos 50 ciales y verificamas un be cho: al principio en la con.
me daban ganas de at días atrás, en plena fans Hca exhibición de las lecciones Privadas Suis de Pintura Francesa, de ricault a Matisse. que ofrece el PETIT PALAIS Muchos del público, efecto, se cuchicheaban costos probables de los gres Sisley, Pissarro, Cor Deraint, Marquet. JUE Gris, Lautrec, Manet. se, justamente, uno de peligros a que nos expone los caprichos millonario establecer modas y como tencias entre lo incompare ble. Por ejemplo. en not bre de qué confrontar es poético Renoir de las ning arreboladas, tornasolade con ese barbudo Cézane alucinante cuya mirai nos persigue y no nos de en paz. Cómo cotejar marinas de Courbet, cust azules restallan al aire bre, y la calma estremeci da de los interiores de Vu llard? La puja es impos ble. por qué ese mara villoso Bonard se vendet en 30 millones y no en 80. 10? contar de ciert nivel las cosas son inestime bles, y las ofertas no se fre dan en ninguna considera ción de carácter estético La suma de hermosura puede razonarse en térmi.
nos de dinero.
En todo caso, los colee cionistas suizos tienen bue gusto; cuanto nos mues tran es soberbio, y da un clara idea, arbimas, de continuidad de la pintura francesa. Desde el roman ticismo a 1950 no hay hia.
tos de calidad; hay, sí, sal.
tos, pero cada vez que sal.
ta, la pintura francesa ca: de pie. Cuántos creadores temerarios originales en u siglo y medio! Algunos de ellos, oscurecidos o incom.
prendidos, vuelven a la glo ria que merecen. Así, Gén cault. Mejor representado que por sus composiciones retóricas, he aquí dos o tres obras admirables un ca ballo gris, unos gallos au.
daces, depurados, modern simos. No estará más cet.
ca de nosotros que Dels.
croix? Su sensibilidad sa anarato nos conquista in mediatamente.
Tanta maravilla nos ro dea, que se necesitaría mer cionarlas una a una, dete nerse a cata paso ante lo paisajes, las figuras, las lur mas abstractas de esta re.
trospectiva que va de Géni.
cault a Matisse. por que Matisse. dos telas nos re.
cuerdan que el gran Braque está vivo. Fantástico teso ro de belleza y bellezas! fik berlo contemplado ha sid una alegría y una enseñas za magistral.
Primera Canción de la Soledad De PORFIRIO BARBA JACOB Valle fértil, con ojos azules que el fumor del juncal adormece, si expira en los juncos un aura lontana.
fácil coro de aplausos que mece con moroso ritmo de musa liviana; un laurel. y la hembra en la umbría a mi voluntal soberana. Alma mía, qué cosa tan vana!
Impuber flautista de rostro florido, que a la luz de un candil imbuído. (era invierno, nublosa mañana)
rindiose a mi ardor sin sentido.
viaje loco. locuras innúmeras, y contra la muerte, coros de alegria.
Flautista del norte, la orgía pagana, pavor de la orgía.
Alma mia, qué cosa tan vana!
Dolor sin vocabios, abscóndito, ardiente; guirnalda de oprobios que abruma la frente; y un loro en la noche que un astro redime.
Mis ojos no ven el lejano dia en que ya la gloria mi nombre sublime!
Dolor, oblación, poesía, corona lejana. Alma mía, qué cosa tan vana!. Silente en las sombras, el ímpetu libre hurtado a la impura materia les ya el azull jas ya le pas de Dios!
Las imbitos llens felis pensamiento, que impele la lumbre del dia el vuelo del ala y el als del viento; y empieza a fluir extrahumana la suprema inmortal alegria.
Alma mia. Alma mis! Alma mia!
qué cosa tan vaa. Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.
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