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Domingo 10 de enero de 1971 DIARIO DE COSTA RICA. DE LOS ARCHIVOS DE LA VIDA REAL Por NORMAN ABBOTT CRIMEN HUMO Galbraith se dejó detener sumisamente, neganuo entaticamente los cargos. En el tra.
yecto de vueita a McAlester, trató una vez de escapar y otra trato de suicidarse. Al volver!
a la escena del crimen, confeso totalmente.
Las circunstancias del asesinato eran tal y como la policía la había imaginado. El doctor esperaba que el incendio destruyera las pruebas junto con los cuerpos de sus víctimas. El motivo? Era muy desgraciado y temia estar perdiendo la razón. Ahora queria morir.
EVIDENCIAS.
La controversia sobre la pena capital continúa, como ha continuado por años.
Hace menos de una década que Caryl Chessman murió en la cámara de gases de la prisión de California, después de haber lucha.
do durante años por escapar a esa suerte.
Los defensores y los oponentes de la pena de muerte como medio de acabar con el cri.
men, hablan ahora un poco menos de lo que hablaron en los días en que el caso Chess.
man se convirtió en noticia internacional.
Pero no mucho menos. En la mayoría de los 40 estados de los Estados Unidos que tienen la pena de muerte en sus leyes, se pedirá a los legisladores que consideren en la abolición de esa ley.
El caso del hombre que acabó con la familia del doctor Ben Galbraith es un agudo contraste al de la mayoría de los criminales que tratan de escapar de la horca, la silla electrica o la cámara de gases.
Este asesino se fabricó una coartada muy bien elaborada. Hizo todo lo posible paTa evitar que se supiera que se había cometido asesinato. Pero cuando lo atraparon, anuncio que quería morir por el asesinato cuá.
druple.
Luego, luchó por la muerte que quería durante más de cuatro años, a pesar de que dos jurados insistieron en condenarlo a prisión perpetua. Por fin, ganó su batalla.
Los hallazgos eran de una variedad muy extraña; pedazos achicharrados y olor a Ke.
rosene indicaban que el incendio había empezado simultaneamente en cuatro de los cosets de la planta alta. Se encontró una botella rota con la que bien pudo haber sido golpeada en la cabeza la señora Galbraith. También, trozos de una jeringa hipodérmica que contenia, al analizarla, restos de narcóticos, con los que podian haber sido anestesiados los niños. Además, un saco del doctor, manchado de sangre.
Lo más extraño de todo era una carta escrita por el doctor Galbraith. No estaba di.
rigida a nadie, ni firmada. Decía en parte. La desesperación, la frustración, la intran, quilidad. tengo deseos súbitos de estar solo. de invernar por 100 años. me gustaría matarme, pero me resisto. debe ser el resultado de haber nacido malo.
Se investigó la coartada del doctor. Lo habían visto en Oklahoma. Se había registrado en el motel de Normal esa noche y había partido en la mañana, Pero el kilometraje de su coche mostra.
ba una seria discrepancia: casi 400 kilóme.
tros sin expliear. Con eso podía haber ido de Normal a McAlester, golpear a su mujer con la botella, anestesiar a los niños, prender el fuego y volver al motel.
EL JUICIO.
Los psiquiatras dictaminaron que el doc.
tor estaba cuerdo, aun cuando mostraba tendencias maníaco depresivas. Fue procesado por el asesinato de su esposa y de su hijo de siete años. El 13 de Agosto de 1955 fue de.
clarado culpable, pero el jurado no lo conde.
nó a morir y pidio clemencia. Tres dias des.
pués se pronunció la sentencia: prisión perpetua, En los cuatro años siguientes, el doctor trató de matarse en tres ocasiones, cada uno de sus intentos fue frustrado por los guardag de la prisión. En Agosto de 1958, siempre buscando la muerte, persuadió a las autoridades de Oklahoma para que lo volvieron a procesar. fines de noviembre de 1959. fue nuevamente declarado culpable de asesinato en pri.
mer grado. esta vez por la muerte de su hija de años, Sarah Ann. Nuevamente fue condenado a prisión perpetua.
El de diciembre de 1959, el doctor Ben Galbraith logró por fin el propósito que buscaba desde hacía tanto. Esa mañana tempra.
no fue encontrado sobre el piso de su celda, se había cortado una arteria con una navaja de afeitar que había conseguido de alguna manera. Murió una hora después en la mesa de operaciones de la enfermería de la prisión donde sus colegas médicos trataron de frus.
trar este nuevo intento de suicidio, pero esta vez trataron en vano. pesar de esto no era más que teoría, bin un motivo aparente, bastó para arrestar al doctor Galbraith como sospechoso de asesinato. El comisario Sanders fue a Tennessee a traer al sospechoso.
DESCUBRIMIENTO TRAGICO.
Un vecino de la familia Galbraith despertó antes de las y media de la mañana del 17 de marzo de 1955 y descubrió que la casa del doctor se incendiaba y el segundo piso total.
mente en llamas. Los bomberos de McAlester que fueron llamados a toda prisa, controlaron el incendio en diez minutos, y acabaron con las llamas en media hora.
Para entonces, ya estaban en la casa que.
mada el jefe de la policía Roy Anders y el Comisario Dee Sanders. Ellos encontraron las cuatro víctimas.
El cadáver de la señora Kathyn Galbraith estaba en la puerta de su recámara, donde había caído aparentemente al tratar de llegar al cuarto de sus niños en medio del humo y las llamas; tenía la cabeza golpeada.
Frank, de siete años, Jere, de cinco y Sarah Ann de cuatro, también estaban muertos.
Sus cuerpps se veían chamuscados, pero no quemados totalmente, aparentemente habían muerto sofocados.
El doctor Ben Galbraith. Doc como le decía todos no estaba en la ciudad. Se habia ido el día antes, para asistir a una reunión de una sociedad médica en Oklahoma. El comisario y el jefe de la policía se encargaron de llevar los cuatro cadáveres a la funeTaria. El jefe de los bomberos, Rafer, se que.
dó para tratar de determinar las causas del incendio.
El doctor Galbraith, un hombre de 34 años, guapo y agradable, que había sido pre.
sidente de la sociedad médica de Pittsburgh, se enteró de la tragedia esa mañana a las 8:30 cuando llegó al Hospital de McAlester. Habían tratado de localizarlo en Oklahoma. Dijo que había estado allá el día anterior, pero que se había equivocado de fecha y la reunión a la que había concurrido, ya se había efectuado.
Pasó la noche en un motel en Norman. 30 kilómetros al Sur de Oklahoma y a rededor de 200 kilómetros al oeste de NcAles.
ter, Al saber la trágica muerte de su esposa y sus hijos, el doctor, agobiado por la pena, Ee dirigió a la funeraria. Hizo los arreglos para la cremación de los cadáveres y el entie.
rro de las cenizas en la ciudad natal de su esposa, Bells, Tennessee.
Pero para entonces, otras cenizas las que se encontraron en la casa incendiada revelaron algunas sorpresas.
El incendio fue lo bastante voraz como para acabar con la vida de una madre y sus tres pequeños hijos, pero no alcanzó a borrar las buellas del asesino.
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