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Las memorias de De Gaulle tado más que de una cuestión de terminologia, la cosa nos habría dejado frios. Pero la negativa de reconocernos como la autoridad nacional francesa disimulaba en realidad, la idea fija del presidente de los Estados Unidos de instituir en Francia su arbitraje. Esta pretensión de intervenir en nuestra independencia, sentiame en condiciones de invalidarla en la práctica. Al final. Roo.
sevelt se veria obligado a comprobar o. Sin embargo, el retraso debido a su cbstinación imne.
diria al mando militar saber, por anticipado, con quién tendria que entenderse en sus relaciones con los franceses. Por otra parte, esto produciría, hasta el último minuto, roes e incidentes entre nosotros y nuestros aliados que, en otro caso, se hubiesen evitado.
Juiclo era erróneo. Para la futura batalla, tendrá necesidad, no sólo del concurso de sus tropas, sino también de la ayuda de sus funcionarios y del sostén moral de la población francesa. Me es preciso, por tanto, el apoyo de usted. vengo a pedirselo. Enhorabuena. le dije ¡Es usted un hombre! Porque sabe decir: Me he equivoca.
do.
tre nuestras autoridades y el mando militar. Ei Hablamos de la impresión en que permane.
cía la colaboración a establecer en Francia en senhower no me oeultó que aquello le tenia muy preocupado. Pero añadio aparte de los principios están los hechos. Ahora bien, puedo gaTantizarle que en lo que me concierne y pese a lo que puedan imponerme como actitud aparente.
no conocere practicamente en Francia más poder francés que el de usted. Le indiqué entonces, que tendríamos probablemente orsión de ma nifestar nuestro acuerdo acerca de la manera en que seria liberado París. Tienen que ser le dijer tropas francesas las que se apoderen de la capital. Pensando en esa operación. Se trata de que una división francesa sea transportada a tiem po a Inglaterra, como lo hemos pedido, nosotros los franceses. Eisenhower asintió. La Unidad (1942 44)
El Comité de Liberación había dirigido, sin!
embargo, ya en setiembre de 1943, a Washington y a Londres un memorandum, precisando las condiciones en que debería funcionar, durante la batalla de Francia, la colaboración de la Adminis.
tracion francesa con las fuerzas a. iadas. En el se especificaba que, en la zona de combate, el mando militar dispendria de las comun caciones, trans misiones y servicios públicos, dirigiéndose a las autoridades locales. En la retaguardia, el Gobier no francés haría lo que hiciera falta, con arreglo a las peticiones del general Eisenhower. Para sse.
gurar los contactos, estaba previsto que con el de gran unidad irian oficiales franceses de en lace administrativo que destacaríamos junto a Eisenhower un general con las atribuciones y el personal necesario y que en espera de la llegada del gobierno a territorio metropolitano uno de sus miembros marcharia allí para adoptar, por delegación, todas las disposiciones útiles. En reaTidad, el cuerpo de enlace administrativo, creado en setiembre de 1943 bajo la dirección de Hettier de Boislambert, había sido reclutado e ins.
truido, y luego llevado a Inglaterra. En el mes de marzo de 1944, designé a log generales Koe nig y Cochet como adjuntos respectivamente de los comandantes jefes aliados en los campos del Norte y el Mediterráneo. En esa misma fecha.
André Le Troquer era nombrado comisario nacio nal delegado en territorio liberado. Estas medidas daban satisfacción a los Estados Mayores aliados. Mas, para que se pudiesen poner en prácti.
ca, faltaba el acuerdo de los Gobiernos de Washington y de Londres. Ahora bien, éstos no res.
pondían a nuestro memorandum. Capítulo XXXVIII medida que se acercaba el período de mayo a junio, que los Estados Mayores habian elegi.
do para el desembarco, los ingleses manifestaban el deseo de sacar el problema politico del atolladero en que estaba metido. El señor Churchill se consideraba él mismo como mediador designado entre las pretensiones del presidente Roosevelt y las negativas del general De Gaulle, Pero, como la fuerza de mayor peso y el más importanta volumen de publicidad estaban del lado ameri.
cano, el esfuerzo del Primer Ministro iba a consistir, sobre todo en hacer presión sobre mí para que complaciese a Roosevelt, comienzos de enero, el señor Duff Cooper vino para decirme: Churchill. como usted sabe, ha caído enfermo en Túnez al regreso del Tehe rán. Le han trasladado, después, a Marraquex.
Desea vivamente verle a usted. Pero su estado de salud le prohibe moverse Accedería usted a ir hasta el. En territorio francés, el Primer Ministro británico debía normalmente, ser quien visitase al Presidente del Gobierno francés. Sin embargo, en consideración a la persona y a las circunstancias, fui, el 12 de enero, a almorzar con el señor Churchill. Le encontré en plena conyalecencia. Tuvimos una larga conversación, la primera desde hacía seis meses. Asistieron a ella el señor Duff Cooper y Lord Beaverbrook, así como Gastón Palewski.
Duff Cooper era un hombre superior, Le habían sido otorgados muchos dones. Ya se tratase de politica, de historia, de letras de arte o de ciencia, no habia nada que él no comprendiese o que no le interesase. Pero aportaba a todo una especie de moderación, quizá de modestia, que, confiriéndole su encanto, le evitaba el imponer se. Sus convicciones, sin embargo, eran firmes; sus principios inquebrantables; toda su carrera lo demostraba. En su país, y en una época en que los acontecimientos exigian que se escogiese a los mejores, hubiera podido ser Primer Ministro Se puede suponer que se lo impidió otro rasgo de su carácter: el escrúpulo; y una circunstancia: la presencia de Winston Churchill. Pero si no era Primer Ministro en Londres, debía ser el em.
bajador en París. Humano, amaba a Francia; politico, trataba los asuntos con una doble sereni dad: inglés, servía a su rey sin rodeos. Colocado entre Churchill y yo, asumió la tarea de amor tiguar los choques. Lo consiguió a veces. De ha ber sido posible que un hombre lo hubiera logrado siempre, Duff Cooper hubiera sido ese hombre.
EL Presidente, en efecto, conservaba, un mes tras otro, el documento sobre su mesa. Durante este tiempo, se organizaba en los Estados Unidos in allied military government (AMGOT. des.
tinado tener en sus manos la administración de Francia, Veiase afluir a esta organización to.
da clase de teóricos, técnicos, hombres de nego sios, propagandistas, o también franceses de ayer, recién naturalizados yanquis. Las gestiones que reían deber realizar en Washington Monnety Hoppenot, las observaciones que el Gobierno bri.
ánico dirigía a los Estados Unidos, las peticiones insistentes que Eisenhower enviaba a la Ca.
sa Blanca, no provocaban cambio alguno. Como era realmente preciso, sin embargo, tomar alguna dete vinación, Roosevelt se decidió, en abril dar a Eisenhower instrucicones en virtud de las cuales perteneceria al Comandante jefe el po.
der supremo en Francia, Debería, con este título, escoger personalmente las autoridades francesas que colaborarían con él. Pronto supimos que Ei.
senhower pedia enearecidamente al Presidente que no le cargase con aquella responsabilidad politica y que los ingleses desaprobaban un procedi.
miento tan arbitrario. Pero Roosevelt, aunque mo lificando un tanto la letra de sus instrucciones, mantuvo en ellas lo esencial.
por el lado ruso, teníamos que habérnoslas, co mo vanguardia, con el señor Bogomolov, afa.
noso de saberlo todo y atento a no soltar prenda, a reserva de atiesarse de pronto, para formular lo que su Gobierno tenía que decir, categorica.
mente. En algunos casos, el señor Vichinsky, encargado momentáneamente de las cuestiones italianas pero familiarizado con la más extensa va.
riedad de temas, venía a examinar los problemas.
Mostraba en ello una gran amplitud de espíritu, aunque también, rasgo que podia sorprender en el ex fiscal de los soviets, una agradable donosu.
ra Sin embargo, dejaba traslucir a ráfagas lo que tenían de implacables las consignas que le ataban. Al decirle yo un día, no lejos de ctras personas que podían oirme: Fue, por nuestra parte, un error no haber conceratdo con ustedes, antes de 1939, una franca alianza contra Hitler, Pero qué mal hicieron ustedes también en en tenderse con el y en dejarnos aplastar! el se.
fior Vichinsky se irguió lívido. Con el gesto na reció barrer alguna misteriosa amenaza. No. No. murmuro. Nunea, nunca debe decirse eso. EL Primer Ministro, pintoresco y efusivo, se de dicó a describirme las ventajas con que con.
taría acatando los planes del Presidente, Se trataba, en suma, por mi parte, de reconocer en los asuntos franceses la supremacía de Roosevelt.
con el pretexto de que éste había adoptado una posición pública que no podía abandonar y que había adquirido frente a ciertas personalidades francesas, complicadas con Vichy. compromiso que debía cumplir. Concretamente, el señor Churchill me sugirió que detuviese, desde aquel momento, el proceso incoado por la justicia contra los señores Flandin, Peyroutony Boisson, He estudiado los autos de Flandin me dijo el Pri.
mer Ministro ingles No hay nada grave contra él. El hecho de encontrarse en Africa del Norte prueba que se ha separado de Vichy. Si Peyrouton vino a Argelia para ocupar el cargo de go!
bernador lo hizo por designación del Presiden.
te de los Estados Unidos. En cuanto a Boisson, el Presidente le ha garantizado, hace poco, que permaneceria en su puesto y yo hice que le dijeran: Vaya a combatir y no se preocupe de los demás. El señor Churchill calificó de lamentabie el hecho de que los generales Giraud y Geor.
ges hubiesen tenido que salir del Gobierno francés. Sin embargo dijo Roosevelt habia ele.
gido al primero. Yyo hica venir al segundo.
yendo al señor Churchill. tenía uno que convencerse, de no estarlo ya, de que para el Presidente de los Estados Unidos y para el Primer Mi.
nistro británico Francia era un dominio donde su elección debía imponerse y qu esu principal agravia contra el general De Gaulle era que és te no lo admitiese, En suma, las relaciones de Francia con sus aliados se incrementaban prácticamente, a des pecho de las precauciones introducidas en las fórmulas. El 19 de enero de 1944 dio motivo a un espectáculo expresivo. Ese día, el cuerpo diplomático vino con toda pompa a Les Oliviers a ofrecerme sus votos por el nuevo año, como se!
acostumbra hacer con el Jefe del Estado. Hubo incluso, en el salón de espera, una viva controversia entre los embajadores de Inglaterra y de Rusia para dilucidar cuál de los dos era el de cano del cuerpo y debía pronuncair el mensaje tradicional, Triunfo el señor Cooper. Pero aque lla visita solemne y aquella concurrencia, eran señal de nuestra ascensión. decir verdad, las intenciones del Presidente me parecian del smo género que los sueños de Alicia en el País de las Maravillas. Rooseveit habia ya corrido el riesgo en Africa del Norte, en condiciones mucho más favorables a sus propósitos, de una empresa política análoga a la que pensaba para Francia. Ahora bien, de aquella tentativa, no quedaba nada. Mi gobierno ejercía.
en Córcega, en Argelia, en Marruecos, en Túnez y en Africa Negra, una autoridad sin trabas. Las gentes con las que contaba Washintogn para obs.
truirla habían desaparecido de escena. Nadie se ocupaba del acuerdo Darlan Clark, considerado como nulo y sin efecto por el Comité de Libeación Nacional y, refiriéndome al cual, habia yo declarado terminantemente en la tribuna de la Asamblea consultiva que a los ojos de Francia ao existia. Que el fracaso de su politica en Afri.
ca no hubiese podido acabar con las ilusiones de Roosevelt, era cosa que lamentaba yo por él y por nuestras relaciones. Pero estaba seguro de que su proyecto, rechazado para la Metropoli, no tendría en ella ni siquiera un comienzo de apli.
cación. Los aliados no encontrarían en Francia otros ministros ni otros funcionarios que los que hubiera yo instaurado. No encontrarian otras tro.
pas francesas que aquellas que yo mandaba. Sin ninguna jactancia, podia desafiar al general Ei senhower a que tratase válidamente em alguien que no hubiera yo designado.
Respondi al señor Churchill, con el mejor humor, que el interés que mostraba él y Roosevelt por nuestros asuntos internos, era, a mi jui.
cio, la prueba del resurgimiento de Francia. Por eso no quería yo defraudarles dejando que el día de mañana, se produjesen en mi pais convulsiones revolucionarias, lo cual sucedería fatalmente si no se hacía justicia. No deseaba yo mal ninguno a los señores Flandin y Peyroton. Res.
pecto al primero, no ignoraba ni su valentia ni sus intenciones. En cuanto al segundo no olvi.
daba el servicio que había prestado a la unidad poniendo su cargo a mi disposición en cuanto llegue a Argel. Pero me parecia conveniente al in terés nacional que compareciesen los dos para explicar ante un alto tribunal sus actos como ministros de Vichy. Señalar destino al gobernador general Boisson sólo incumbia a sug jefes. La presencia la ausencia de los generales Giraud y Georges en mi gobierno era asunto mío. Prose.
guiría, pues, mi camino, el de la independencia, convencido de que era el mejor, no sólo para el Estado y la nación de los que estaba encarga.
do, sino también para nuestra alianza a la quo tenía yo apego.
NO por ello era menos cierto que las intenciones de los dirigentes aliados con respecto al Francia mantenían a los diplomáticos en un es.
tado de tensión perpetua. Roosevelt persistía en negamos la cualidad de ser el poder francés llegada la liberación. Aunque diciendo que aquella actitud de Améria Te narecía excesiva. Inglaterra se conformaba con rila. Si no se hubiese tra.
EL, por otra parte, no pensaba hacerlo. Vino a decirmelo, el 30 de dieiembre, antes de marchar Washington y desde allí a Londres, adonde iba a preparar el desembarco en Francia. Me!
habían dijo prevenido respecto a usted. en un sentido desfavorable. Hoy, reconozco que ese da a ta ta ta conditions Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.
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