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« LA REPUBLICA Miercoles 18 de Marzo de 1967.
La muerte de un Presidente En las semanas siguientes al sepelio del presidente Kennedy en Arlington, varios autores se acercaron a sus familiares con intenciones de escribir versiones de la tragedia. Recordando el profundo interés del Presidente en la historia, la familia decidió que a pesar que tal libro sería una nueva pena para ellos, de bía escribirse. Sin embargo, querían ser elios quienes eligiesen al autor.
Jacqueline Kennedy escogió a William Manchester. No era uno de los que habían solicitado el encargo; ella ni siquiera lo conocía personalmente, pero recordaba que años antes Manchester había escrito una corta biografía, Retrato de un presidente.
El de febrero de 1964, diez semanas después de la muerte del Presidente, Robert Kennedy pidió a Manchster que escribiese un extenso relato de la muerte del presidente John Kennedy el 22 de noviembre de 1963 y de los acontecimientos que la rodearon.
Manchester dejó su puesto en la Universidad Wesleyana con una licencia por tiempo indefinido. Te niendo como base los Archivos Nacionales, trabajó de 12 a 15 horas diarias durante dos años. Así realizó una investigación histórica en todos los Estados Unidos, acumuló 45 volúmenes y portafolios de grabaciones, Dotas en taquigrafía, documentos y datos. Finalmente en Nueva Inglaterra terminó su manuscrito de 1, 200 páginas.
En toda la obra conservó su independencia como hombre de letras. No estaba en la nómina del gobierno. No recibió dinero de los Kennedy. Por lo con rario: dejó establecido que todas las utilidades de las ediciones de tamaño normal, después de la primera ediión en los Estados Unidos, deberían entregarse a la Biblioteca Kennedy, y que ésta recibiese la mayor parte de las utilidades de las ediciones de bolsillo y de las ventas por medio de clubes de libros.
El original fue presentado para su comentario a cinco personas distinguidas, muy allegadas al finado Presidente.
LOS EDITORES Copyright (C) 1967 by William Manchester Capítulo Primero pesar de diferencias obvias en temperamento y en estilo, John Kennedy y Lyndon Johnson compartían una gran pasión: la política, y en el otoño de 1963 un problema político habría de llevar al Presidente y a su Vicepresidente a 1, 000 millas de Washington, al corazón de Texas.
No tenían otra alternativa. El partido Demćcrata del Estado estaba desgarrado por una división interna. El gobernador John Connally Jr. y el senador Ralph Yarborough se atacaban con saña. En 1960 la fórmuia KennedyJohnson había vencido en Texas por un marger mínimo.
Si el Gobernador y el Senador no acordaban una tregua pronto, el partido no tendría posibilidades de triunfo en esc Estado el otoño próximo. Ningún presidente descarta 25 votos electorales fácilmente, así que Kennedy se vio obligado a intervenir y limar las asperezas. Tenía que hacer algo muy espectacular del viaje, con Connally, Yarborough, Jсhnson y él mismo presentándose juntos y en aparente armonía ante el público. La perspectiva era molesta y poco atractiva para el Jefe del Ejecutivo. Creia que Johnson debería resolver esa disputa por sí mismo; el viaje le parecía una imposición.
De hecho, los problemas de Johnson eran auténticos.
Polsticamente se había convertido en un cero a la izquierda por falta de facultades. El abismo entre la oficina del Presidente y la del vicepresidente Johnson al otro lado de la calle, en el segundo piso de las oficinas del Ejecutivo era enorme. Los periodistas se enteraban de cada paso que daba la Primera Familia. La segunda familia estaba prácticamente olvidada. La señora Johnson nunca había visto por dentro el famoso avión presidencial Fuerza Aérea Uno.
Si Johnson quería usar el avión, tenía que pedirlo al ayudante presidencial de la Fuerza Aérea, general Godfrey McHugh y algunas veces mortificante para un hombre de su extremada sensibilidad, la solicitud era negada.
Además, LBJ se habia enterado de los rumores sin fundamento pero persistentes de que podría ser desechado de la fórmula del partido Demócrata para las próximas elecciones.
Para Kennedy, el viaje a Texas tenía un sólo consuelo: su esposa lo acompañaría. La decisión de ella había sido una sorpresa. En el verano de 1963 Patrick Bouvier Kennedy había muerto en una cámara de oxigeno de un hospital de Boston, 40 días después de nacida. El golpe había sido tremendo para sus padres.
Durante todo el otoño la convalecencia de Jacqueline Kennedy había sido la principal preocupación en la vida privada de su esposo. posteriormente, después de la horrible tragedia de Dallas, aquella recordaría que le había dicho: Hay sólo una cosa que no podría soportar si llegase a perderte. Su voz se apagó dejando sin decir lo impensable y él había murmurado consoladoramente. Ya sé, yı sé.
Ella quería quedarse con él y los niños. El tenía otro plan: ella debía olvidar en otras tierras; su decision estaba tomada, así que eila se fue y la separación se convirtió en un enorme vacío entre tragedia y tragedia. Le escribió cartas de diez páginas puntuadas con guiones, como en todo lo que escribía. Le dijo lo mucho que lo extrañaba; su tristeza de que no pudiese compartir con ella el ambiente Jibre de tensiones del Mediterráneo.
Para su asombro, el viaje dio resultado. En todas partes fue agasajada y esas semanas fueron una diversión espectacular. Regresó el 17 de octubre con un ánimo mejor del que creía que fuera posible. Cuando murió Patrick se había anunciado que descansaría hasta el primero de enero.
Ahora el Goctor John Walsh, su ginecólogo, opinó que la recuperación era completa y por ello decidió reaparecer más pronto. Haremos campaña le dijo al Presidenteiré contigo dondequiera que vayas. cuando él le preguntó si eso incluía la expedición con Lyndon, ella abrió su calendario y escribió Texas en las fechas 21, 22 y 23 de noviembre. Kennedy estaba feliz.
También estaba nervioso. Temía que después ella se lamentara de haber ido. Quería que disfrutara ese viaje para que después hiciese otros. estaba decidido a que su esposa se viera lo mejor posible en Texas. Por primera vez en su matrimonio le preguntó qué ropa iba a usar.
Dallas le interesaba especialmente. Estarán todas esas señoras republicanas ricas en la comida, con abrigos de visón y brazaletes de diamantes le dijo Muéstrate sencilla.
Enséñales a esos texanos lo que es el buen gusto. Ella entraba y salía de su cuarto mostrándole un vestido tras otro. Si es tan importante que me vea bien en Dallas le preguntó. por qué tengo que ir expuesta al viento en el recorrido en automóvil. El le explicó: exponerse al público es una fuente de fuerza política. Hay que ser visto.
Hay que moverse entre las multitudes. hay que hacerlo despacio.
Dos veces el día anterior a la salida a Texas él hab18 con Pamela Turnure, la secretaria de prensa de su esposa, para discutir el cabello de la Primera Dama. Pamela su.
girió que se pusiera el toldo transparente en el coche. No. menos que lloviese, tenían que dejarse ver. El y Pamela discutieron sombreros de señoras hasta que el Presidente, fuera de su elemento, terminó con una broma. Da un paseo de 45 minutos por Washington en un coche abierto con Dave Powers le ordenó a ver cómo te ves cuando regreses.
Eso fue el miércoles 20 de no Kennedy recordaría después que había sido entonces como en lo más bien triste y melancólica. así esa mañana del martes. Los Atoke, Virginia, con su madre, fe que él había perdido su lección secreto celosamente guardado. El que la forma más efectiva de trata sería aprender su idioma aprend pués negociar con él en francés.
enseñaba francés a Caroline. Desd do dando clases al Presidente por. Cuánto tiempo cree que principio a Madame Jacqueline Hi ella. El no pudo resistir el reto: en seis meses.
Pero no hubo lección aquel oficina, donde pronto se vio envue Entró el secretario de Prensa Pie che Pierre volaría a Honolulu con Bundy para un consejo de guerra él, Rusk y otros cinco miembros Japón. La prensa creía que el vi placer. No lo era. Kennedy no de su antecesor en el Japón, cuan distas habían obligado a Eisenhov El quería restablecer el prestigic Japón con una visita en febrero.
preparar el terreno.
Atardeció en el Jardin de la y las citas continuaban. La seño Atoke pero los niños habían regres el ultimo visitante del día, el llevó la piscina y se retiró después de estudio del segundo piso, con los sos en Texas, asuntos personales importancia política, pues les pre acumulando mes por mes.
Tenía la fuerte corazonada de cano nombraria candidato a Bar podía contar con tan fantástica sue preparando un esfuerzo máximo. dero sacrificado, mucho mejor: de tación arrolladora. El Presidente cc aplastante. Antes de dejar la presi estadista del Occidente, quizá del neando la segunda Administración quería renunciar como Procurado llon queria dejar el Tesoro. ahí de que Kennedy intentaba ser su laciones, Rusk había dependido de otras formas. Después de la seguna gabinete seguramente estaria encat de Estado Robert McNamara. Bob visionalmente que cuando hubiera ser secretario Asistente para Asunt: ro la reorganización del gabinete Su primera cita del miércoles de la legislatura; el senador Hube nesota y el representante Hale Gog SOBRE EL AUTOR: La Muerte de un Presidente es el octavo libro de William Manchester. Además de cuatro novelas, ha escrito Perturbador de la Paz. La Vida de Mencken Un retrato de la familla Rockefeller y Retrato de un Presidente. y está terminando ahora un estudio sobre la familia alemana Krupp, famosos fabricantes de armamentos, Manchester nació el primero de abril de 1922, en Attleboro, Massachusetts. Estudió en la Universidad de Massachusetts y en la Universidad de Missouri. Despucs de servir con la Infanteria de Marina en el Pacífico durante la segunda guerra mundial, fue corresponsal extranjero del periódico Baltimore Sun. Pertenece al Centro de Estudios Avanzados de la Universidad Wesleyana y vive en Middletown, Con.
necticut.
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