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LA REPUBLICA CONCURSO Horas de angustia El. Papá, al fin te encuentro!
Breve.
LA REPUBLICA El Planeta 29 Por de los Angeles Campos Vargas Caia la noche en el pequeño pueblo de San Cristóbal.
Una poche inmensa que se llenaba no sólo de aquella capa de negrura, sino a la vez se acompañaba de soledad, tristeza miseria. Misterio Lo que todos temían habia sucedido. La inundación habia dejado desolada, aquella región. Lo que horas antes, fueron campos de trabajo ichozas en donde habitaban muchas familias! prados verdes donde el ganado pastaba tranquilamente todo, ahora se hallaba muerto. Muerto por aquel río, que con sus turbulentas aguas, habia destrozado lo que, a su paso encontrara en aquella terrible inundación Por doquier se contemplaban, cuerpos de hombres, mujeres y niños, que con su intento de salvarse fue.
ron arrastrados por la corriente.
Once días habían contemplado las familias, como llovia torrencialmente y aun al onceаvo dia tenían la esperanza de que la lluvia cesaria. Pero no fue asi. Ahora el silencio lo abarcaba todo.
Grupos de rescate que habían acudido al lugar del desastre, hallábanse rendidos. Ya iban a Marchar, no babiendo encontrado ser viviente, pronto, todos escucharon aquel llanto no leJano Juatro de ellos se movilizaron y con lámparas ceite, pues ya casi oscurecia nuevamente, se diriBeron al lugar de donde provenia aquel llanto.
En una choza que aún no terminaba de caerse, encontraron los hombres un niño de quizá seis años.
Dos de los rescatadores Manuel Robles y Andrés Quesada se acercaron a él, después de separar de sus pierneci as un grueso tronco, qu. supusieron sirvió en la puerta, trataron en vano de sostenerlo en pie. Pero el niño no podia caminar.
Lo sacaron de alll, lo llevaron su campamento en donde le prodigaron el mayor de los cuidados. Era el único sobreviviente y esto relató. Yo vivia con don Ernesto y doña Virginia de Martinez, ambos eran muy buenos conmigo, yo les llamaba padre y madre, pero hace un año, Rosita a quien yo decia madrina me lla.
mó aparte y dijo que ellos no eran mis padres. Llore mucho. Al dia siguiente decidi preguntar.
Se miraron en silencio, también lloraron, Don Ernesto me dijo entonces: Hace cuatro años un señor Nielsen vino buscando posada. Venia contigo en los bra.
zos. Al cabo de dos dias, encargándonos tu culdado, partió, No me contaron nada más y desde entonces deje de llamarles padres, alimentando la esperanza de puder encontrar algún día a mi verdadero padre.
Yo me llamo Jaime Nielsen Después de haber hecho su relato se durmió. La llevaron a un hospital de la ciudad. Alli le practicaron una dura operación! pero al cabo de dos meses ya Jaime andaba, aunque con muletas, Una tarde un hombre alto, rubio, se acercó al lugar Honde jugaba Jaime. Le miró detenidamente. Era don Alberto Nielsen quien sabedor de la desgracia, que ocu.
rriera en aquel pueblo, acudia por su hijo.
Lo llamó aparte, le dijo solamente: Soy Alberto Nielsen, tu padre, Jalme se abrazo a este y balbuceo: Papá, al fin te encuentro. En ese instante un anse dos esperanzas, para un futuro. Por Ivonne Gómez Estudiante Año 100. La astronave se preparaba para el viaje planeta 29. Los instrumentos habian sido revisados.
El capitán, el piloto, el explorador espacial y el doctor, deseaban alcanzar el objetivo de su misión: por primera vez explorarian un planeta fuera de la Via Láctea.
Se iniclo el conteo: diez, nueve. cero. El despegue fue perfecto. La nave se elevó vertiginosamente.
Pasaron varias semanas antes del descenso en 29.
Inmediatamente el capitán y el piloto iniciaron los análisis de la atmósfera y el terreno del planeta. Los resultados fueron asombrosos, su atmósfera era semejante a la terricola. Se prepararon para investigarlo.
La primera impresión fue desfavorable. 29 estaba poblado de vegetación escasa, no daba ningún indicio de vida animal Al sexto dia descubrieron unas huellas extrañas.
Las siguieron hasta una cueva. De pronto, la más grutesca figura apareció amenazante.
Media más o menos tres metros. Sus extremidades superiores terminaban en una especie de garfio, las inferiores se unian formando una sola. En su cara apenas se divisaban sus tres ojos, grandes protuberancias cu.
brian todo su cuerpo.
El monstruo se avalanzó hacia ellos. Sacaron sus armas ultrasónicas, dispararon. El monstruo contesto con un rayo emanado de su ojo central. Tras una cruenta batalla lograron herirlo mortalmente.
Juevamente empezaron a recorrer el planeta; des.
pues de varios dias, creyendo no encontrar otros seres, decidieron regresar a la tierra.
La noche antes del viaje, oyeron unos ruidos. Tomaron sus armas e investigaron por los alrededores.
Su sorpresa fue grande, encontraron unos seres smejantes a ellos, a excepción de sus tres pies y las antenas.
De momento no supieron que hacer al verlos amis.
tosos; el explorador saco su traductor de idiomas interespaciales, para entender su lengua Aquellos seres querian agradecerles el haberles li.
brado del monstruo que habia sido su azote durante mucho tiempo. Ahora deseaban invitarlos a conocer su ciudad Los exploradores quedaron maravillados. Todos los habitantes trabajaban, contribuyendo al desarrollo de su ciudad, pues desgraciadamente el medio les era hostil.
Se asombraron porque en la Tierra el trabajo lo realizaban las máquinas, ellos solo se preocupaban por descubrir otros mundos.
El tiempo se acababa, debian partir. Al fin la nave despegú. La misión habia tenido éxito: lograron explorar el planeta 29, conociendo una forma diferente de vida; dando un paso más a la exploración espacial del año 100.
Por PATRICIA HEINSOTIN Estudiante)
Aquella Isla traiclonera. Aquellos corazones jóvenes e inexpertos. Cómo puede la vida eneen derse y apagarse tan radicalmente?
Todo empezó una mañana de octubre.
El sol se hacía sentir: calcinaba.
Llegó un grupo de alegres y bulliciosos michacha al muelle. Eran ocho en total. Iban a explorar la isla que quedaba frente al puerto.
Desde hacía mucho tiempo ninguna embarcación se aventuraba cerca de esa isla. Tal vez por los braves arrecifes que lo rodeaban, protegiéndolo como suar dianes, o más hen desconfiados de la espuluznante in figuración que la islilla tenia.
Los jóvenes alquilaron un bote fuerte, cumpraron suficientes provisiones, y se acompañarca de un equi.
po de exploración muy completo, Sin embargo, José tenia la extraña corazoned: da que algo pasaria. Por qué tendria que ir precis mente alli? no es que José fuera cobarde Simp mente era un presentimiento. Però calló y nada dijo los demás.
Se lanzaron al mar. Navegaron sobre agua de un azul intenso, mansa y serena Pasaron los arrecifes.
Ya casi llegaban a la isla.
Cuando pisaron tierra, nicjaron la exploración da Inmediato. Todo parecia lan Tascinante! Poroda empe arian El magnetismo del norte los hizo di se hacia su seno, hacia la montaña. medida que avanzaban, la vegetación se facia más espesa. Enormes helechos y árboles gigantes par todas partes. Un musgo oscuro acolchaba el suelo La quietud habia anulado todo signo de acti ad.
No existia el sonido. Tan solo el caminar de os muchachos y, de vez en cuando, sus voces que partia el silenc o.
El calor era sofocante.
La humedad se pegaba a sus curpos Todos como guiados por una fuera invisible, seguian avanzando. También Inse, a pesar de que su corazonada se hacía más intensa. Por qué laban tenido que ir allí? Aún José no decia, nada.
Caminaban. El silencio incesante acompaiaba su marcha La vegetación sufria transformaciones bruscas. El suelo estaba reseco. Los hechos y arbo es gigassa convertian en pequeños arbusins, el muss, ple us.
El cielo se cubria de mes murs negras que por momentos se multiplicabar.
Se escondió el sol. Ninguce lo noto.
Un relámpago cruzó los sielos, seguido luego de in estridente ruido.
Empezó a llover. Los goterones abran hueca o la tierra estéril.
Más relámpagos, truenos.
Los jóvenes corrian. Buscaban dónde guerre, mas no habia refugio alguno en el canin por el cual estaban huyendo.
Tronaba más Llovia con mayor fuerza Lus laderas del cañón se destronalan y ca an las rocas.
La desesperación de los muchachos roten a tre.
nos. Ya no podian correr más. El cinsancio los tentaba Sus gritos se confundían con el cher torrencial del agua. Estaban encerrados entre piedras, barra y onMás tierra resbalaba, más rocas cuan. hasta que las voces humanas no se oyeron más Sólo el ruido de la lluvia se enfrentaba al silenclo.
Por que tuvieron que ir precisamente a aquella isla?
Esta vez José tampoco dijo nada. No podia decir COS nada.
LA NIÑA ROSA Por Juan Rudin Estudiante Estando sentada la Niña Rosa en acuella silla mala, inservible, se puso meditar sobre qué haria para satisfacer las necesidades de sus a umnos y de ella misma.
La Escuela de la Niña Rosa, como llamaban a esta Institución; tenia como caracteristicas: que el elemento que en.
traba se hallaba en su ambiente.
Niños y jóvenes veneraban a la Niña Rosa; la segunda madre de aque os estudiantes. Pero ella, abnegada, pensativa siempre en el bienestar de los componentes de aquella casa de ensefianza, sea bienes materiales o Inmateriales, Nadie se explicaba la abnegación de la citada maestra que a pesar del mutuo cariño entre el alumnado y su persona, habian excepciones como las ayes de mal agüero que en estos caBos nunca faltan.
Sufria nuestra reina al ver que los zinganos (por asi decirlo) no corres.
pondia a sus enseñanzas, no fructii caban en su labor.
Eran Jóvenes inquietos, con forma da pensar extraviada, capaces de aprovechar cualquier oportunidad que se les presentase ya sea para bien o para mal (la mayor parte para mal) burlándose de sus mismos compañeros, incluyendo la Niña Rosa; que por su forma sencilla de vestir llamaba mucho la atenclón.
Su atuendo constaba de una sola pie.
za, pendiéndole en el pecho un extraño prendedor el cual ella consideraba como talisman.
Su cabello arreglado de una manera grotesca mostraba las Pirámides del Gizeh y asi por el estilo. La Niña Rosa! maestra insigne pero insignificante ante aquella sociedad debido a que el aprendizaje no era obligatorio Cuán humilde la persona era si tenia un poco de chispa sobresalía de los demás como nuestra maestra: La Niña Rosa.
Un dia de tantos. desempeñando nuestra protagonista sus labores normales de enseñanza, ocurriósele hacer delante del estudiantado, una operación matemática que venia teniendo problemas con ella hace varios dias, ads.
más de ser dicha materia de su principal Interés.
Antes de hacer dicha operación la Tina Rosa su estado emocional estaba totalmente cambiado ya que pasaba por una crisis nerviosa.
Para que lo hizo Sus ideas desaparecieron, su intelecto en aquella materia se esfumo. Su rostro denotaba preocupación extrema, cambiaronle sus colores al rojo vivo.
Sus manos trémulas, temblorosas, desgajaban cualquier pedazo de tiza que estuviera a su alcance.
Como es de suponer, los jóvenes referidos anteriormente; ciegos de plena estupidez, aprovechándose de la ocasión llenaron el ambiente de criticas, de burlas contra la sencilla maestra.
Lluvias de papeles, tiza, reglas, 18pices, cajan a los pies de la Niña Rosa.
Su autoridad fue apagada por la brutal algarabia de aquellos infelices.
Lágrimas pendían de su mejillas, un nudo en la garganta le impidió pronun ciar palabra. Presa de pánico y vergüenza huyó de aquel lugar como sus fuerzas se lo permitian.
Fuera de la Escuela, como pudo llegó a su casa distante a tres kilómetros de ella.
Un llanto perenne embargaba toda su ser, ni la más leve sonrisa llegó a invadirla sólo quedaba en aquella figura pesadumbre, melancolia, no habla racor, al contrario, aquello le decia que sus enseñanzas debian ser mejoradis, que su emoción allerada deb a ser des echada, que su carácter llano y simple debia desaparecer.
Mas el rencor no la embargaba.
Los días transcurrieron normalmente, de lo pasado no quedaba ni el más leve recuerdo La Niña Rosa habíase recuperado notablemente, ya no era objeto de burla (éstos son los mila de la vida Su bondad nunca se disipo, en lo que podia auxiliar al prójimo, lo hac a gus tosamente aunque se quedara sin un céntimo pesar de haberse casado con un ricacho procedente del otro extremo del lugar, su vida intima no habia sufrido cambio alguno.
En el pueblo el seudónimo de la Niña Rosa no habia desaparecido hi nunca llegará a desapareer.
La Niña Rosa existirá siempre en corazones que deseen aprender, en las mentes que deseen cultivarse, en aquellos seres que desean mejorar el mundo para beneficio de los demás sin distingos de razas nl credes Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.
Este documento no posee notas.