Debido a los elevados costos del mantenimiento de las imágenes, se ha restringido su acceso solo para las personas registradas en PrensaCR.
En caso de poseer una cuenta, hacer clic en “Iniciar sesión”, de lo contrario puede crear una en “Registrarse”.
LA REPUBLICA, Lunes 24 de diciembre de 1973 19.
Cuentos Narideños El naufragio de la María Dorada Charles Dickens la culpa de lo que estaba sucediendo la tenía el piloto.
John Steadiman murmuro. Yo hice lo que pude. No fue mia la culpa de que chocaramos. Usted es el culpable. rugió Watersby merecería que lo echáramos al agua.
También en la noche de Navidad, un viejo capitán recordaba tiempos pasados.
Se llamaba William Ravender y había empezado a navegar por los mares desde que era un niño.
Comenzó como grumete, pasando por varios cargos hasta que llegó a capitán.
Ahora, el viejo lobo marino recordaba aquellos tiempos en que convalecía de unas terribles fiebres que había contrafdo en uno de sus viajes.
Estaba ya bastante mejorado y daba cortos paseos para reponerse, cuando cierta tarde fui a una librería a adquirir unos libros.
Fue allí donde encontró a cierto caballero al que conocía con el nombre de Watersby. Qué tal, capitán. le saludó el caballero Oh! Muy bien, señor Watersby. Deseando hacerme a la mar.
Watersby y el capitán salieron de la librería y entonces el primero confesó. Le estaba buscando hace tiempo, capitán. Le necesito para que mande un barco de mi compañía que ha de zarpar con rumbo a América. California exactamente. California? preguntó el capitán. Si. Allí se ha encontrado oro y somos muchos los interesados en buscar tan precioso metal.
El capitán lo pensó. El viaje significaba una excelente oportunidad, pero también encerraba numerosos peligros.
En primer lugar, porque la travesía era bastante larga y existía el precedente de otros barcos que no habían conseguido llegar.
Watersby acabó por convencerle y le enseñó el barco. Era el Maria Dorada.
Un barco muy marinero, de excelente estampa, y así el capitán aceptó la propuesta.
Eligió la tripulación, llevando como piloto al experto John Steadiman.
La travesía comenzó con viento favorable y durante los primeros días gozaron de un mar en calma.
Los marinos le obedecían ciegamente, pues todos comprendían que se encontraban en momentos de mucho peligro; y sólo la pericia de un veterano como el capitán podía salvarles de chocar contra aquellos témpanos helados.
Depronto una sacudida conmovió la nave.
Watersby corrió al lado del capitán con aspecto demudado. Hemos chocado, capitán! El barco hace agua. Calma, Watersby! Es importante no perder la serenidad.
La niebla era tan espesa, que apenas podía verse a dos metros de distancia.
Watersby se mostró preocupado por la señora Aterfield y su hija. Primero tienen que salvarse ellas, capitán. No se preocupe, capitán. Si hay que abandonar el barco, yo me ocuparé de todo.
Watersby se ofreció para ayudar en lo que fuera necesario, mientras que el capitán quiso hacerse cargo de la importancia del choque.
En cubierta el frio era espantoso y la niebla seguía dificultando todos los trabajos.
El capitán comprobó que la brecha abierta a consecuencia del choque era imposible de reparar. La nave había quedado completamente «escorada y amenazaba con hundirse. Hay que abandonar el barco. exclamó el capitán.
Recomendó orden, al tiempo que ordenaba arriar los botes.
El barco se hundía lentamente. Calma. pidió el capitán Nadie tiene la culpa de lo sucedido.
Pero los ánimos estaban excitados y los hombres miraban recelosamente al pobre piloto.
El capitán temió un motin y trató de calmar los nervios, pero se sentía cansado y enfermo. Durante aquellos últimos días no había descansado y ahora estaba pagando las consecuencias. Tened confianza en Dios y no hagáis ningún daño a ese hombre. Yo quizá no vea el final de esta travesía, pero os pido que respetéis la vida de John Steadiman.
El es el único que puede ayudaros.
El capitán perdió el conocimiento y quedó tendido en el bote.
Se produjo un silencio de muerte. Todos estaban temerosos, porque hasta entonces habían tenido en el capitán a su más experto guía.
Intentaron ayudarle, pero el capitán no reaccionaba.
Por su parte, el piloto John Steadiman temía que sin la ayuda del capitán, los otros quisieran echarle al agua, pero nadie levantó la mano contra él. Todos recordaban las palabras del capitán.
El bote continuó a la deriva y como el único experto, a falta del capitán, era John Steadiman, fue él quien tomó el mando; y así, días después.
El mar había recobrado la calma, la tempestad cesó. lo lejos divisaron el otro bote. Estaban salvados!
Entonces todos comprendieron que John Steadiman era un buen marino y gracias a su esfuerzo el bote no se había hundido.
El capitán, poco a poco, se recuperó y cuando más tarde un barco recogió a los náufragos, todos dieron gracias a Dios y pidieron perdón por aquellos momentos desesperados en los que había hecho responsable al piloto.
John Steadiman ya no se acordaba y para él la mayor satisfacción fue que el capitán se hubiese salvado, porque le quería como si fuese un hermano.
Dia histórico Entre los pasajeros se encontraba la señora Aterfield y su hija de corta edad llamada Lucy, que eran invitadas especiales de los dueños del barco, por lo que el capitán les dedicaba toda clase de atenciones.
Solían ocupar la mesa del capitán y charlaban alegremente, sin embargo, al cabo de varios días la temperatura cambió bastante y era frecuente ver flotar sobre las aguas del océano algunos trozos de hielo.
La señora Aterfield se asustó bastante. No le parece peligroso, capitan. No creo; de todos modos, ni usted ni su hija deben temer nada. Aquí estoy yo para solucionar todos los problemas.
La fama del capitán como marino era excelente y todos iban muy tranquilos con él, pero la temperatura iba descendiendo cada vez más y los hielos flotantes aumentaban.
Pronto aparecieron enormes masas de hielos. Terribles icebergs que era necesario sortear, y sólo la pericia del capitán lo conseguía, pues fueron muchas las noches que la niebla impedía por completo la visibilidad. así una de aquellas noches el barco se aproximó peligrosamente a un banco de hielo.
El capitán llevaba una semana sin dormir, vigilando constantemente. Encended las luces. gritó.
Dio órdenes al piloto y ordenó aflojar la marcha.
Los témpanos de hielo aparecieron en los costados del barco, todo el pasaje se mostraba muy asustado, a pesar de que el capitán se mantenía sereno y no cesaba de dar las órdenes necesarias.
Personalmente, el capitán cuidó de la señora Aterfield y de su hija, a quien tomó en brazos y la depositó en uno de los botes. Luego subió nuevamente a cubierta y permaneció en el puente hasta que el último de sus hombres hubo abandonado sano y salvo el barco. Vamos, capitán. Sálvese usted. le gritaron los suyos.
El capitán tuvo tiempo de saltar a uno de los botes, desde donde pudo contemplar el hundimiento del María Dorada.
Lucy lloraba desconsoladamente; estaba asustada y, además, tiritaba de frío. No tengas miedo, pequeña murmuró el capitán, que la sostenía entre sus brazos. Qué será de nosotros. preguntó la madre. Tenemos algunas provisiones replicó el capitán Pidamos a Dios que nos ayude. No se olviden de rezar.
Aquella noche fue terrible. Una fuerte tormenta se desencadenó sobre las dos lanchas y el mar se encrespó, separando a las dos embarcaciones.
El capitán procuraba animarlos a to dos para que olvidaran lo que estaba sucediendo y no tuvieran miedo, sobre todo a la pequeña Lucy, que no cesaba de llorar.
Continuó lloviendo durante toda la noche y parte del dia siguiente.
La tempestad continuaba levantando grandes olas y la frágil embarcación saltaba entre ellos, resultando imposible dominarla, a pesar de los esfuerzos de los marineros.
Sin embargo, nadie perdía la esperanza y la señora Aterfield con su hija en brazos procuraba incluso sonreír bajo aquella lluvia torrencial.
Aquella tormenta, la mayor que el capitán recordaba, duró doce días.
Doce días a merced de las olas, doce días soportando la lluvia, doce días te rribles.
Los ánimos comenzaron a decaer y las esperanzas de salvación eran cada vez más lejanas.
Entonces, el señor Watersby dijo que Hoy es lunes 24 de diciembre de 1973, dia número 358 del ano. Faltan siete para que termine.
Un dia como hoy 1524. Muere el navegante portugués Vasco Da Gamia, 1580. Cervantes termina su cautiverio en Argel.
redimido por padres trinitarios 1648. Fimia de la paz de Westfalia que pone fin a la Guerra de los 30 Anos 1799. Napoleon Bonaparte es nombrado cónsul de Francia por 10 anos.
180X Se descubre un complot para asesinar a Napoleon 1865. Fundan la orden secreta del Ku Klux Klan en Pulaski, Tennesce.
1924. Proclamación de la República de Albania.
1943. El presidente Roosevelt anuncia que el general Einsenhower comandará las tropas aliadas invasoras de Europa.
1961 El Presidente Kennedy se entrevista con el Presidente argentino Arturo Frondizi.
1966. Un avión de carga norteamericano se estrella y mata u 100 civiles cerca de la base de Da Nang 1970. Una corte soviética sentencia a muerte dos personas por haber intentado secuestrar un avión.
1972. Estados Unidos suspende los bombardeos sobre Vietnam del Norte con motivo de Navidad Pensamiento del días Lo bueno, si breve, dos veces bueno. Baltasar Gracian. humanista. Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.
Este documento no posee notas.