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TOT Shemsha R1979 LA REPUBLICA, Jueves de mayo de 1975 11 Por Theo Sommer Norteamérica no está aún en quiebra el que en na Vietnam no es el mundo. EI titular del Economist londinense suena bronco y cruel; pero no expresa sino un criterio realista; la aceptación del fracaso en Indochina no se puede equiparar a un abandono de toda responsabilidad a nivel politico internacional por parte de los norteamericanos. La pérdida de una alta puesta no es idéntica a una completa quiebra.
Tanto peor que el secretario de Estado norteamericano, Henry Kissinger, adornado con los laureles del Premio Nobel de la Paz, trate de infundir esto a sus compatriotas en un arranque spengleriano de decandencia del mundo. Al renunciar a diferenciar prudentemente, sopesar intereses y establecer prioridades, el práctico Kissinger trata de encubrir que ha quebrantado tres reglas fundamentales de política exterior que el teórico Kissinger expusiera otrora en su gran obra sobre Metternich y Castlereagh.
Primero: No confundir forma y contenido en los éxitos diplomáticos. Segundo: No fijarse jamás como objetivo lo que excede las posibilidades materiales de una país. Tercero: Resistir la prueba más dura y ganar el consenso politico interno para una política que hay que armonizar con la experiencia de la nación.
Nada de eso logró Kissinger. Pero seria mortal precisamente para los europeos, pretender confundir ahora el fracaso de las aspiraciones kissingerianas con un fracaso de la política exterior norteamericana.
Los acontecimientos han pulverizado también el sueño de la omnipotencia norteamericana.
Make the world safe for democracy ello no es viable en todas partes, y mucho menos alli donde los potentados no muestran interés por la democracia, sino que prefieren construir jaulas donde encerrar incluso a la oposición no comunista Con todo, los Estados Unidos continúan siendo una potencia mundial.
parte de ellos a Europa. La pérdida de Indochina abre heridas solo en la psiquis norteamericana.
La pérdida de Europa en pug.
con los rusos, por contra, inclinaría la balanza de la política internacional contra Estados Unidos, poniendo en peligro su propia existencia fisica. En un mundo lleno de adversidades quedarían entonces solos.
Ultimamente circulan resultados de encuestas según las cuales el 39 de los norteamericanos no están dispuestos a acudir en ayuda a Europa caso de ataque soviético.
No hay razón para alarmarse ni perder esperanzas, tales resultados de encuestas no significan sino que la mayoria de los norteamericanos no pueden percartarse actualmente de una amenaza acuciante. Si se presentase palpablemente reaccionaría sin duda más enérgicamente.
Nada es tan absurdo como el barato lloriqueo con algunos propagan que la credibilidad de Norteamérica quedó por los suelos; que si deja a Vietnam la estacada abandonará también a Europa en caso de gravedad. Sentencias como Un trozo de seguridad del mundo libre se perdió estos días (recogida de un periódico dominical de gran difusión en Alemania) y otras por el estilo se salen por la tangente. Como contrapartida está el sereno criterio del secretario general de la OTAN, el holandés Luns, de que, antes bien, Europa habría de respirar aliviada si los norteamericanos se sueltan definitivamente del enredo indochino y concentran de nuevo sus fuerzas en su esfera de intereses más estrecha.
No se olvide que la política es el arte de lo posible. En Indochina, Estados Unidos trataron de hacer lo imposible bajo seis presidentes.
Si ahora guiados por el convencimiento de la imposibilidad de dar cumplimiento a sus deseos, sacan la consecuencia. quien se atravería recriminarselo. También los aliados europeos de Norteamérica reconocen que el confesar el fracaso es mejor que aferrarse al fracaso. Saben también que la reanudación de los bombardeos daría tal vez satisfacción a un concepto ficticio de prestigio norteamericano, pero que condenarían así a la población de Indochina a la miseria y a la muerte. se ercatan de que una Norteamérica que, luego de ingentes sacrificios de bienes y sangre, trata de lavarse las manos en señal de inocencia, lastra a la alianza atlántica mucho menos que lanzándose ahora una vez más a una intervención desesperada.
En esta hora de tribulación, los norteamericanos necesitan el aliento de sus amigos europeos.
Digámoslo abiertamente: Nosotros (europeos) los necesitamos a ellos todavía; seguimos confiando en ellos; a nuestros ojos el fracaso de la empresa de Vietnam no los descalifica.
Digámosles que la valuación que nosotros hacemos de su fiabilidad no viene determinada por la tragedia vietnamita. Ellos trataron de hacer en Vietnam lo mejor que podian, aunque no pudiesen evitar lo peor.
La vara para medir nosotros su fiabilidad la cortamos de la propia experiencia con ellos, de los propios intereses, opciones, alternativas y no de la irreflexiva transferencia de lo intransferible. agreguemos tranquilante: Los norteamericanos nos necesitan a los europeos todavía. El recurso al aislamiento no les vale hoy por hoy; el camino de retorno a la fortaleza Norteamérica lo tienen cerrado.
Tras el desastre vietnamita dependen más que nunca de nosotros, tanto por lo menos como nosotros de ellos.
Es innegable que Estados Unidos se encuentran hoy en una crisis. La toma de conciencia de no poder todo fuera de sus fronteras es el amargo legado de su engagement en Vietnam. En el interior viven la primera depresión desde la guerra, paro obrero e inflación cristalizan su infortunio.
Watergate les ha conmovido hasta el tuétano de los huesos. Por primera vez son gobemados por un presidente no elegido cuya tarea excede además a sus fuerzas, un hombre de cuya talla de estadista comenzaron a dudar en cuanto se fue pasando el alivio por el ocaso de Nixon.
Pero continúan siendo una potencia digna de ser tomada en serio, industrial, técnica, militarmente. Europa depende de ellos, hoy precisamente.
Tres axiomas tácitos han determinado en los últimos años la politica soviética; que el comunismo alcanzó en el Elba la raya de su expansión; que el Occidente capitalista puede prestar a la Unión Soviética la decisiva ayuda a su desarrollo para alzar la primera potencia del siglo diecinueve a la nueva era; que el apoyo a guerras de liberación nacional no compensan al fin de cuentas: Hoy día se tambalean estos axiomas.
En Portugal, los jerarcas del tremlim esperan situarse, a salto de caballo sobre el tablero de ajedrez, en el flanco europeo; España, Italia, Grecia y Turquía podrían ser las próximas fichas de un dominio revolucionario. La depresión en Occidente ha rebajado las esperanzas de Breznev puestas en la ayuda económica, pudiendo desaparecer así un incentivo esencial de la postura pacifista. en Vietnam se ha revelado que las guerras de liberación nacional no son tan estériles. La tentación de echar ahora leña al fuego en otras partes podría ser demasiado fuerte.
Todo esto quiere decir que Europa necesita hoy más que nunca el respaldo de Norteamérica. Los rusos tienen un sano respeto por la primera potencia occidental.
En tanto que norteamericanos y europeos permanezcan unidos es poco probable que el liderazgo soviético ceda a las insinuaciones ideológicas y se lancen una vez más a la aventura.
Por contra, Estados Unidos no pueden prescindir de Europa. El repliegue al propio bastón de su pais seria hoy más difícil que hace cuatro decenios. Desde la legislación neutralista de los años treinta, los norteamericanos se han insertado demasiado en el mundo como para poder recluirse de nuevo sencillamente en su concha Su postura con respecto al Cercano Oriente lo demuestra: el 66 es partidario de suministrar a los israelies todo lo que necesitan para su defensa. la historia lo ha demostrado ya: la nación que en 1937 se declaró neutral frente a Hitler saltó a la brecha en 1940.
Es cierto que la élite que controla la política exterior en el Congreso es nueva y está verde.
Pero de tonta no tiene un pelo.
Nada sentimental, no es incapaz de sopesar con sentido realista los propios intereses.
Los europeos no perderían nada si tratasen de trabar contacto con esta nueva élite, que tiene más futuro que la vieja y no menos sentido común. No es propio de ella confundir a Vietnam con el mundo ni, en aislamiento ciego, medir por el mismo rasero todos los compromisos internacionales.
Para decirlo con el Economist. Las noticias son malas, y honda la melancolia; pero la idea de que el pueblo norteamericano vuelva ahora la espalda al mundo es disparatada. Hoy dia no contemplan el Globo por los ojos de los know nothing plantadores de maiz, sino con los de los astronautas. Hay cosas que estrechan lazos: inversiones privadas de más de cien millones de dólares en ultramar, una exportación que asciende a 50. 000 millones de dólares al año, seis millones de turistas, la mayor La URSS o la inflación disimulada el antiguo modelo, su motor es algo más potente y su interior un poco mejor acabado, pero su carroceria no ha sido modificada, si se exceptúan algunos detalles.
2, 60. Pero estos precios, y otros más, fijados por el Estado, no consiguen disimular el proceso inflacionario soviético que se traduce en escaseces endémicas de una economia donde la oferta sobre todo en lo tocante a ciertos productos de consumo es incapaz de satisfacer la creciente demanda de una sociedad cuyo poder adquisitivo aumenta también.
En cambio, la modificación de su precio podría hacer soñar a los constructores occidentales de automóviles: 500 rublos (unos 900 dólares. en lugar de 500 rublos que costaba el modelo anterior; así pues, el aumento de precio ha sido de un 36 Oficialmente, no existe inflación en la URSS. Según la prensa Soviética, la inflación viene a ser un cáncer económico que sólo se desarrolla en la atmósfera inficionada malsana del capitalismo. En cambio, en la URSS, afirmaba hace poco un alto funcionario soviético, el indice de los precios al por menos ha bajado un treinta por ciento desde el año 1970. sin embargo, son numerosos los ciudadanos soviéticos que se quejan del aumento de los precios en varios sectores, como por ejemplo en los de la vivienda, de la alimentación, de la ropa de vestir.
etc. Un experto en lenguas extranjeras estima que para alimentar y vestir a su familia, o sea, a su mujer y a dos hijos, necesita ahora dos veces más de dinero que en 1970. Una enfermera estima por su parte que la subida de los precios ha sido de un 20 en ese mismo lapso. Casi todos los ciudadanos tienen que arreglárselas para completar su salario para poder seguir viviendo. dice un analista industrial. El que sólo tiene su salario para Vivir es verdaderamente muy pobre.
Precios Ojados por el Estado El sistema de precios fijos utilizado en la URSS para los productos que se venden en los almacenes del Estado, y la supresión de sistemática de toda información sobre la subida de los precios hacen que resulte prácticamente imposible establecer estadísticas sobre el costo de vida, que puedan compararse con las que regularmente se publican en Occidente.
Pese a las alegaciones oficiales, la inflación existe en la Unión Soviética, aunque no se desarrolle a un ritmo tan acelerado como en numerosos paises de Occidente.
Algunos precios no han variado desde hace años. Un billete de metro, por ejemplo, cuesta kopek (unos céntimos de dólar. los mismo que hace veinte años. El precio de un litro de leche (40 céntimos de dólar. no ha variado desde hace diez anos, y las patatas, cuando se las encuentra valen todavia 13 céntimos de dólar. En cuanto a la care de vaca, el kilo está fijado en rubles (US dolares La subida de los precios en la URSS es a veces enorme. ΕΙ invierno pasado, los precios de los productos de lujo, como el caviar, el salmón ahumado, las pieles y las joyas doblaron de la noche a la mañana.
objeto hacer disminuir el consumo de alcohol. No obstante, no parece que sea muy eficaz.
Algunas publicaciones soviéticas, y algunos funcionarios, coinciden con los consumidores en las acusaciones que formulan contra numerosos fabricantes de bienes de consumo, quienes producen sobre todo articulos relativamente caros con lo cual esperan poder alcanzar los objetivos previstos por los planes económicos en detrimento de los articulos de precio más asequible.
así se explica el aumento del costo de vida en la URSS, aun cuando los precios no varian Hace unos años explica una ama de casa se podía comprar carne de temera por 1, 20 rublos el kilo (1, 80 dólares. Ahora, es mucho más sencillo, no encuentra en absoluto. El kilo de carne de vaca sigue costando rublos; ahora bien, antes le daban a uno algo que valia lo aue uno pagaba, pero ahora, le dan a uno mitad de carne de mitad de hueso.
El vodka más caro Hace unos cuatro años, las marcas de vodka de buena calidad, como la Stolichnaya y la Moskovskaya, que costaba 3, 12 kopec el medio litro empezaron a ser dificiles de encontrar en los almacenes. Entonces se lanzaron al mercado nuevas clases de vodka, al precio de 62 y de 4, 12 Un procedimiento utilizado en la Unión Soviética, lo mismo que en Occidente, consiste en presentar un nuevo modelo o una nueva versión de un producto.
encomiando las mejoras de que ha sido objeto, y en utilizar este pretexto para aumentar considerablemente el precio. Asi pues, una versión perfeccionada del Jiguli (el Flat soviético fue lanzadultimamente al mercado. En comparación con se pero de rublos más caras calidad inferior a las antiguas.
Según una explicación oficial, la subida de los precios tiene por (C. Etudes politiques, Bema. Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.
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