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LA REPUBLICA, jueves 15 de enero de 1976 A un señor diz que intelectual que nos interesa en él es el esfuerzo que realiza por alcanzar la santidad, la lucha contra las tentaciones, porque ese esfuerzo y esa lucha son también los nuestros. Eso dice un crítico francés, usted dice. aunque los resultados de toda esa literatura sean la angustia. la desesperación, el desengaño, la amargura y la actitud negativa ante la vida, se recomiendan a la juventud, a los estudiantes, al pueblo entero porque dejan cultura.
encontró un alma caritativa que lo apartara de la confusión.
Que yo sepa es la primera vez que alguien opina que en Otelo hay apologías del odio. eso que es una obra sobre la cual se ha dicho prácticamente todo. Los ingenuos, los pedantes, los eruditos, los snobs y los non plus ultra de la sapiencia, pobres almas, han creído ver en ella o la elemental lección de que los celos conducen a la destrucción asi de simple. o que la envidia, personificada por Yago, termina por corroerlo todo. No es una novedad para nadie que haya estudiado alguna vez literatura, que los autores toman personajes con alguna falla para que el espectador o lector, al ver su triste destino, no cometa las mismas faltas. Mientras más profundo sea el retrato de ese pobre ser humano, mayor es la posibilidad de que llegue a todos los públicos de todos los tiempos. Confundir los estallidos de celos de Otelo y los nefastos planes de Yago con apologías del odio es tan torpe como recordar de una muy buena novela como Murámonos, Federico sólo las palabrotas. Los artistas oscilan sin cesar entre dos polos: la inclinación a imitar directamente la naturaleza y el deseo de restituir su importancia a la imaginación. ningún alma pacata va a impedirles que usen el lenguaje que les parece adecuado para este fin. Ojalá, casto señor, que no llegue jamás a sus manos una obra de Jean Genet porque ahí el que caerá patas arriba será usted.
Claro que sí. Las infinitas posibilidades de la mente humana están concentradas en las grandes obras de arte. El afinamiento de la sensibilidad que proporciona el conocimiento de tales obras hace que el hombre sea mejor cada día y evolucione para bien.
Alejandro Sieveking Soy un recién llegado al medio cultural cos.
tarricense y, tal vez por eso, debiera mantenerme al margen de toda polémica. Nunca contesté a los que me atacaron porque el hecho de trabajar sobre un escenario lo pone a uno de inmediato como tema de los más diversos comentarios. Es un riesgo que se corre y hay que aceptarlo. En este caso usted no me ataca a mí, pero sí a cosas que amo y respeto, bajo el pretexto de la defensa a las telenovelas.
Cierto es que todo hombre siente la necesidad de expresar sus ideas de vez en cuando y cierto es que si no hubieran gustos no se venderían las telas, y nadie piensa que los entusiastas de las telenovelas sean débiles mentales.
Al contrario, es muy digno de un hombre defender lo que está más cerca de su corazón o de su cerebro.
Si su entusiasmo se vuelca hacia la telenovela, allá él.
y ojalá algún día, con el transcurrir de los años, le to.
que ver alguna bien escrita y bien actuada, que se han No es escondiendo la cabeza adentro de la falsa simplicidad de las teleseries, que alguien va a llegar a darse cuenta de lo que pasa a su alrededor. no es tampoco que sólo le exija a la televisión desempenar un papel cultural, pero cuando ofrece programas de entretención, que lo sean de verdad, bien hechos.
Hasta los mejicanos, que en este terreno no son fanáticos del buen gusto, han producido programas de un alto nivel como La tormenta. Por qué, entonces.
conformarse con las artificiosas desventuras de ciegas con pestañas postizas, enamoradas de médicos (también con pestañas postizas) que tienen padres aristocráticos viviendo en evidentes y lamentables estudios de televisión. Es mentira que la gente sea mala o buena como esos pintorescos personajes, que ningún actor se prestaría a representar si no fuera porque les pagan bien.
Tampoco es justo poner a un mismo nivel a la Pe.
quena Lulú con ese bodrio del Super Ratón.
Por último alguien que considera que Cien años de soledad está plagado de vulgaridades y corre.
fascinado, a ver Pobre Clara debería saber que hay también un tipo de literatura acorde con sus preferencias. Le recomiendo las novelas de Corín Tellado. Serán de todo su gusto.
Atentamente. Siempre se ha hablado del porqué ni en la novela ni en el teatro se presentan individuos fuertes o felices, y se habla de un deleite de los autores en la presentación de personajes más o menos morbosos.
Pareciera que es más estimulante presentarnos personajes sanos. El hombre totalmente sano y perfecto no existe y además no tiene problemas, lo que lo hace poco interesante. Su representación en una novela o un escenario tendría un efecto desmoralizador: se nos mostraría un ideal que jamás podríamos alcanzar. Se puede presentar un santo en una novela o en el teatro porque un santo no es un personaje sano al principio, es un ser que lucha para conquistar esa salud espiritual llamada santidad. Lo dado casos, Pero que arremeta torpemente contra un tipo de literatura porque no la entiende, bueno, ese es otro asunto. Uno de los graves riesgos de los articulistas es dejarse llevar por las palabras y, me temo, usted no Alejandro Sieveking.
Adiós, Dame Agatha Ricardo Blanco Segura No es raro (y ya lo doy por descontado)
que por volver a expresar mis gustos en estas páginas, de nuevo pongan el grito en el cielo los empingorotados elegidos de los dioses, a quienes les dio el soponcio porque a mí me gustaban las telenovelas. En estos tiempos, en que se debe respirar por García Márquez, comer por Vargas Llosa y oler por Cortázar, dejando otras funciones secundarias para Alejo Carpentier, Miguel Angel Asturias, Ernesto Sábato (este se ocupa de la circulación de la sangre y de las ideas en si. no es lícito manifestar simpatía por otros autores y géneros literarios, como no sea con la boca torcida y la mirada encima del hombro, sacudiéndose alguna basurilla como al descuido. Pero no me importa. Sé muy bien que en este mundo ya no queda ni el exquisito derecho a ser mediocre, como yo. Por lo tanto, me lo tomo por mí y ante mí, y vengo hoy porque así libremente lo desco a rendir un póstumo homenaje a esa viejilla encantadora, que tantos ratos agradables me ha deparado (que corren parejos con el aumento de mi presbicia) y que en vi: da se llamó Dame Agatha Christie. Ni que decir de mi apasionamiento por la escritora inglesa; y al manifestarlo tengo la satisfacción de no estar solo, porque si a más de un selectísimo elegido le sorprende esa aferrada admiración, millones (y aquí si que puedo hablar de ellos) estarán conmigo.
No conozco a Agatha Christie en toda su originalidad, porque el inglés constituye, precisamente, uno de los idiomas que jamás aprendi ni quiero aprender. Con trabajos sé decir Chesterfield Lucky Strike tenkiu very moch y am sorry (cuyo significado crei que era: yo soy una zorra. por eso es que me he quedado hablando un español anquilosado y medio aldeano, en estos tiempos que tanto agradan a don Cristián Rodríguez. Sin embargo, y mediante las excelentes traducciones al español que existen, en especial las de la Editorial Molino, he leído la mayoría de las obras de la reina inglesa del misterio, y cada dia ido creciendo más mi admiración por ella.
En primer término, no es Agatha Christie una novelista más de obras policíacas. Sus textos salen fuera de lo común, porque, pese a la aparente banalidad del tema, sabe salpicarlos de diálogos, reflexiones, sentencias y observaciones, que a veces tienen todo el refinamiento de un Wilde (inglesa, al fin y al cabo. o la picardía y la sátira de Bernard Shaw. Porque la autora no se limita al desarrollo de una acción preconcebida, cuyo natural desenlace es el descubrimiento de un asesino, sino que ambienta sus obras de tal manera, que en cada una de ellas encontramos un retrato de la sociedad y costumbres de su tienpo, especialmente en Inglaterrra. En cuanto al diálogo, son notables por su ironia y gracia, los libros protagonizados por la pareja de Tommy y Tuppance, ésta última inefable esposa, siempre imponiéndose a su marido. En cuanto a las costumbres, especialmente rurales y pueblerinas, las obras tienen como figura central a Miss Jane Marple, nos dan una cuadro muy completo de la vida en una sociedad pequeña, de aldea inglesa, con sus conservadoras solteronas, las modistas lenguonas, el Vicario y su mojigata esposa.
algún coronel retirado y un capitán misterioso que al final no resulta serlo tanto.
Todo, sin faltar una Lady con pasado turbio una millonaria norteamericana de vacaciones, perfectamente descrita. es en este terreno donde Agatha Christie demuestra un profundo conocimiento de las reacciones humanas; porque sin mucha descripción externa, cada quien queda retratado por sí mismo, a través de sus reacciones durante el desarrollo de la obra. es innumerable la cantidad de tipos humanos, todos diferentes que la genial escritora británica nos ha dejado en sus páginas, de las cuales ella misma dijo que estaban escritas para ser olvidadas y sin embargo, al parecer, van a resultar todo lo contrario.
La máxima culminación de este conglomerado de elementos literarios en Agatha Christie, son las novelas que tienen como centro la figura de cabeza ovoide, grandes bigotes, atildado vestir y voracidad gastronómica de Hercules Poirot, su héroe principal y criatura legítima de la autora. El desenvolvimiento de las tramas, en esta clase de noyelas, siempre es sorpresivo en Agatha Christie. Pocos autores de este género se han dado el lujo de jugar con el lector como esta inglesa marrullera, que se complace en hacemos sospechar de medio mundo hasta el punto de llegar al final, señalar Poirot al presunto culpable, hacérselo ver en presencia de todos con pruebas contundentes, y, ante la sorpresa del inculpado, volverse para decir, ya en la última página: pues no señor, el culpable no es usted. El culpable es fulano o fulana. se queda uno con tres palmos de nariz, desengañado de si mismo. En este aspecto, la técnica de Agatha Christie es a veces muy sofisticada y complicada, con afectaciones que no suelen usar Georges Simenon, Conan Doyle o Ellery Quen. Tómese por ejemplo, Muerte en las nubes en que usa hasta una abeja para picar y envenenar a una persona, o el intrincado desenlace de Asesinato en el campo de golf. Sin embargo, como obra de arte en novela policiaca tenemos un ejemplo en la que es (para mi concepto muy personal su obra maestra de sutileza, desarrollo y desenlace sorpresivo: El asesinato de Rogelio Aircroft. Como que al fin y al cabo, casi como una burla al confiado lector que jamás espera tal solución, el asesino es el propio médico que atendió a Rogelio, llamó la policía y escribió la supuesta narración.
Ha muerto Agatha Christie. No sé cómo la historia de la literatura mundial ha de juzgarla, ni me interesa. Lo que sé es que hoy, miles de lectores deben lamentarse. yo entre ellos. Porque si alguien me ha hecho pasar ratos agradables ha sido ella, la del libro siempre a mano para matar las horas. eso es mucho decir. Otros autores, acaban matándolo a uno. De lo que estoy seguro, es de que siempre estará en librerias. Al menos, por muchísimos años.
Adiós. Dame Agatha Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.

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