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LA REPUBLICA, Lunes 26 de enero de 1976 13 Una antiquísima norma administrativa esen ES interesante revisar nuestro ordenamiento jurídico, para determinar las razones por las cuales vienen tableciéndose sistemas en las oficinas administrativas, como por ejemplo, darle un número a una misiva.
Claro es, que la costumbre es una fuente de Derecho Administrativo, si es que, dentro de esta disciplina se establecen como fuente de Derecho, elementos formales y no formales, que logren alcanzar una eficacia normativa, expresamente establecida; pero lo interesante es conocer su origen.
Así, se obtiene la circular VI, que copia de la página 312 de Circulares de la Epoca. para luego analizar y determinar que ésta es la norma más antigua del Derecho Administrativo en vigencia.
Política de 1847. fungiendo como Ministro de Relaciones Exteriores y Gobernación, don Joaquin Bernardo Calvo, en donde se imparte una norma de Derecho Administrativo, que hasta hoy está vigencia, en cuanto todavia se controla, este tipo de notas, con un número, como el medio necesario para archivarlas y localizarlas luego. Hoy, al comenzar el año, se inicia la numeración y al finalizar este, se determinan, cuántas notas u oficios se cursaron durante el año. Estos oficios se hacen con copias, las cuales se conservan y se empastan. lo que resulta el medio necesario para ser localizadas luego. determinándose cuál fue el contenido de cada nota. De ahí considero, que esta norma está vigente, aunque talvez perfeccionada.
Al referirse a la marquilla. se refiere concretamente al papel, el cual resultaba ser de 43. 5X63. que hoy no se usa, pues resultaba al extremo grande y puede considerarse algo similar a un cartapacio, que hoy sirve.
confeccionado con papel manila, para archivar copias.
así podrían expedirse con marquilla. las que enviaba la gobernación al Ministro o al Presidente.
Será acaso. que al papel de nota se le conocía con un costumbrismo. como Marquilla y resultaba ser un pliego de papel de tipo normal con una sola cara. Es posible, pero hago énfasis en la de.
finición de marquilla, considerando que nuestras tradiciones tienen origen español y como éstos son tan ceremoniosos, se estaba copiando la fórmula.
Dentro de esta circular se le da al Dr.
Castro Madriz, quien es solamente un abogado, un tratamiento muy especial como el de el Benemérito General Presidente.
Lic. José Rafael Meza.
Ad CIRCULAR VI. Dispone que las notas y comunicaciones de las oficinas subalternas, tengan a más de la marquilla, el número de orden correspondiente.
MINISTERIO DE RELACIONES EXTERIORES GOBERNACION, No 345. Casa de Gobierno, San José julio 27 de 1948. Circular. Deseando se establezca en las oficinas subalternas de la ministración el mejor orden en la correspondencia oficial, como se acostumbra en todos los países civilizados, el Benemérito General Presidente ha tenido a bien prevenir: que en lo sucesivo las notas oficiales procedentes de las oficinas subalternas no sólo contengan la fecha respectiva, sino también la marquilla con el número correspondiente. Al intento tengo el honor de escribir a asegurándole de nuevo que soy su obediente servidor. Apreciemos que el papel de carta es de 22X34 (pulgadas. mientras que el papel de oficio, que usamos generalmente los abogados para confeccionar las escrituras, es de y 2 13 pulgadas, con lo que se determina lo grande que resultaba la marquilla, la que forzosamente debería doblarse al medio, con lo cual resultaba una nota de caras, a igual que el papel de oficio, en que se confeccionan los testimonios de las escrituras.
Estas misivas a que se refiere la circular, correspondía a las que expedían los inferiores sus superiores, las cuales necesariamente tendrían que distinguirse; y En esta época, que no existia aún la República, la cual se fundó a partir del 30 de noviembre de 1848. al Jefe de Estado se le asigna como obligación conservar el orden.
tranquilidad y seguridad del regimen e integridad del Estado. y en consecuencia él era el jefe supremo, no sólo del Estado, sino del ejército y como tal, debería tener el más alto grado militar. Por ello se le da el tratamiento de General. Además se le agrega otro tratamiento: su excelencia)
que es una reminiscencia de la época colonial, que se le daba a una persona muy ilustre, junto con el de Benemérito.
Hoy, esos tratamientos para nuestro medio pasaron a ser solamente una aspiración.
aunque se mantienen en otros países. No obstante, en los actos protocolarios, suelen aún usarse el tratamiento de para referirse al Presidente de la República, Ministros de Estado. Nuncio Apo stólico y demás miembros del Cuerpo Diplomático y al Arzobispo.
Resulta muy interesante considerar que el Derecho Administrativo, tuvo sus bases en principios como el referido en esta circular.
Teóricamente y situándonos en el ámbito de la historia, partiendo de un Estado de Derecho creado por la Revolución Francesa; antes, la primera forma de Estado se dio en la monarquía absoluta, en donde el monarca absoluto. legislaba dictando por sí y ante sí, normas que no eran subordinadas de ninguna otra (no había otra fuente) y éstas constituían las primeras fuentes. Luego, estas funciones que el ilustrado monarca ejercía, dentro del Estado de Derecho. fueron divididas, en Legislativo. Ejecutivo y Judicial.
Dentro de este principio, es en que me apoyo para asegurar, que la circular en referencia es una norma y la más antigua, del Derecho Administrativo patrio. Esta es una Fuente de Derecho Administrativo.
Calvo.
a Se está en la administración del Dr.
Castro Madriz, regida por la Constitución La Biblioteca Patria de la Editorial Costa Rica se una Ricardo Blanco Segura Siempre ha creído y dicho, y cada día con mayor convicción, que uno de los aciertos más patentes, entre los muchos desaciertos y entuertos que en este país se hacen, fue la creación de la Editorial Costa Rica. Se llegó a ella, porque era ya un clamor general tanto de parte de los intelectuales como del público, la falta de una casa editora que estimulara, respaldara e imprimiera la producción literaria de nuestros autores. Comenzó modestamente; presentó, tímida como una doncella, vestida con la modestia de carátulas que se distinguían únicamente por el color correspondiente al género de la obra; así salieron los libros de Gagini, de Lilia Ramos, de Anastasio Alfaro e incluso la primera edición de Monseñor Sanabria del suscrito. Luego, la tímida muchachita creció y creció, superó las congojas de su inexperta adolescencia y de repente se nos hizo una dama altiva y vigorosa que hoy en día se da el lujo de aparecer en las librerías vestida como quiere y cuando quiere.
De las humildes carátulas del principio, pasó a las más atrevidas y bellas de la actualidad, capaces de competir en presentación con las mejores del mundo; y de unos cuantos escritores que al principio se atrevieron a presentar sus obras y de las simples reediciones de nuestros clásicos. pasó a una inmensa diversidad de autores de los cuales alguien dijo una vez que donde se iban a encontrar y hoy en día nos dicen con sus obras que en este país se escribe realmente, Todos, en mayor o menor grado, le debemos algo a la Editorial Costa Rica. No creo que exista un solo intelectual en nuestra patria que no haya tenido que ver con la Editorial, porque siempre alguna vez hemos ido a tocar sus puertas en busca de acogida para lo que escribimos. Yo, al menos no podría haber visto mis dos obras Historia Eclesiástica de Costa Rica y Monseñor Sanabria editadas con tanta propiedad si no fuese por esa casa en virtud de la cual no tiene uno que pasar apuros económicos para ver editados sus libros.
Entre los aciertos que ha tenido la Editorial en los últimos tiempos, está el de la creación de la llamada Biblioteca Patria, una colección que ella misma explica en estas breves palabras: Publicar una serie de obras de la máxima importancia, que no existian como tales o que estaban totalmente agotadas desde hace muchos años y que forman parte valiosísima de nuestro patrimonio cultural. La idea es magnífica.
Efectivamente, hay en la bibliografia costarricense, obras que por su indole, limitada edición, etc. constituyen auténticas rarezas, privilegio de bibliotecas públicas o particulares muy selectas y por ello de un costo material muy elevado. Especialmente obras históricas, algunas cotizadas a doscientos, trescientos y cuatrocientos colones en compras y ventas de libros como El Erial de don Carlos Valverde; y esto, cuando él puede conseguirlas en alguna biblioteca de un cura o un profesional difunto. Porque si Valverde no lo tiene, desengañese el lector de que va a conseguir el libro muy fácilmente. Esa conversión del libro en rareza, se debe a diversos factores. El primero, la limitada edición que de ellos se hizo en otros tiempos, algunas veces efectuada en Europa y con escasa circulación en nuestro medio; tal es el caso de la Historia de don León Fernández, los Documentos del mismo autor (cuyo tomo primero era un tabú hasta hace poco tiempo) y las obras del Marqués de Peralta. En otros casos, el mismo autor por causas que no es del caso especificar aquí, se encargó de destruir alguna de sus obras, como lo hizo Monseñor Sanabria en alguna oportunidad con uno de sus libros. La biografia de Monseñor Llorente, fue también durante años algo así como el vellocino de oro para los bibliófilos. Hoy, gracias a la Editorial Costa Rica, puede cualquiera tenerla en sus manos.
Otro factor de rareza, fue la única edición que de aquellos libros se hizo; con costos compraba la gente la primera, mucho menos resultaba una segunda.
Así, fueron acumulándose títulos que las generaciones posteriores desconocían casi por completo y por ende a sus autores, que tuvieron la mala suerte de ser pioneros en un anbiente apático y poco estimulante y se vieron reducidos a ser objeto de la atención de círculos muy pequeños de intelectuales.
León Fernández, Ricardo Fernández Guardia, Monseñor Bernardo Augusto Thiel, Francisco Montero Barrantes, Victor Sanabria, etc. son figuras de nuestras letras dignas no sólo de leerse sino de recibir el homenaje de todo costarricense culto.
Porque su aporte a la formación intelectual de sus conciudadanos es realmente trascendental. Hoy la Editorial Costa Rica nos los devuelve en una magnifica colección, preciosamente presentada e ilustrada, en algunas casos como para deja a uno con la boca abierta si se tiene a mano esa belleza que es Costa Rica Precolombina de Luis Ferrero Acosta.
En buena hora continúe la Editorial Costa Rica esta excelente labor, y ya que se refiere al tema que estoy tratando, me permito hacerle sugerencia: Me ha extrañado que en la lista de obras de la Biblioteca Patria, falten dos que son para mí fundamentales: Costa Rica, Nicaragua y Panamá en el siglo XVI de don Manuel María de Peralta y dignísimo complemento de la Historia de don León Fernández, además de joya bibliográfica rarísima y carísima; y La Orden Franciscana en Costa Rica de don Eladio Prado. Este último, historiador de los mejores e injustamente olvidado y prácticamente desconocido en la actualidad. En el libro que señalo, está la más completa historia de Orosi, que se ha escrito en el país, digna de recordar ahora que se habla de restauraciones y salvación de monumentos; contiene valiosísimos informes sobre todos los pueblos del país que administraron espiritualmente los franciscanos y es obra de consulta obligada en múltiples aspectos. Lo digo, porque constantemente remito a estudiantes y estudiosos a su consulta cuando por algún motivo me hacen preguntas en el Archivo Nacional. Para ello, se ven obligados a consultar el rarísimo libro en la Biblioteca Nacional (ignoro si en la de la Universidad está) o pedirlo prestado a algún historiador como don Carlos Meléndez o don Rafael Obregón que si lo tienen. Si un libro está en esas condiciones ¿no sería oportuno y justo incluirlo en la Biblioteca Patria. No sería, también un homenaje a la sabiduría y humildad de don Eladio Prado? La Editorial Costa Rica tiene la palabra. por lo demás, que Dios y la Patria nos la conserven para siempre.
Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.

    Monseñor Victor Manuel Sanabria
    Notas

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