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are o LA REPUBLICA, martes de abril de 1976 La cultura y la televisión El hampa y los servicios que ya no presta el Estado El programa del Ballet Bolshoi que presentó el Canal la semana pasada, es uno de los más bellos programas cuiiurales, que al igual que otros presentados por este mismo Canal. El Mercader de Venecia, Especiales desde el Teatro Nacional, etc. han sido posibles gracias al esfuerzo de distintos patrocinadores, interesados en la difusión de la cultura, así como el interés por este tipo de programas, del propio Canal He querido referirme al problema de los patrocinadores, haciendo un breve comentario a la nota aparecida en un periódico de la tarde, con el título de Farandulerias. el 30 de marzo.
certarse el telón para realizar un cambio.
Es lógico que nadie desea escuchar un anuncio comercial, no sólo en este programa, sino en ningún programa; pero mientras la televisión se desenvuelva dentro de las normas lógicas de la empresa privada, tendremos que tener patrocinadores comerciales.
Actualmente existen tres tipos de Estaciones de Televisión: la Televisión Estatal con total responsabilidades del mismo, la Televisión Privada de carácter comercial y la Televisión por Cable, que permite mediante el sistema de abono, disfrutar de programas de alta calidad sin ningún anuncio. Por supuesto este tipo de televisión significa un desembolso económico para el abonado.
Cada vez que se ha solicitado el patrocinio para los programas Especiales. las instituciones del Estado y la industria privada, han respondido. Desgraciadamente no son todas las instituciones, ni toda la industria privada, pero su esfuerzo merece gratitud y considero que si el requisito para ver un buen programa es tener que escuchar comerciales, siempre que se pongan en los lugares adecuados, estaré agradecida a aquellos patrocinadores que han consegudido que se proyecten y espero de todo corazón que continúen haciéndolo siempre.
Graciela Moreno Carlos Morales La filmación de este programa, que indudablemente todos estamos de acuerdo en considerar extraordinario, se debió a un arreglo especial entre el Teatro Bolshoi y la Compañía de Televisión de Londres, BBC, quien a su vez vendió los derechos para la distribución mundial a la ABC.
Esto significa que la proyección tiene un costo muy alto y que en todos los países en que se presentó y que fueron la mayoría de las capitales importantes del mundo, las estaciones de televisión obtuvieron el apoyo económico de los patrocinadores, para hacerlo posible. Cuando el Estado tiene su propia Televisora Cultural, lo que es necesario y tengo la esperanza es pade que algún día sea una realidad, ya que indispensable en cualquier país que se preocupa por su desarrollo cultural y social, este tipo de programas pueden presentarse sin ningún trocinador comercial, ya que la propia estación absorbe los gastos.
Pero en el actual caso considero injusto el comentario, ya que los comerciales se colocaron en los lugares especialmente diseñados para ellos; es decir no se cortó ninguna secuencia, sino que se proyectaron entre acto y acto, al Hasta hace poco tiempo, los miembros de la generación que ahora anda por los 25 30 años de edad, teníamos grandes problemas para practicar de tarde algún deporte callejero y, en las noches, muchas veces fracasaban las tertulias de la pulpería esquinera, por culpa de los vigilantes de Seguridad Pública, que nos arrebataban la bola de tenis y dispersaban la reunión de la barra.
Existía un verdadero movimiento policial en toda el área metropolitana, que rapidamente controlaba las mejengas callejeras o los diferendos con visos de escándalo que se iniciaban en cualquier barrio.
Eran los tiempos en que el presupuesto de la República no había llegado todavía a los mil millones de colones. Ahora, cuando el gasto fiscal sobrepasa cada año los C3. 000 millones, cualquiera puede armar un escándalo público o invadir a mano armada una pacifica residencia, sin temor a que representantes del orden se presenten en plazo de 30 40 minutos.
Los hampones se han dado cuenta de ese fenómeno singular que revela las inclinaciones crustáceas de nuestros gobiernos, que, en vez de marchar hacia adelante, desevolucionan y buscan increíblemente el precipicio en numerosos renglones, aún a pesar de disponer de mucho más recursos que antes. las píldoras del Dr. San Martín?
En los sectores residenciales de Moravia y Guadalupe, donde antes la policía era transeúnte común en la barriada, se ha desatado últimamente una ola de robos impresionante, que mantiene atemorizada a la población. Los cacos han llegado al extremo de utilizar toda la extensión de la madrugada para volar una reja, desprender una fila de celosías y, ante el pánico de los dormidos propietarios, pasearse por una residencia en recolección de objetos valiosos y sin que llegue un policía. No existe ninguna atención por parte de los cuerpos represivos, en infinidad de barriadas de la capital. Los ladrones lo saben y se toman el tiempo necesario para realizar un asalto al estilo de cualquier wenstern de mala factura. Un dia de estos me enteré de que en uno de esos barrios, un grupo de maleantes, armado hasta los maxilares, mantuvo con las manos en alto a varios vecinos, mientras sacaban pesadas pertenencias de una casa asaltada. La operación transcurrió en absoluta paz, sin que los espantados vecinos pudieran hacer nada y sin que la policia amenazara con su presencia. Todo esto en plena luz del día, porque cuando caé la tiniebla los expertos saqueadores son amos y señores de las viviendas y no hay perro valiente ni vecino atrevido que se anime a enfrentarlos.
Ante esa indolencia total de la policía, ya sea por falta de gente, por falta de recursos o por lo que al Gobierno se le ocurra, los vecindarios han tenido que retornar al Chicago de los años 30 y comprar protección de cuerpos especializados en venderla. Personas plenas de salud, perfectamente utilizables en gran cantidad de funciones que apresurarían el desarrollo agrícola o industrial de la nación, tocan a la puerta de cada vecino y ofrecen su protección contra el hampa.
Los propietarios no se pueden negar, si lo hicieran, correran el peligro de que su casa sea asaltada por no pagar pingues 30 pesos al mes, que, en un barrio de 300 viviendas, representan un ingreso mensual de C9. 000 para el somnoliento protector que casi ni recorre las calles y sólo se observa los domingos por la tarde y los días de pago. Nadie sabe si el equipo de guardas privados que prolifero por todo San José, cumple realmente con su cometido yo estoy casi convencido de que no, pues las casas siguen siendo robadas, pero tampoco nadie se atreve a negarle la subvención mensual.
Mientras tanto, las instituciones correspondientes (Ministerio de Seguridad Pública, Ministerio de Gobernación, Municipalidades, etc. no sólo son incapaces de prestar la vigilancia que la ley les ordena, sino que ven con ojos de impotencia y tal vez hasta de simpatía, que estos entes privados de ex policías o de policías activos, les aligeren la carga, para ellos ocuparse no sabemos de que otros asuntos.
Es una necedad repetir ahora que la ciudad está a merced del hampa, ya eso se dijo hasta el cansancio y además no es cierto, porque es el hampa la que está a merced de la ciudad: los ladrones andan sueltos y los honrados se meten entre barrotes en sus viviendas para proteger la seguridad de sus casas y de sus hijos. Lo que si hay que repetir constantemente, aún cuando sea también necio, es que el Gobierno es cada vez más incapaz y más millonario y, sus funcionarios, con críticas como esta, sólo endurecen su coraza de cara de piedra para guardar ignominioso silencio y seguir en el disfrute de la pensión burocrático estatal.
Si algún espacio periodístico nos duele en la sonrisa dominical a que nos tenía acostumbrados en LA REPUBLICA, es el que nos ofrecía el recetario del Dr. Sanmartín, cuya agilidad con el florete del concepto o en el disparo certero de la paradoja, cáustica, bien podría haberle valido el constituirse en nuestro representante en cualquier olimpiada (o ensuciada) de las tantas que se organizan en el subdesarrollado continente que habitamos (pues no sólo hay subdesarrollo material, sino del otro.
que es el pior. Pero el Dr. colgó la pluma, posiblemente en un gancho metafisico aún cuando sospechamos que continúa mira. ndo. valles desde nuestra precaria, haraposa, hamposa, inmoral e imberbe senda de abrojos y abruptos repellos matizados con celajes de sofismas políticos. No obstante el esfuerzo intelectual a nivel de. la palabrita de moda) preceptos de acupuntura, vejentud y resortes o empírico teoréticos escaparates de tubería y pavimentos amarillos.
Alguien nos decía que la letra es el signo clave en R: pachucos, polacos, prestamistas, PEN.
play. boy y a jugar. Pero Dr. Sanmartín. Adónde el catcher que reciba el oráculo de San Mateo (el pueblo más parecido a Macondo, pues ambos están más allá del tiempo) y que pueda descifrar los lanzamientos del pitcher viajero? Su bisturi hace falta para cortar tanto callo que llega a convertirse en verdadera tragedia griega, pero de la Grecia de aquí, de ahí no más, de trapiche y tamuga. como diría Zoilo, porque nuestra tragedia es la de Euripides Zuniga. el de pata en el suelo, que no el de RECOPilados estudios de ASEsores en happy week end. Vuelva Dr, que el pueblo pide su consulta, aun cuando de antemano conozca el diagnóstico, pero su receta alegra corazones, pues confirma las sospeMario Picado.
chas detobe or no to be en cuanto al alto costo de los cubaces. Dr, no se empine la cicuta saopinicamente. antes de darse otra salidita por esos caminos de Don Quijote (que si a su vez pasara hoy en dia viendo molinos por la zona roja quedaría sin Sancho, Rocinante y etc. la palabra más útil cuando ya nada hay más útil que decir. Dr, aun cuando el silencio de los más sea el grito de los menos, tráigase su frasquito de píldoras. que sabremos distribuirlas homeopáticamente. pues bien sabe que es un turno no por los que esperan turno. sino por los bombetas que anuncian las mascaradas de siempre. y que siempre ocultan los mismos rostros en el tradicional y democrático baile. y ya Ud.
conoce el refrán del que paga la orquesta.
Salud!
Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.
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