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LA REPUBLICA. Lunes 31 de mayo de 1976 11 Un análisis del terror Por Bowyer Bell enfrentarse con el problema de mantener la disciplina interna, de impedir la infiltración o penetración, y de castigar a los afiliados erráticos. Esa es una actividad que pudiera describirse como terrorismo organizacional. Para que sea efectivo el castigo tiene que ser rápido, duro y visible. menudo hasta es altamente formal, caracterizado por un proceso con defensa, sentencia y ejecución. De tiempo en tiempo y para propósitos específicos, se ha recurrido a la tortura. Por lo general el terrorismo organizacional interno no pretende intimidar a otros, sino castigar a los culpables. La presunción, aunque se puede demostrar que carece de base, es la de que la mayoría de las manzanas que están en el barril son sanas y la de que los grupos pueden confiar unos en otros, aunque hay que mantener la vigilancia (El Sr. Bell es asociado de investigaciones en el Instituto de Estudios de Guerra y Paz, de la Universidad de Columbia, en la ciudad de Nueva York. Sus numerosas publicaciones incluyen The Secret Army, The IRA 1916 1970. y The Myth of the Guerrilla.
El orden internacional siempre ha descansado en cimientos delicados y que fácilmente tiemblan, y así también siempre ha habido zonas de peligro, como costas de piratas y fajas fronterizas, al margen de la ley.
Hasta las sociedades en paz y supuestamente estables no se han librado de hombres de violencia política, de asesinos, de vigilantes armados y de revolucionarios dominados por sueños de urgencia. lo largo de la historia la piratería y la revolución, a veces con el patrocinio oficial, han perturbado el orden internacional.
Bajo la influencia de ideales éticos y de estímulos prácticos se ha logrado una notable cantidad de progresos hacia las relaciones transnacionales y para el establecimiento de un mundo único de acuerdo con la ley. Sin embargo, a medida que el mundo se ha hecho cada vez más interdependiente, también se ha hecho más vulnerable. Cada vez más los defensores del orden en la época de la detente han tenido que enfrentarse con asaltos violentos de parte de hombres empeñados en castigar el sistema transnacional porque, a juicio suyo, niega la justicia. El terrorista transnacional contempla el orden como si fuese opresión y la estabilidad como una tiranía disfrazada y a lo que parece más allá de toda reconciliación por medio de acuerdo o de control por medio de la potestad de la fuerza convencional.
Los que practican el terror pueden ser en gran medida clasificados sobre la base de sus aspiraciones, aunque sus categorías académicas, se hacen fácilmente confusas cuando se les aplica a las situaciones de la vida real. Por ejemplo, hay algunos psicópatas que encuentran el atractivo de las organizaciones revolucionarias tan potente, que imitan la violencia revolucionaria. Pero como que la mayoría de esas personas tienen una larga historia de aislamiento y fracaso sociales, con frecuencia no pueden relacionarse satisfactoriamente con otros y por lo tanto resultan ser pobres candidatos para los movimientos revolucionarios profesionales factibles que exigen una dedicación disciplinada. El criminal puede también derivar hacia el borde violento de la revolución.
atraído por la quiebra del orden civil, pero son pocos los criminales que poseen los talentos necesarios para la lucha armada. Sin embargo, no se puede dudar de que de tiempo en tiempo surgen histéricos que realizan actos fácilmente definibles como criminales y que pretenden justificar esos hechos con su palabrería politica.
der. El que ese caos a nadie beneficia, menos aún al régimen ilegal mismo, con frecuencia poco significa para una élite amenazada que heredó odios, o para un déspota primitivo.
El fomento económico, el respeto internacional, el orden y el derecho pueden ser prioridades secundarias.
En muchos casos el colapso dentro del barbarismo y el terrorismo endémico no le preocuparán mucho a la comunidad internacional mientras se puedan ajustar las normas mercantiles. Cuando de repente ocurre que una parte importante del suministro mundial de un producto valioso ya no se puede exportar a través o desde una nación en particular sacudida por desórdenes internos, el problema puede llegar a ser más serio. Generalmente.
sin embargo, la reacción general al terrorismo endémico ha consistido en evitar la zona de peligro. Obediencia por el terror. El empleo de la violencia para crear el apoyo de las masas es una variedad menos limitada del terror organizacional. Ese apoyo en forma de fondos puede lograrse por medio de la extorsión, mientras que el apoyo del tipo de acción directa, como huelgas, boicot, votos falseados, etc. puede lograrse con amenazas de venganza.
Como que a veces muchas organizaciones revolucionarias han recurrido a los actos de violencia para mantener su fuerza y dominar a sus militares, así como pagar sus deudas, ha habido una tendencia que asume que éste es el único camino abierto para tales movimientos y que todo apoyo existente es coercitivo y no voluntario. Los rebeldes contestan que sin la coerción del Estado pocos pagarían los impuestos. servirían en los jurados o arriesgarían sus vidas en el servicio militar ordinario. Terrorismo funcional. Más allá del terrorismo organizacional, como necesidad para la mayoría de los rebeldes, está el terror funcional. que se emplea cuando durante una lucha se necesita obtener ventaja estratégica mediante una acción específica. menudo, en vez de escoger víctimas individuales, los jefes revolucionarios escogen una categoría de víctimas como, por ejemplo, que todo policia que deje de renunciar es un posible objetivo. En una organización insurreccional cerrada en la cual el rebelde se mantiene interesado en su propia imagen, hay una cierta resistencia a la ampliación de esos grupos expuestos al ataque más allá del servicio de tipo militar u otro que sea uniformado, pero a veces los civiles pueden ser blancos de ataques.
LAS VARIEDADES DEL TERROR. El terror provocativo. Al aumentar la distancia entre la víctima específica y el objetivo, mayor, surge el terror provocativo. concentrado en aprovecharse del hecho y en aumentar su impacto.
Los psicóticos. La expresión conducta anormal.
como terror, continuamente ha desafiado una definición satisfactoria. No obstante, es evidente que los que se lanzan a esas actividades ostensiblemente políticas y extrañas por motivos inciertos o irracionales, lo hacen asi por razones internas y personales. La sociedad norteamericana recientemente ha sido testigo de varios ejemplos de una variante especial de conducta perturbada, que es la del asesino psicopático. El diagrama del asesino es bien conocido: él o ella por lo común es el producto de un hogar en crisis, sufre serios problemas sexuales, tiene un historial de desempleo frecuente, y es incapaz de establecer relaciones personales efectivas.
Aquellos que quieren poner en práctica sus fantasías con el asesinato de los poderosos son sólo una variante en el grupo de los psicópatas cuyas acciones pueden amenazar el orden transnacional. El atractivo de la pirateria de aviones, que conlleva la facultad de mandar y la perspectiva de capturar, a seducido a un cierto tipo de gente extraviada. En este caso particular el aspecto reconocible del posible pirata aéreo, junto con las restricciones para subir al avión, hicieron que un sistema de alerta inicial fuese razonablemente efectivo.
Autorizaciones. lo largo de los años ha surgido un grupo de convenios relativos al uso del poder con propósitos coercitivos. Esto ha sido especialmente así en cuanto a la guerra entre naciones y en algunos casos hasta para la guerra civil. Estas normas de guerra, estén incorporadas a la Convención de Ginebra, o en diversos tratados y acuerdos, se implantaron por ser universalmente ventajosas, aunque por supuesto esto no ha impedido sus repetidas violaciones. Las reglas prohiben la muerte deliberada de los civiles, la tortura de los prisioneros y el uso de gases venenosos. Se estipuló.
además, que la agresión nunca se compensaría. Cuando se rompen las reglas entonces las explicaciones, las acusaciones y las contra acusaciones, y a veces hasta los procedimientos criminales, surgen.
Algunos regímenes también autorizan o por lo menos emplean técnicas para mantener el orden intero que cualquier observador ajeno fácilmente puede reconocerlas como formas de terror: purgas a capricho. procesos teatrales, torturas encarcelamientos. En algunos períodos y tácticas parecen más bien sistemáticas que la reacción a una provocación específica. Este empleo del terror para el control político, mientras se limite a lo interno, puede que en nada perturbe las normas de comercio, las inversiones extranjeras o las obligaciones contractuales.
Puede que un régimen autorice la persecución de los disidentes más allá de sus fronteras. Llamativamente ese terrorismo autorizado sobre una base transnacional de rareza se ha utilizado. Llamativamente ese terrorismo autorizado sobre una base transnacional de rareza se ha utilizado. Por lo menos ha habido pocas de esas actividades altamente visibles o de mucho éxito. Hay ocasiones en las que el terrorismo autorizado actúa más allá de las fronteras nacionales; pero es innecesario que digamos que eso poco contribuye al la estabilidad del orden internacional, esas. El terror manipulativo. El empleo más común de esta técnica es la creación de una situación de exigencias, en la cual los terroristas amenazan con destruir aquello de lo cual se han apoderado a menos de que se acceda a sus demandas. El terror manipulativo descansa en el temor, si no la certidumbre, de que las amenazas son ciertas. Se puede intensificar la angustia con la visible histeria de los terroristas y la confusión del momento.
De este el terror manipulativo amplia el drama del hecho en sí mientras busca una ganancia funcional en cuestión de prisioneros libertados o de rescate, y obliga al blanco del ataque a reaccionar según lo que se considera que son concesiones ventajosas. Puede que haya beneficios derivados si el público llega a encantarse con el atrevimiento y la audacia de los terroristas.
El criminal. La piratería aérea ha sido una de las manifestaciones más corrientes de este tipo de terrorismo. El atractivo peculiar de la piratería aérea con propósitos estrictamente criminales fue su simplicidad misma. Un hombre que no necesitaba ser inteligente podia aduenarse de un costoso vehículo para escapar, demandar un crecido rescate y entonces huir a un refugio. Sin ese refugio el avión para la huida no tenia valor, excepto para un paracaidista experto, de los cuales, por fortuna, hay pocos en el mundo del crimen.
Una vez que los riesgos de captura antes de la comisión del delito han aumentado mucho por las medidas de prevención en vigor y los consiguientes riesgos de arresto se han hecho casi ciertos, la pirateria aérea se hace menos atractiva para el criminal.
Los vigilantes. Con mucha frecuencia ocurre que un régimen en peligro puede preferir que haya voluntarios que entren en la lucha, sin una autorización formal, a fin de hacer por el estado lo que este prefiere evitar hacerlo por sí mismo.
Lo revolucionario. Esta es una forma de terrorismo que adopta varios aspectos que con frecuencia se traslapan; pero mejor es examinarlos por separado: El terror simbólico. El terrorismo realmente simbólico va más allá de lo organizacional y de lo funcional y tiene que seleccionar una víctima que sea el máximo del enemigo. Pero el hecho tiene que ser algo más que una simple venganza.
Un elemento llave de las operaciones terroristas más elaboradas ha sido la capacidad de los revolucionarios para orquestar un drama violento al atribuir papeles al opresor, extender la duración del conflicto y regatear a distintos niveles. Todo se ha hecho posible por la televisión y otros medios publicitarios que pueden dar espacio inmediato y extenso al drama que se desarrolla. Se puede manipular al periodismo a beneficio de los revolucionarios, y se le puede obligar o alentar para que sirva de mediador. Como que el revolucionario busca objetivos que están más allá de los resultados inmediatos del acto terrorista en si, debe aumentar el impacto hecho por medio de horror de sus acciones. Poca duda puede haber de que la red de las comunicaciones internacionales constituye una nueva ventaja para el posible terrorista al garantizarle la propaganda en una escala mucho más allá de la imaginación de los anarquistas revolucionarios del siglo XIX.
La endemia. Hay sociedades humanas limitadas por fronteras nacionales y en las que sólo impera la ley del fuerte. La anarquia florece en medio de las matanzas tribales y hay rivalidades sangrientas y contiendas locales a menudo disimuladas con retórica ideológica o que se llevan a cabo en nombre del régimen que están en el po El terrorismo organizacional. Para los que están amenazados todos los revolucionarios son terroristas.
culpables de emplear o de prepararse a usar la violencia coercitiva contra el estado legitimo.
Muy pocos terroristas contemporáneos están dispuestos a reconocer que sus actividades son terroristas. Sin embargo, toda organización revolucionaria. sin excepción, tiene que Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.

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