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HA REPUBLICA, martes 19 de Julio de 1973 beans omningrand 15 tou shomalta osti?
EDITORIAL Do Re Ai Crece la fronda burocrática En este gobierno han renunciado a sus cargos la mayor parte de los ministros.
Sin embargo, sólo uno de ellos se marchó por divergencias de cri terio con el Presidente de la República y por dignidad personal, al pretender un compañero de Gabinete bajarle el piso.
Se trata de doña Carmen Naranjo.
Este es un caso raro en los últimos gobiernos. Lo normal es lo contrario, es decir, que el ministro se agarre a su puesto como la ostra a la concha, lo cual está bien cuando su conciencia nada le reprocha o su dignidad está en ple, pero mal cuando observa el error y calla.
En Costa Rica no hay nunca crisis de gabinete. No es frecuente tampoco que un ministro presente la renuncia porque no está de acuerdo con la política gubernamental, con ciertas decisiones o con la conducta observada por el gobernante o por alguno de sus ministros. Sólo ha habido tres excepciones a esta regla en los últimos doce años.
La eficiencia administrativa es uno de los temas favoritos de los políticos y de los funcionarios. Sin embargo, es también una de las utopías más corrientes en la Administración Pública.
Una de las causas de la ineficiencia administrativa es el hecho de que casi a ningún gobierno le interesa en serio la eficiencia. Esta se pregona, mas ninguno se consagra a esta tarea con dedicación.
Por otra parte, el objetivo supremo de algunas agrupaciones políticas es la realización de obras que traigan consigo casi de inmediato el favor popular, esto es, los votos. Desde este punto de vista, son más apetecidas las obras que dan notoriedad y publicidad que aquellas que se llevan a cabo silenciosamente y cuya ejecución no produce dividendos electorales.
Si algunos gobiernos se dedicaran a las tareas esenciales para el país con la misma devoción y empeño con que acometen las de tipo electoral, posiblemente habrían desaparecido del país algunos viejos males y numerosos obstáculos para el desarrollo de la nación. Uno de estos sería la ineficiencia administrativa. la luz de estas consideraciones, cobran vigencia las declaraciones o denuncias de un diputado sobre la ineficiencia en el Correo. Según este diputado, se han creado esta dependencia 17 plazas nuevas, pese a las promesas formuladas al respecto por el Gobierno sobre la austeridad administrativa, y se ha llegado al colmo de que se nombra nuevo personal, según ha dicho un alto funcionario del Correo, para sustituir a cuatro o cinco empleados ausentes al dia.
Estas soluciones nos traen a la mente la decisión de la Casa Presidencial de concederle medio dia libre cada dos meses al empleado que no tuviese ninguna llegada tardía en este lapso, lo que no es sino una prueba inequívoca de ausencia total de autoridad y una forma de alcahuetería.
Conviene, asimismo, recordar la denuncia del Presidente de la República, formulada hace dos años, en el sentido de que en la Administración Pública sobra el 50 por ciento de los empleados públicos.
Pese a tan categórica declaración y a su elevado origen, nada se ha decidido para que los hechos se adecúen a las palabras. Si en estas denuncias se procede con seriedad, es decir, con el ánimo de resolver tan graves problemas, las decisiones gubernamentales han de ajustarse a las comprobaciones efectuadas, por lo que no se justifica en forma alguna que se sigan creando nuevas plazas, en perjuicio de los ingresos fiscales y de la propia eficiencia administrativa.
Hay declaraciones, afirmaciones o denuncias que se formulan no para presentar un problema nacional y ofrecer de inmediato una solución, sino para conquistar el aplauso de las galerías, esto es, con fines electorales. Se sabe, en estos casos, que al pueblo le agradan ciertas expresiones o comentarios, pero también se sabe que si se obra conforme a las promesas o a las palabras, el Gobierno perdería, a corto plazo, la adhesión de ciertos sectores, cuyo alimento es la demagogia.
La austeridad fiscal o la parsimonia en la Administración Pública constituye uno de estos casos. Se ofrecen comentarios al respecto, se proclama su necesidad, pero los hechos no siguen a las palabras.
Mientras tanto, el sector público sigue creciendo inexorablemente como fuente de privilegios electorales y de dividendos políticos. este respecto, sería interesante investigar qué concepto tiene el ministro costarricense sobre el puesto que desempeña. Se siente en verdad un ministro de estado o un empleado público que le debe sumisión al gobernante. Es un hombre con personalidad propia, definida, o un ser humano profundamente agradecido con la chambita que le han dado. En otras palabras, es un cludadano al que respeta el gobernante al que utiliza a su gusto. en La calidad de un gabinete depende, en buena parte, del presidente Si a este le agradan los hombres sumisos para hacer lo que le venga en gana, tendremos un gabinete de agachados. Si, por el contrario, no los escoge para que se sometan, sino para contar con su excelencia moral e intelectual, surgirá un gabinete excelente. Un gobernante debe disfrutar de la conflanza de sus ministros, pero, al mismo tiempo, ha de guardar hacia ellos clerto temory respeto. Los ministros son los primeros asesores del presidente, pero tamblen su conciencia para que no se desvie.
Si el gobernante no teme ni respeta a sus ministros, es decir, si han sido escogidos por su sumisión, para que nunca levanten la voz, el gobierno puede desembocar en todos los desvarios posibles. En estas circunstancias, el consejo de gobierno se convierte en una reunión de complices o de alcahuetes.
Un buen ministro no sólo es aquel que es capaz, honorable y eficar en sus labores, sino también aquel que está presto a presentar sa renuncia en cualquier momento, si la acción gubernamental se aparta de ciertos principlos esenciales.
La renuncia no es un acto de chantaje, sino el arma que tiene en sus manos un ministro independiente y de carácter, cuando el gobierno se desvía de sus ideales.
Cabe aquí preguntarse qué es la lealtad. Se debe lealtad al go bernante o a los principios? La pregunta no admite duda y la calidad de un gobierno depende, en gran parte, de la respuesta que se de ella.
Para muchos costarricenses la lealtad sólo existe en relación con las personas. Quien no es fiel a ellas hasta la muerte, es decir, aquel que prefiere, ante un dilema desgarrador, los principios al gobernante o al dirigente político es tildado de traidor.
000 ots En cuanto a las renuncias, en Costa Rica se ha dado un caso poco corriente en un gabinete: la mayoría de los ministros renuncia para dedicarse a la política, mejor dicho, a sa politica.
NO SOLO MINISTROS, TAMBIÉN LOS ASESORES ESTÁN RENUNCIANDO, ber En funcionarios que avalaron en todo momento, sin lamentación alguna, la acción moral de este gobierno, este tipo de renuncia se presta a diversos análisis.
Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.
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