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EL MITO DE LOS JESUITAS a Ricardo Blanco Segura Mi dilecto amigo Franco Cerutti, que tiene felices ocurrencias, me facilito recientemente una serie de cartas enviadas presuntamente al superior de los Jesuitas en Nicaragua en la década que fue de 1871 a 1881. La colección, claramente copiada y fotografiada, incluye también documentos de la misma indole relativos a las misiones de Quito, Buenos Aires, Chile, Puerto Rico, Lima, Santa Fe, Huánuco y otros lugares de América.
Escritas en un latín sencillo, pero de suma elegancia y corrección, la lectura, traducción y análisis de las epistolas fue para mí una grata experiencia por dos razones: la primera, porque me dió oportunidad de remozar y practicar una vez más la bella lengua del Lacio (inapreciable legado de mis profesores paulinos alemanes. la segunda, porque todo ello vino a reafirmarme en lo que he pensado respecto al mito creado alrededor de los Jesuitas que anduvieron por estas tierras durante la segunda mitad del siglo XIX. Respecto a los padres de la Compañía de Jesús, la mentalidad liberal imperante en aquellos tiempos creó toda una leyenda negra, plagada de fantasías (cuando no de viles calumnias. haciéndolos aparecer como los autores subrepticios de cuantos males sobrevenían al Estado y a la sociedad de entonces. Tal concepto se propalo a los cuatro vientos y en las páginas de la prensa liberal, que no desperdició oportunidad para atribuir a los hijos de San Ignacio los más negros designios y los planes más macabros para romper el orden establecido, con miras a una injerencia clerical directa en el manejo de la cosa pública.
Sin ir muy lejos, nuestro país dio el ejemplo con la promulgación de las leyes antirreligiosas de 1884, cuyo blanco especial fue la expulsión de los padres, sin más argumento que sospechas infundadas, respecto a las cuales jamás se aportó documento contundente alguno. En este sentido y hasta la saciedad, bien ha dejado claras las cosas Monseñor Sanabria en sus estudios históricos relativos a nuestra Iglesia en el siglo pasado, sin que nadie haya podido probarle lo contrario hasta el momento. no sólo porque lo diga Monseñor Sanabria, sino por mi propia investigación, jamás he llegado a comprobar nada vergonzoso o indigno en la actuación de la Compania durante aquellos aflos. Siempre he creído que la inquina contra los Jesuitas, se debió más que nada a la envidia y a la competencia que ofrecían a las lumbreras de su tiempo. Nuestro clero, con raras excepciones como el Dr. Domingo Rivas, no era precisamente un dechado de sabiduría; la llegada de sacerdotes que intelectualmente podían vérselas y con holgura frente al más pintado, no debió gustar ni poco a la presunción de un Lorenzo Montúfar o de un Dr. Castro Madríz, que eran los trapitos de dominguear del gay saber de antaño. eso de enfrentarse, de buenas a primeras, con un padre Tornero (para dar un ejemplo) que en una polémica bien podía golpearle el escritorio al más sabihondo adalid de las luces y el progreso. no era muy agradable que digamos. Porque en cuanto a lo demás, la obra de los Jesuitas se concentró en el Colegio de San Luis Gonzaga, donde recogieron sus mejores frutos.
Su único delito, si es que así puede llamarse, fue defender sus principios y los de la Iglesia frente a las novedades liberales; y ello era parte lógica de su ministerio, que y culminó con la humillante expulsión de que fueron victimas en el gobierno de Próspero Fernández.
Sin embargo, tanto se ha hablado del asunto y tanto se ha escrito al respecto, que a mi siempre me quedó una leve duda respecto a la veracidad o la falsedad de todo cuanto se dijo de los padres. En medio de todo, el estudio de la historia siempre ofrece sorpresas; puede ser dije para mis adentros que algún día aparezcan documentos fehacientes sobre la presunta culpabilidad jesuítica. Pero nada hasta el momento.
Los documentos de Cerutti, en alguno de los cuales esperaba encontrar por lo menos un plan de golpe de Estado, o de la caída de un Ministro, o el atizamiento de una revolución, son de lo más simple y espiritual que he leído: consejos para la buena marcha de la misión; consuelos espirituales; normas a seguir para la administración de los institutos; soluciones a casos graves dentro de la Orden; normas de corrección para los aspirantes al sacerdocio y la esperanza de que los tiempos cambien y cese la persecución de que son objeto.
Cuando en una que otra carta se hace alusión al Estado y las cuestiones civiles, las expresiones son muy comedidas y siempre sujetas a un acatamiento del orden establecido en el país porque, como dice el Valenzuela en carta fechada en Fiesole el 26 de junio de 1874. obedecer es un acto de humildad, que sin duda agrada a Dios, pero este acto debe estar subordinado a la obediencia y así será de mérito mayor ante Dios. actus humilitatis qui Deo sine dubio placet: verum hic actus subordinatus esse debet obedientiae et sic majoris erit merit coram Deo. Más bien hay cierta timidez al aconsejar decisiones, como en el caso de la fundación de colegios; tanto por la carga que se echaban los padres encima, como por las posibles dificultades con el gobierno civil.
Puede ser. porqué no? que los padres, pese a estar las cartas escritas en latín, soslayaran temas escabrosos en sus misivas, ya que no podía faltar alguien que las interceptara y las tradujera. Pero si así fue. cómo recibieron entonces instrucciones los presuntos culpables?
Definitivamente, llego a la conclusión (al menos mientras no se me pruebe nada que la desdiga) de que todo lo urdido contra los Jesuitas no fue más que producto de la fantasía y del empeño de eliminar la formación católica en la educación de la juventud, en nombre de la novelería liberal que blasfemaba en público y se santiguaba debajo de las cobijas.
El tema de los Jesuitas hoy vuelve a ocupar las primeras páginas de los periódicos, a raíz de los acontecimientos que suceden en El Salvador; no me interesa opinar al respecto, porque es norma mía no intervenir en asuntos de otros países, así como detesto a los extranjeros que intervienen en las cosas nuestras. juzgar por las informaciones internacionales, la pugna salvadoreña se origina en la intervención de los padres en cuestiones de índole social, de manera pública y reconocida.
Si es así, ellos y el gobierno de El Salvador verán cómo se las arreglan. Pero en lo concerniente al objetivo de este comentario, que atañe a un aspecto fundamental de la historia del siglo pasado, los Jesuitas aún están exentos de las monstruosidades que se les atribuyen. Los documentos a que me he referido, así lo confirman. Más sobre don Alberto Martén la teoría del valor trabajo y Dado que el Sr. Alberto Martén fundamenta su propuesta de garantias económicas en la teoría del valor trabajo, es deseable repasar las objeciones de que es objeto dicho concepto sobre lo que determina el valor de los bienes y servicios en la economía.
En forma muy concreta, esta teoría del valor trabajo dice que, lo que determina el valor de un artículo, es la cantidad de trabajo necesario para su producción en una sociedad dada. El valor de una mercancía es al valor de cualquier otra lo que el tiempo de trabajo necesario para la producción de la una es al tiempo de trabajo necesario para la producción de la otra. nos dice Marx en el tomo de El Capital Dicha teoria goza del descrédito por varias razones, las cuales intentaré resumir y cuya argumentación ya ha sido esbozada en aquella obra cumbre de Von Böhm Bawerk, La Teoria de la Explotación.
La primera falla en la tesis de que el valor sea exclusivamente determinado por el trabajo, consiste en ignorar la participación que tiene la naturaleza en la producción de los bienes. La teoría del valor trabajo no explica por qué, por ejemplo, un café de altura vale más que un café de bajura, aún cuando el trabajo en ambos casos sea utilizado en igual cantidad en dichos productos, debiéndose su diferencia en valor exclusivamente a factores naturales climáticos.
El segundo error básico de la teoría del valor trabajo está en la consecuencia que de ella se deriva: que el obrero debe percibir la remuneración integra de su trabajo, ya sea que lo reciba ahora, en este momento, o en el futuro, cuando el producto esté totalmente creado. Sin embargo, el obrero generalmente no espera a que el producto esté concluido para recibir su remuneración (especialmente en sociedades complejas de producción con intensa división del trabajo. Es bien conocido, aceptado y difundido, el hecho de que la remuneración hoy, en el presente, tiene más valor que si esa remuneración se recibiera en el futuro. Usted que prefiere. 000. 0C hoy o 000. 00 dentro de 50 años. Pues bien, la tesis del valor trabajo haría ilógico e inadmisible que el obrero tenga derecho a recibir hoy y ahora, el valor del producto que estaría listo posteriormente, en el futuro.
En el mundo económico de esta época, en realidad el obrero recibe un adelanto, en un momento anterior, de lo que le correspondería recibir en el futuro, Dice Bðhm Bawerk. Mientras la suma total de los salarios pagados a plazos no sea inferior al valor final del producto terminado en más que la parte necesaria para compensar la diferencia de valor entre los bienes presentes y los bienes futuros. no puede decirse que los obreros salgan defraudados en cuanto a su derecho a percibir el valor integro de su producto; percibirán su producto integro, aunque tomando como base la valoración del momento en que reciben el salario. op. cit. 119 120. Por lo tanto, no podemos aceptar la tesis de que el obrero reciba ahora el valor total de lo que valdrá en el futuro su producto. Al adelantársele el salario, en realidad se le está dando lo correspondiente al valor actual y no al valor futuro de los bienes, por lo cual debe dársele esta recalificación a la teoría del valor trabajo.
El cuarto error fundamental de la teoría del valor trabajo, valor no depende exclusivamente del trabajo (como, por ejemplo, lo postula el Sr. Marten. Aún en el caso de que dos mercancías hubiesen costado una misma cantidad de trabajo, aquella que requiere más capital o tiempo, tendrá un mayor valor. De nuevo me refiero a BUhm Bawerk: aquellas mercancías en cuya producción se invierte mucho capital fijo. o en que el período de rotación después del cual refluye al empresario el capital fuido es largo, tienen mayor valor de cambio que aquellas en los que aún habiendo costado la misma cantidad de trabajo, no se dan las circunstancias señaladas o se dan en un grado inferior. op. cit p 122 123. No está de más citar el ejemplo del texto elemental de Economía: un vino viejo, guardado en una bodega, al cual no se le agrega ningún trabajo adicional, tiene mayor valor que un vino nuevo, cuyo trabajo incorporado sea igual que el del vino viejo. un queso aflejado, un árbol centenario en un bosque, son otros es que Dr. Jorge Corrales Quesada ejemplos. Pero, en realidad esto surge por la existencia del interés: precisamente la diferencia de valor de cambio de dos bienes, que cuestan la misma cantidad de trabajo, pero en el cual uno de ellos requiere un plazo mayor de preparación, constituye la fuente de la cual surge el interés.
Creo que, por el momento bastarán estos cuatro argumentos contra le teoría del valor trabajo para que don Alberto decida corregir su errada afirmación de que el trabajo es la causa del valor o que el trabajo es la única fuente de valor y riqueza.
El valor está esencialmente determinado, tanto por el coste como por la utilidad específica que tiene un artículo en un momento dado para el usuario. Permítaseme citar la célebre expresión del Profesor Wilhelm Ropke en su libro introducción a la Economía Política Un traje no vale ocho veces más que un sombrero porque represente ocho veces más el trabajo (relación esta última que se mantiene con independencia del valor del sombrero y del trabajo. sino que la sociedad está dispuesta a invertir ocho veces más trabajo en el traje, porque luego, una vez terminado, valdrá ocho veces más que un sombrero (op. cit. 34)
Creo que esta cita es un excelente epitafio en la tumba de la teoria del valor trabajo.
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