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M I LA REPUBLICA. Jueves 28 de julio de 1977 Por una curiosa paradoja el pais de la Revolución no quiso admitir la revolución de la danza. En el antiguo y dorado escenario del Bolchoi de Moscú se siguieron montando hasta nuestros días, en un impresionante anacronismo, los mismos ballets de la corte de los zares. Las románticas leyendas de Gisela o de La Bella Durmiente apareciany reaparecian sin termino, mientras se anunciada la revolución politica al mundo.
Es ahora cuando por primera vez un ballet hereje, insurgente e iconoclasta entra al repertorio del gran templo del baile de Moscú.
Hay que convenir que es una novedad atemperada. No se trata todavía, y lejos se está de eso de las audaces novedades de la música electrónica, de los juegos visuales de color y de los movimientos descomedidos y espontáneos que hoy se usan.
Pero es la llegada a aquella academia del ballet clásico de las saludables innovaciones de Bejart. Por primera vez en su deslumbrante carrera la Plissetskaia abandona el tieso y convencional tutú clásico, deja las zapatillas de hacer puntas y se lanza en túnica griega y pies libres a bailar como una nueva Isadora.
Arturo Uslur Pleted cielo abierto, en el rectángulo de piedra labrada del famoso patio cuadrado del Louvre, cercada por las formas griegas de la arquitectura del Renacimiento, la muche dumbre silenciosa pudo contemplar, en el largo crepúsculo frío, que no terminaba de disolverse en la noche y que empalidecía los reflectores, una prodigiosa aparición.
El conjunto del Bolchor de Moscú había presentado una selección de escenas sueltas de viejos ballets. cuando después de un breve tiempo de sombra se produjo la sorprendente presencia mágica.
Baila sobre los mismos temas de la americana. Fragmentos al piano de Beethoven, de Chopin, de Schuman, de Brahms, entrecortados por recitativos grabados que reproducen frases de Isadora y, en el momento de evocar el matrimonio de aquella con el poeta ruso Essenin, la propia Maia, con su voz grave y jugosa, dice en un ruso nativo un fragmento del poeta. Bejart ha logrado mantener un aire de improvisación y de asociación libre del recuerdo, pero es la extraordinaria danzarina la que hace posible el milagro de aquella aparición.
Fina, intensa, con una aurea cabeza de victoria, suelta la caballera de bronce, sus gestos, la alargan y la hacen llenar el inmenso escenario abierto. Ya nadie se acuerda de la noche, ni del viento frio que sopla entre los muros del viejo palacio, ya nadie siquiera se da cuenta de la música, porque se ha producido profundamente ese prodigio de la comunión que sólo los grandes artistas logran crear. Apareció Maia Plissetskaia en una blanca túnica griega, desde el cuello una larga tela blanca se prolongaba, cubierta de luces cambiantes, hasta la sombra, se oyó un brusco crujido de frenos y de ruedas y la visión cayó por tierra. Era el comienzo del ballet Isadora que Maurice Bejart ha compuesto para ella, a la medida de su temperamento humano, cuajado de impulsos libres y de evocaciones. De esta manera Bejart reúne en un acto de creación libre dos grandes nombres de la danza, el de la americana Isadora Duncan que, con los pies desnudos y en libres improvisaciones sobre música, se propuso regresar el mundo de la víspera de la Primera Guerra Mundial a un sentido griego de la poesía y de la vida, y el de la Plissetskaia, que es hoy la más extraordinaria creadora de las grandes bailarinas rusas. Más allá de épocas, de regímenes y de modas, encarna aquel ideal de gracia y de refinamiento que tuvieron la Pavlova, o la Karsavina. Nada ha pasado o pesado sobre ella, es una presencia intemporal y casi irreal de todo lo misterioso que hay eterno femenino.
Es la primera vez que el rígido tradicionalismo del Bolchoi se rompe. Hasta ahora parecía ignorar o desdeñar toda la vasta transformación que en materia de ballet había ocurrido en el mundo en este cambiante siglo y que comenzó, precisamente, con los legendarios ballets rusos con los que Diaghileff deslumbró a la Europa de 1909.
Es cincil decir lo que vale en si el ballet de Bejart. Hecho por otra artista podría dar una impresión totalmente distinta. El público lo que vio esa noche fue la imagen cambiante e inagotable de aquella figura que parecía renovarse a cada instante.
Cuando terminó el ballet se produjo otro espectáculo increíble. El público estalló en una ovación sin término, bajo de los estrados y rodeó el escenario. La Plissetskaia se paseaba por el borde de la rampa, los brazos tendidos hacia la muchedumbre extasiada en un contacto casi fisico. Sus ojos, sus manos y su sonrisa llegaban a todos. Se había hecho más cercana y pequeña, más próxima y humana.
en el Todos se sentían en la emoción de un mutuo don.
Duró mucho tiempo este diálogo sin palabras. Parecía que ni ella ni la muchedumbre querían desprenderse de aquel hallazgo. Digo mal la muchedumbre, sino cada uno de los seres que la integraban que experimentaba la sensación de haberla hallado para su solo y único deslumbramiento. Todo lo demás quedaba abolido.
Fue el milagro incomparable de una presencia humana. ALA. El mal francés Elsa Arana Freire Porque el individuo, esa persona única, que lleva en lo alto una cabeza pensante y decisoria, ha sido cercenado por el poder político que le roba su materia gris y que le indica, con dedo acusador, cómo debe comportarse en las aulas de la vida. De lo contrario, será expulsado del colegio histórico. la cabeza de los best sellers, de los libros más y mejor vendidos en estos momentos no sólo en Europa (los países del mundo se arrancan el texto para múltiples traducciones a varios idiomas. está el Mal Francés de Alain Peyrefitte, ex Ministro de De Gaulle y Pompidou, Diputado por Seine y Marne, Alcalde de Provins, autor de varias obras de éxito. Cuando la China se Despierte. es una de ellas. Por qué? El grueso volumen, pulcramente ditado por Plon en París, es el bisturí que utiliza el político gaullista para diseccionar esa enfermedad que aqueja no solo a su país sino a diversos del mundo occidental. Críticas, comentarios y destacadas páginas de revistas especializadas, si examinan este mal detectado por el escritor, mal que se extiende más allá de las praderas galas.
Los gobiernos del mundo contemporáneo reeditan los despotismos que heredaron de la historia. Peyrefitte, por cierto, se refiere directamente a su país. Pero sus conclusiones pueden aplicarse a nuestros regímenes occidentales, donde el Estado le ha sustraído al hombre la posibilidad casi total de manifestarse como persona e individuo. El sacrosanto aparato político dueño del poder, se superpone al oscuro aunque fuere genial ciudadano: le arrebata su iniciativa, le retira su aspiración a concebir, a decidir. Lo suple en todos sus detalles y, como en tiempos de Luis XIV, lo ciega, suponiendo malo bienintencionadamente, que el puede mirar a través de sus propios ojos. Hacer la felicidad de los demás, conseguir el bienestar de los otros, pero sin que estos jamás participen en su destino. este podría ser el axioma o el dogma de los autoritarismos emanados de la Unión Soviética, de la China comunista, de la Cuba paternalista o del gobierno de Idi Amin Dada. Pero no. El autor de El Mal Francés descubre con argumentos irrefutables sin por eso querer sentar cátedra que este fenómeno se produce y aparece plasmado en nuestro mundo occidental.
El individuo, pobre señor de nuestro siglo, ha sido castigado al rincoón de los vejámenes infantiles y sustituido por los tenedores. cuchillos. que tiene en mano la complejidad de la administración del Estado, con mayúscula.
El Estado contemporáneo dice Peyrefitte quiere controlarlo todo: centralismo, dirigismo, pirámide que absorbe en su cúspide lo integral de la vida, mientras la base que es la que sustenta el vértice debe teflirse de niebla, balbucear pero no hablar, obedecer, bajar la cerviz, aprender la genuflexión y agradecer incluyendo una lágrima la tutela de quien le salva la vida y le ofrece un seguro de esclavitud permanente.
El autor de este mal tan difundido sobre todo a finales del Siglo XX, advierte como el Estado Gerente, el Estado absorbente de toda iniciativa, termina por roer sus propias entrañas. Porque crea un monstruo que le ha de sacar los ojos, económica y políticamente. Crea la burocracia, ese animal con patas y tentáculos innumerables, que no posee imaginación creativa, que trabaja a salario fijo y con horario señalado, autosatisfecho con su apenas sobrevivencia, pensando en la remota jubilación deteriorada por las devaluaciones, porque al fin y al cabo cuando llega la hora del retiro, ya que no ſe quedan dientes para comer los restos de lo supuestamente merecido.
Terrible libro el de Alain Peyrefitte. Lúcido a la vez humilde.
En él hay páginas donde se encuentra la propia voz del autor que se confiesa a través de la trayectoria bastante rica que le ha tocado vivir enquistado justamente en los salones gubernamentales.
Personalmente me he detenido en el prólogo de este Mal que debería ser leído con detenimiento por aquellos que están sentados en la cúspide lejana del poder, poder que se maneja tantas veces con oídos sordos. Alain Peyrefitte recuerda la voz y las palabras de su maestro André Siegfrid: En efecto, todos los hombres son iguales ante la ley o el derecho. Pero de ahí no se puede afirmar que todos los hombres son. de hecho, idénticos. El temor de marcar esta diferencia estriba en que nadie desea legitimar la desigualdad.
Repasemos un poco lo que sucede en los países donde la palabra libertad, aún teniendo aparente vigencia, está mediatizada por el terrible aparato de la burocracia. Claro, los hombres son iguales ante la ley.
Pero no son idénticos entre sí. un padre tutelar debería tener en cuenta esas diferencias y no trazar el común denominador sin detenerse en los rasgos característicos de ciertas autonomías, de ciertos lunares que nos distinguen, de alguna cicatriz que nos hace particulares.
El poder central de nuestro siglo, cualquiera sea el país que examinemos, se ha convertido en implacable. Tal vez sean los anglo sajones los que puedan salvarse de esa regla ominosa. según el autor del libro que comentamos, el gobierno central sólo podría realizarse apoyándose en la democracia local o regional, desdibujando así la abstracción del poder que desampara al ciudadano. vayamos a las conclusiones: según Peyrefitte, es absolutamente falso que el Estado sea el defensor del interés general contra los intereses particulares. dando un diagnóstico que si no es definitivo es al menos esclarecedor, dice que el mal del Estado Gerente. supuesto hacedor y responsable de todo lo bueno en favor de las comunidades de nuestro planeta, adolece de estos graves pecados capitales: Es dogmático, dirigista, jerárquico, estatista, burocrático.
Le tiene un orror a la crítica, adolece de una incapacidad visceral para reconocer sus errores y le tiene un espanto pancreático a la discusión sensata.
Podríamos resumir todos estos pensamientos en la palabra totalitario. Porque los extremismos contemporáneos pecan definitivamente de este mal frances. de esa enfermedad política autoritaria y estatista que discurre entre la Monarquía administrativa de derecha y pasa por la república jacobina de izquierda.
El remdio está aún por descubrirse.
Quiénes son las hadas de los cuentos Floria Jiménez Díaz estrellas?
La palabra HADA viene del griego y significa: todo lo que brilla. De esa misma raiz se derivaron las otras desinencias que llevan cierta idea de brillo: fábula, hablar, fatalidad, hado y hada.
Vemos también cómo la etimologia de las palabras fatalidad y hada tienen en común su relación con el destino del hombre. Pareciera que detrás de todo ser humano se esconde un hado que lo protege. Algo así como el ángel de la guarda de los cristianos. Qué son, entonces, las hadas de los cuentos clásicos y modernos?
Será la joven de belleza etérea, de cabellos dorados y vestidos vaporosos sobre nubes y Dice Montegut que los exorcistas, los demonólogos y los sabios en magia clasifican a las hadas entre los espíritus elementales, de origen pagano. Son inmortales sin ser divinas, demasiado ligeras para la tierra y demasiado terrestres para el cielo.
Agrege Montegut que las hadas tienen en su poder talismanes, piedras preciosas, adornos y armas encantadas con las cuales se dignan hacer dones a sus favoritos, pero jamás ha provisto a las brujas de los mangos de escobas que les sirven de montura, sino del ungüento con que se frotan.
Las hadas detestan las noches negras que son las preferidas por los espiritus dañinos.
Eligen para sus dias de fiesta y de reunión, para sus bailes y sus festines las bellas noches alumbradas por una luz plateada, dulce y pareja. Sus lugares de cita son siempre elegidos con muy buen gusto: una límpida fuente, un claro que se abre en una pradera, los lugares de los bosques donde los árboles son más verdeantes y los tapices de musgo más abandonados y más bellos.
Las hadas son maliciosas sin ser malas, pérfidas sin ser perversas, caprichosas y egoístas.
Sus defectos no son, mirándolo bien, más que los excesos de sus cualidades porque son afectuosas y sociales y no soportan la soledad más que cuando no tienen otro remedio.
Ellas gustan de amar y ser amadas y exigen el cumplimiento de ese amor.
Las hadas no forman una casta como los demás espíritus invisibles, sino una sociedad libre, sin otros privilegios que los que le concede la propia naturaleza. Ellas son de coniciones muy diversas y es posible que no tengan en común, entre ellas, más que algunos caracteres muy generales. Las hay de todas las estirpes: Las que son princesas y a las cuales no les cuesta nada responder al oro y los diamantes; otras son simples burguesas avisadas.
Las hay que tienen una fisonomía rústica y las hay también aquellas que llamaríamos simples grisetas. pacientes, discretas, menos poderosas que sus hermanas y sumisas a los embustes y a los sortilegios de los malvados encantamientos, pero que igual alcanzan sus fines a través de todos los obstáculos, por el poderoso don que está en ellas.
Todos esos caracteres a pesar de la marcha del tiempo, permanecen estables y se mantienen en todas las latitudes, aunque con los rasgos de cada pueblo que las ha creado.
Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.
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