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LA REPUBLICA. Viernes 26 de agosto de 1977 Estreno de tres obras cortas de Tennessee Williams, el 24 de agosto, por el teatro Universitario. Dirección: Luis Carlos Vásquez.
Tennessee Williams: soledad, sexo y nostalgia Victor Valembols enEl dramaturgo norteamericano, cuyas obras cortas se estrenaron anoche, no es. ya un desconocido para nuestro púbico teatral.
Hace unos años se representó aquí El zoológico de cristal (1945. con éxito.
También La marquesa de Larkspur Lotion se había montado ya, en 1972 en Teatro Universitario. Pero acertada resultó ahora la selección de dos obras cortas más del libro 27 vagones de algodón (1946. como nueva producción en e mismo teatro. Los nuevos titulos son Háblame como la lluvia y Saludos de Bertha.
am(1947. del mismo autor. Asistimos tonces al patético hundimiento de Blanche Du Bois (la maestra venida del campo) por la sociedad urbana, degenerada, representada por Stanley Kawalski. En las tres obras cortas señaladas, inexorablemente, las protagonistas, al igual que Blanche, son empujadas hacia la perdición. Presenciamos, en realidd, el esbozo de otros tantos cuadros clínicos, patológicos, con un patrón común: la asfixia progresiva de valores auténticos, el recuerdo del amor realización en otros tiempos, y la oposición ciudad campo dentro de la antinomia presente pasado.
Hasta se le puede reprochar a Williams cierta repetición.
Pero es que a través de este modelo Williams intenta interpretar su medio; desde que perdió la guerra de Secesión, el Sur de los Estados Unidos anda a la deriva; en búsqueda de su personalidad perdida.
Refugios de todos los personajes, contra la soledad. y este sin sentido, los constituyen la imaginación y el sexo. Así surge la patética carta de Bertha a Charlie. precedida de un monólogo idílico en Saludos de Bertha; así se explica todo el casimonólogo escapista de la mujer, en Háblame como la lluvia; y así se justifica plenamente el casi monólogo onírico del escritor en la primera obra. En todos los casos, pero especialmente en el segundo, la larga tirada peca por lo meramente verbal, el pensamiento del autor, en detrimento de ia acción dramática. Williams, en estas primeras creaciones suyas, parece que quiere imponer una especie de narrador en el mismo movimiento escénico.
En el caso de este escritor, no está ausente cierto brillo poético, por ejemplo, al recordar tan sutilmente al autor de La gaviota, apología ésta de la imaginación liberadora.
En los seudo monólogos se esconde también el escollo principal para los actores. Ramón Sabat supo encarnar con brío singular a Anton Chejov, en La Marquesa. es la mejor actuación que, de este actor, pudimos apreciar hasta el momento. Distinto es el caso del monólogo Ique le a Lylliam Quesada en Hablame. No supo la actriz salir del armazon que le impuso, en parte el mismo texto del autor, en parte también la actuación y el vestuario exigidas por el director. El todo, resultó demasiado sofisticado. Pero qué decis en cambio, de Carmen Bunster, en saludos de Bertha. qué maestría en la expresión corporal, meticulosa en sus últimos detalles. Qué variedad en la modulación de la voz!
dulación de la voz!
En los otros papeles, vimos a una Olga Marta Barrantes, convincente como Sra.
Wire de La marquese. y, en cambio, menos lograda en la Goldie de Saludos. Por qué? Creo que las razones pueden ser dos: una, la actriz misma y otra, la escenografia. En lo primero, al pare er, Olga Martha Barrantes no tiene una flexibilidad muy amplia a nivel de posibilidades de actuación (Olga Martha resulta mejor autora que atriz. en lo segundo, el ámbito escénico. concebido demasiado pliamente, obligó a esta actriz como también a Lena (Lylliam Quesada) a cruzar con frecuencia un espacio desmesurado.
Excelente, el envolvimiento de los efectos musicales, los ruidos y las luces; las acotaciones de Williams son meticulosas, a veces dificiles de seguir, pero siempre importantes. Si la segunda obra resultó algo rígida, en parte fue por el empobrecimiento de estos mismos elementos ambientales, si partimos del texto dramatico. Dónde están la lluvia, la canción, la voz de niño. Tremendo es el poder salvaje que se desprende de cada una de las creaciones de Tennessee Williams. Su obra se ha convertido en grito desesperado del Sur de los Estados Unidos que se hunde falto de mitología a la que agarrarse. Allí está la marquesa. allí está Bertha. allí está la Mujer: en las tres obras estrenadas asistimos a la lucha cruel de la protagonista por evitar el naufragio. Será simple casualidad que las primeras figuras de Willimas suelen ser mujeres? Todas están en ruina, no económica, sino humana, en situación límite al borde de lo bestial, de la locura, de la muerte. inmediatamente surge nosotros el recuerdo de esta misma estructura dramática de base en Un tranvía llamado deseo.
tocó Bir La temática del aislamiento sicológico y del intento de superación, en diversas formas sexuales patológicas, no resulta ajena a nuestra realidad. La puesta en escena, nítida, y cuidada en general supo ponerlo en evidencia. Los aplausos cerrados, después de cada obrita. y la ovación larga, final, de lo que aquí quiero dejar constancia, subrayaron el feliz resultado de tanto esfuerzo.
en ente Vidas heroicas en París Se nos murió en silencio Luis Felipe Ibarra marchado en puntas de pie, como el Angel del Evangelio. Ojalá el Gobierno cubra una pensión a la esposa y compañera de este humanista de verdad, que honra al país y a Centroamérica.
padeció de esa hambre de que habla Knut Hamsun en su novela que lleva el mismo nombre y que mereció el premio Nóbel en 1920.
En una prosa muy poco conocida de Gabriela Mistral, habla que había conocido en París, compatriotas suyos muchos mozos enloquecidos de soledad miseria y los contemplaba con una pena tierna, como se ve la oveja que va al matadero.
Suponemos que ese fue el caso del poeta bilingüe, del músico, del maestro Ibarra en sus primeros años de Paris. Se casó más tarde con compañera belga, teniendo varios hijos que mantener.
una Carlos Deambrosis Martins francos para cubrir lo estrictamente para comer. Firmada la paz, este hombre sufrido y poco alimentado, se gastó las suelas de sus zapatos caminando por todo París, tratando de ganarse la vida a fin de mantener a su esposa y a sus niños pequeños. Entiendo que daba algunas lecciones y hacía traducciones del español al francés, y viceversa. En ese entonces, conoció a Gabriela Mistral, y en la primera Conferencia Internacional de la Unesco, en 1946, representó a Costa Rica, a título honorífico, como fue mi caso con Guatemala.
Los nicaragttenses comenzaron a llegar a París, y encontraron en su compatriota el ángelo providencial; incluso lo vi cargando maletas y facilitando la estancia de muchos que conocían idiomas y que no podian tampoco pagar intérprete o guía para llevarlos a conocer Paris.
Muchos usaron y abusaron de ese hombre bueno y generoso. Su generosidad, su humanidad y su gran corazón, lo llevaron a transformar su modestísima casa, y mucho más tarde, el amplio piso de su consulado en verdadero albergue, en refugio para los estudiantes nicaragưenses que se encontraban sin fondos para proseguir sus estudios.
En fin, más tarde todavía, su popularidad en París era el comentario de todo el estudiantado; ya no se limitaba a Nicaragua, ni a toda Centroamérica, sino que bastaba ser un hispanoamericano, para que Ibarra y la familia, les ofreciera hospedaje y comida. Ibarra recordaba los años en que se le cerraban las puertas, sin que nadie le ofreciera ayuda. De estos años, en el Campo de Concentración, su salud fue alejándose de su cuerpo, y todos lo vimos siempre enfermo, el estómago destrozado de haber padecido tanto de restricciones y trabajos forzados. El Gobierno terminó nom brándolo Consul General y Agregado Cultural de la Embajada en París. Recibía un sueldo modesto, pero que le permitió mantener discretamente a su familia, y continuar su admirable oficio de San Vicente de Paúl. Llegó a tener poderosas relaciones, pero tuvo la dignidad de no hablar nunca de sus modestos ingresos. Son de los que callan, como dijo el maestro Rodó en una magnífica prosa marmórea. Grande amigo de Torres Bodet y de la divina Gabriela y del Alcalde de Paris, sufrió en silencio y gozó del placer de dioses: socorrer a los más necesitados que el Hombre admirable se ha no Graves duelos en el seno de su propia familia, terminaron por vencer la resistencia de ese cuerpo moral y fisicamente agotado por los combates de todo género tuvo que enfrentarse en el curso de su vida y que, a despecho de todos los golpes que recibió, mantuvo su puerta abierta para recibir en sus brazos a todos los hispanoamericanos que venían a pedirle asilo. La señora de Ibarra compartió dignamente su calvario, convirtiendo la casa de Nicaragua en hogar de todos los que hablaban el castellano. Durante la larga enfermedad del marido, fue ella, la esposa, quien se ocupó personalmente, de los asuntos del Consulado, y prestar los mismos servicios oficiales y privados, como lo hacia, con idéntica competencia, el jefe de familia.
Pocas semanas antes de su muerte, tan sentida ahora, en París, el embajador le trajo personalmente, a su residencia, la alta condecoración otorgada por el Jefe de Estado. Paris, agosto 1977 ¿Quién no conocía entre los hispanoamericanos de Paris y, sobre todo, los estudiantes que tanto le deben a ese nicaragüense, que había convertido su modesta casa y, más tarde, su consulado, en un refugio para albergar a la juventud estudiosa que aterrizaba en Paris sin medios para subvenir a sus más indispensables necesidades, techo y comida?
Ibarrita, que había hecho en Managua y en San José de Costa Rica, su Normal y su Conservatorio, y que más tarde, en Paris con Cuando estalló la 2a. conflagración mundial, las Repúblicas Centroamericanas, rompieron sus relaciones Alemania, seguida de declaración de guerra, los nicaraguenses fueron internados hasta el fin de las hostilidades. Para mantener a su familia, sin recibir ayuda de nadie, Ibarra tuvo que hacer faenas domésticas sirviendo a prisioneros hispanoamericanos que recibían de fuera dinero para suavizar su existencia de cautivos. Gracias a este trabajo hurailde, Ibarra pudo enviar algunos centenares de Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.

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