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LA REPUBLICA, domingo 27 de noviembre de 1977 Comentario a la liturgia dominical Dejemos las actividades de las tinieblas 99 Este es el sentido de la invitación del Apóstol al decirnos Vestíos del Señor Jesucristo. Romanos 13, 14. Para nuestra fe no se convierta en justificante de las situaciones de pecado institucionalizado: opresión y negación para el hombre de la salvación que nos trae Jesús de Nazaret, el Dios nacido entre los pobres para ser esperanza y seguridad para ellos de que estamos en los tiempos nuevos, donde brillará la justicia, donde todos, los que aceptamos a Jesús, confluiremos en la nueva Jerusalén unidos y con la paz que viene de Dios y no es falsa y engaflosa como la de este mundo.
se Vestíos del Señor Jesucristo.
Sii Caminemos a la luz del Señor.
Con la liturgia de este domingo se inicia el tiempo preparatorio para la solemnidad del Nacimiento de Jesús nuestro Salvador.
Es un tiempo que Fray Nelson caracteriza por la esperanza y la expectativa del cumCastillo Valle, plimiento de la promesa, de un salvador, hecha por Dios a su pueblo Israel.
Es tiempo de preparación para el advenimiento de los tiempos nuevos, tiempos de redención y de cambio, de participación en la vida de Dios, por la encarnación de este mismo en la persona de Jesús. Como creyentes debemos prepararnos para celebrar no sólo un acontecimiento que sucedió hace mucho tiempo, sino un vivir nuevamente la alegría del cumplimiento de la promesa y fortalecernos para ser en todo momento, consecuentes con las exigencias de nuestra fe en un Dios de vivos, un Dios que salva de la esclavitud del pecado y que nos invita a participar plenamente, por su Hijo, en a su propia vida.
Jesús tiene el sentido de plenitud, la unión entre la naturaleza humana y divina, Dios verdadero y verdadero hombre. Por esta razón el tiempo de Jesús y del Reino que él inaugura tiene este mismo sentido, en la lectura del profeta Isaías nos presenta el final de los días, la plenitud de los tiempos de la que nos habla el Apóstol, como unidad, ruptura con el pecado, tiempo de paz. Se nos invita a caminar a la luz del Señor. Todo momento fuerte en la vida del hombre y de toda la humanidad es una invitación a hacer un alto en el camino, a mirar hacia atrás para poder avanzar con mayor seguridad de qué es lo que queremos, mejor dicho qué es lo que exige nuestra fe en estos tiempos y situaciones concretas. Para poder hacer la voluntad de Dios, es necesario tener su luz, para no hacer lo que determina nuestro capricho e imponer nuestro pensamiento a la Palabra de Dios y no dejar que sea ésta la que nos imponga su exigencia, para no desviarnos por los caminos que no son los del Señor.
En consonancia con lo que nos transmite el profeta Isaías, San Pablo en su carta a los Romanos nos hace una invitación: Daos cuenta del momento en que vivís. Romanos 14, 11. No es posible vivir en la inconsciencia sin darnos cuenta de que la situación que nos rodea es una situación claramente adversa al Reino de los cielos, es una situación de pecado, no estamos nosotros excluidos de esta situación, sino que somos parte de ella misma. Cristo no pide de sus discípulos que se alejen del mundo, sino que viviendo en el mundo no participen de las obras del pecado sino que las adversen y luchen con todas sus fuerzas para que esta situación cambie, para que los hombres puedan experimentar el anuncio de Jesús; tenemos que ser capaces de transformar, de convertirnos al Señor y de convertir lo que es pecado y negación de la obra salvifica de Cristo en situación de no pecado y por tanto en construcción del Reino que Cristo instauró con su vida, muerte y resurrección. Tenemos que tomar postura, no podemos seguir confundidos con la masa, no podemos participar de la injusticia y opresión so pena de negar a Cristo en nosotros mismos y no ser transmisores de la Buena Nueva que nos trae Jesús de Nazaret. Estad en vela.
La expectativa ante la venida del Señor fue lo que mantuvo al resto de Israel fiel hasta el último momento y lo que permitió a los que aceptaron el mensaje reconocer en aquel Hombre al enviado de Dios.
Muchos, entre ellos los profesionales de la religión judía, no lo reconocieron; lo persiguieron, dijeron de él todo género de mentiras y por fin lograron unidos a los romanos crucificarlo. De esta manera creyeron hacer un bien a todo el pueblo y hacer desaparecer a este agitador que predicaba distinto de como ellos lo hacian, a éste que hablaba con autoridad y que se decía Hijo de Dios. nosotros nos puede pasar exactamente lo mismo.
Solamente hay una manera de evitarlo: permaneciendo en la expectativa de la segunda y definitiva venida del Señor Jesús. Estando en todo momento preparados a dar la lucha contra el pecado, la injusticia, la opresión, el robo y la destrucción de nuestros hermanos para cumplir los propósitos de una sociedad que se rige por el tener. no por el ser y el servicio. Si perdemos el tiempo no estaremos preparados. no sabremos reconocer la presencia de Jesús de Nazaret en medio de nosotros. El nacimiento de Jesús, la Navidad entonces será para nosotros una fiesta pagana de derroche, borracheras, marginación de los ya marginados de nuestra sociedad, mayor dolor y sufrimiento a los que ya sufren demasiado por el egoísmo de nosotros los hombres. En otras palabras, no haremos que la celebración del Nacimiento de Jesús sea signo de fuerte contenido liberador, fuerza nueva y constante en nuestra vivencia de fe como comunidad creyente. La invitación es a estar preparados, armados con las armas de la luz: que resplandezca Cristo en medio de nosotros, que por nuestro testimonio el anuncio que la Iglesia hace de los tiempos nuevos sea cada vez más creíble por los hombres. Que entonemos un cántico, anuncio a los pobres y marginados de esta tierra y cuestionamiento constante a todos los creyentes de lo que Jesús exige de todos los que lo aceptan y se comprometen a seguir por sus senderos. Hagamos que este tiempo litúrgico sea un tiempo fuerte de conversión al Señor y de cambio de injusticia y el pecado que vive nuestra sociedad.
Nuestra salvación estará más cerca o más lejos dependiendo de la aceptación que demos a la invitación que nos hace Cristo y que nos recuerda cada vez con mayor insistencia la misma Iglesia con su predicación, con su liturgia, como es el caso del tiempo de Adviento y con todos los llamados que como Madre y Maestra nos urge cada vez más a una fidelidad total a la Palabra de Dios y a descubrir los tiempos nuevos de Cristo Jesús.
Eduardo Bonin El sindicalismo en la doctrina social de la Iglesia de movilizar al trabajador para la lucha de clases, sino la de estimular más bien la colaboración, lo cual se verifica principalmente por medio de acuerdos establecidos entre las asociaciones de trabajadores y de empresarios (N 97. LAS ENSENANZAS DEL VATICANO II Fue en 1975. Cuando en el país se discutía acaloradamente acerca del proyecto de ley sobre la creación del Distrito de riego de Moracia. Las relaciones entre las cámaras ganaderas y Mons. Román Arrieta no estaban precisamente en su mejor momento. El obispo había enfocado el problema a la luz del magisterio social de la Iglesia Católica y diversos grupos sacerdotales se habían solidarizado con él.
En un magnífico editorial LA REPUBLICA del 17 de mayo afirmaba, entre otras cosas, lo siguiente: El análisis de los sacerdotes a que hemos hecho referencia versa fundamentalmente sobre la doctrina de la Iglesia y lo que más llama la atención en él, no es sólo la propiedad y claridad de las citas, sino la suprema ignorancia que reina en el pueblo y entre los dirigentes acerca de la posición de la Iglesia sobre este tema. Extraña, asimismo, que en materia tran principal la Iglesia costarricense no haya sido más constante, penetrante y vigorosa en su acció y en su palabra, a fin de que tan fecundos principios duminen a los políticos y a los técnicos, así como a aquellos que, por egoísmo o deformación, pretenden conservar intereses injustos o que afecten al bien común.
Mucho me temo que algo bastante parecido ha estado ocurriendo en el reciente conflicto entre los propietarios de la Hacienda Juan Viñas y un importante grupo de sus trabajadores. En actitud de servicio informativo y por si pueden ayudar en algo a lograr un entendimiento en el espíritu de una verdadera justicia social, que salvaguarde también los intereses de la nación y de la democracia, me permito transcribir los textos más importantes que sobre el sindicalismo han publicado los últimos Papas y el Concilio Vaticano II. En la constitución Gandium et spes sobre la llgesia en el mundo actual, en el capítulo dedicado a la vida económico social, leemos los siguientes párrafos: Entre los derechos fundamentales de la persona humana debe contarse el derecho de los obreros a fundar libremente asociaciones que representen auténticamente al trabajador y puedan colaborar en la recta ordenación de la vida económica, así como también el derecho de participar libremente en las actividades de las asociaciones sin riesgo de represalias. Por medio de esta ordenada participación crecerá más y más entre todos el sentido de la responsabilidad propia, el cual les llevará a sentirse colaboradores, según sus medios y aptitudes propias, en la tarea total del desarrollo económico y social y del logro del bien común universal. En caso de conflictos económico sociales hay que esforzarse por encontrarles soluciones pacíficas. Aunque se ha de recurrir siempre primero a un sincero diálogo entre las partes, sin embargo, en la situación presente, la huelga puede seguir siendo medio necesario, aunque extremo, para la defensa de los derechos y el logro de las aspiraciones justas de los trabajadores. Búsquese, con todo, cuanto antes, caminos para negociar y para reanudar el diálogo conciliatorio (nº. 68. LAS ENSENANZAS DE JUAN XXIII LAS ENSENANZAS DE PABLO VI En su enciclica Mater et Magistra de 1961 el Papa Juan nos dice lo siguiente: Los deberes de la justicia han de respetarse no solamente en la distribución de los bienes que el trabajo produce, sino también en cuanto afecta a las condiciones generales en que se desenvuelve la actividad laboral. Porque en la naturaleza humana está arraigada la exigencia de que, en el ejercicio de la actividad económica, le sea posible al hombre asumir la responsabilidad de lo que hace y perfeccionarse a sí mismo (N 82. De donde se sigue que, si el funcionamiento y las estructuras económicas de un sistema productivo ponen en peligro la dignidad humana del trabajar, o debilitan su sentido de la responsabilidad, o le impiden la libre expresión de su iniciativa propia, hay que afirmar que este orden económico es injusto, aún en el caso de que, por hipótesis, la riqueza producida en él alcance un alto nivel y se distribuya según criterios de justicia y de equidad (n 83. Estamos convencidos de la razón que asiste a los trabajadores cuando aspiran a participar activamente en la vida de las empresas donde trabajan. participación que, en todo caso, debe tender a que la empresa sea una auténtica comunidad humana, cuya influencia bienechora se deje sentir en las relaciones de todos sus miembros y en la variada gama de sus funciones y olbigaciones (nº. 91. Esto exige que las relaciones mutuas entre empresarios y dirigentes, por una parte, y los trabajadores, por otra, lleven el sello del respeto mutuo, de la estima, de la comprensión y, además, de la leal y activa colaboración e interés de todos en la obra común; y que el trabajo, además de ser concebido como fuente de ingresos personales, lo realicen también todos los miembros de la empresa como cumplimiento de un deber y prestación de un servicio para la utilidad general. Todo ello implica la conveniencia de que los obreros puedan hacer oir su voz y aporten su colaboración para el eficiente funcionamiento y desarrollo de la empresa (nº. 92. Es una realidad evidente que, en nuestra época, las asociaciones de trabajadores han adquirido un amplio desarrollo, y generalmente han sido reconocidas como instituciones jurídicas en los diversos países e incluso en el plano internacional. Su finalidad no es ya la En el último de los grandes documentos de la doctrina social católica, la Carta Apostólica Octogessima adveniens del 14 de marzo de 1971, el actual Papa declaraba. Si para la defensa de los derechos de los trabajadores las sociedades democráticas aceptan el principio de la organización sindical, sin embargo, no se hallan siempre dispuestas a su ejercicio. Se debe admitir la función importante de los sindicatos: tienen por objeto la representación de las diversas categorias de trabajadores, su legítima colaboración en el progreso económico de la sociedad, el desarrollo del sentido de sus responsabilidades para la realización de bien común. Su acción no está, con todo, exenta de dificultades; puede sobrevenir, aquí o allá, la tentación aprovechar una posición de fuerza para imponer, sobre todo por la huelga cuyo derecho como medio último de defensa queda ciertamente reconocido condiciones demasiado gravosas para el conjunto de la economía o del cuerpo social, o para tratar de obtener reivindicaciones de orden directamente político (nº. 14. Se han hecho ya algunos progresos para introducir, en el seno de las relaciones humanas, más justicia y mayor participación en las responsabilidades. Pero en este inmenso campo queda todavía mucho por hacer. Es necesario, por ello, proseguir la reflexión, la búsqueda y la experimentación, para que no se retrasen las soluciones referentes a las legitimas aspiraciones de los trabajadores, aspiraciones que se van afirmando a medida que se desarrollan su formación, la conciencia de su dignidad y el vigor de sus organizaciones (nº. 15. QUE NO SEA SOLO UN SLOGAN Prefiero no hacer comentarios a los textos citados. Solo quisiera expresar mi deseo de que en un país donde la inmensa mayoría de los partidos políticos y buena parte de los empresarios y de las centrales sindicales, afirman enfáticamente que quieren actuar de acuerdo con los postulados de la doctrina social Cristiana, ojalá no se quede todo en puras frases para uso de campañias políticas o para manipular la realidad al servicio de los propios intereses egoístas.
Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.

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