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A Mitt Romney le preocupan mucho los déficits presupuestarios. O al menos eso es lo que él dice. Le gusta mucho advertir que los déficits del presidente Obama nos llevan hacia un "colapso como el de Grecia". Entonces, ¿por qué ofrece Romney una propuesta de presupuesto que llevaría a deudas y déficits más grandes que la propuesta correspondiente formulada por la administración Obama?
Por supuesto, Romney no está solo en la hipocresía. De hecho, todos los cuatro candidatos presidenciales republicanos que todavía quedan en pie son farsantes fiscales. Emiten apocalípticas advertencias respecto a los peligros de la deuda gubernamental y, en nombre de la reducción del déficit, exigen salvajes recortes en programas que protegen a la clase media y a los pobres. Pero después proponen despilfarrar todo el dinero ahorrado de esa forma –y mucho, pero mucho más– en reducciones de impuestos para los ricos.
Y a nadie le debe sorprender. Ha sido obvio en todo este tiempo, para cualquiera que ponga atención, que los políticos que más gritan respecto a los déficits en realidad están utilizando la histeria del déficit como un cuento para cubrir su propia agenda, que es guerra de clases de arriba hacia abajo. Para ponerlo en términos de Romney, todo se reduce a una excusa para recortar programas que ayudan a gente que le gusta ver las competencias de Nascar al tiempo que derrochan reducciones tributarias para beneficio de gente a la que le gusta ser dueña de equipos en Nascar.
Bueno, hablemos de las cifras.
La Comisión por un Presupuesto Federal Responsable, que es independiente, publicó recientemente una perspectiva general de las propuestas de presupuesto para los cuatro candidatos republicanos “principales” y, en un reporte separado, examinó el presupuesto más reciente de Obama. No soy, dicho sea, un gran admirador del papel general de la Comisión en nuestro discurso político; pienso que ha estado promoviendo una reducción prematura del déficit y desviando la atención de la tarea más inmediatamente urgente de reducir el desempleo. Pero el grupo es honesto y técnicamente competente, por lo que su evaluación suministra un punto de referencia muy útil.
Y esto es lo que nos dice: de acuerdo con un “panorama de deuda intermedia”, las propuestas de presupuesto de Newt Gingrich, Rick Santorum y Mitt Romney conducirían todas a una deuda mucho más alta en el término de una década que las propuestas del presupuesto de Obama para el 2013. Ron Paul saldría mucho mejor, casi empatando con Obama. Pero, si uno se fija en los detalles, resulta que Paul está asumiendo billones de dólares en recortes de gastos que no se especifican y que son inverosímiles. Por eso, al final de cuentas, en realidad también es un derrochador.
¿Hay forma alguna para hacer que las propuestas republicanas parezcan responsables en el plano fiscal? Bueno, no, salvo que uno crea en la magia. Es un hecho que la economía vudú está reapareciendo de forma espectacular, con Romney, en particular, afirmando que sus reducciones de impuestos en realidad no harían que el déficit explotara porque promoverían un crecimiento económico más rápido y esto elevaría la recaudación.
Y uno puede encontrar que esto sea plausible, si se pasó las últimas dos décadas durmiendo en una caverna por ahí. Si no fue así, probablemente recuerda que la misma gente que ahora nos dice los grandes beneficios que las reducciones de impuestos harían por el crecimiento, nos aseguraron que el aumento en los impuestos que Bill Clinton hizo en 1993 nos llevaría al desastre económico, mientras que las reducciones de impuestos de George W. Bush en el 2001 crearían vasta prosperidad. Esas predicciones no se han hecho realidad.
Por eso, los republicanos que pegan alaridos respecto a los demonios de los déficits no reducirían, de hecho, el déficit; lo que es más: harían lo opuesto. Entonces, ¿qué lograrían sus políticas? La respuesta es que lograrían una redistribución de grandes dimensiones en el ingreso, quitándolo a los estadounidenses de la clase trabajadora y llevándolo a los muy, muy, ricos.
Otro grupo independiente, el Centro de Política Tributaria, ha analizado la propuesta de impuestos de Romney. Encontró que, comparada con la política actual, la propuesta en realidad elevaría los impuestos al 20% más pobre de los estadounidenses, al tiempo que impondría drásticos recortes en programas como Medicaid, que proveen una red de seguridad a los menos afortunados. (Aunque a los derechistas les gusta presentar Medicaid como un regalo para los vagos, el grueso del dinero va a niños, discapacitados y ancianos).
Pero el 1% más rico recibiría grandes reducciones de impuestos y al más rico entre los ricos, 0,1%, le iría aún mejor, toda vez que el miembro promedio de este grupo de élite pagaría $1,1 millones menos en impuestos por año de lo que pagaría si se permite que expiren los recortes de impuestos de Bush para el extremo alto.
Hay algo más que uno debería saber respecto a las propuestas republicanas: no solo son irresponsables en lo fiscal e inclinadas de manera pronunciada en contra de los estadounidenses trabajadores, sino que también constituyen una política terrible para una nación que sufre debido a una economía deprimida a corto plazo, aunque enfrente problemas presupuestarios de largo plazo.
Pongámoslo de esta manera: ¿Le preocupa un “colapso como el de Grecia”? Bueno, estos planes recortarían el gasto en el plazo corto, emulando la catastrófica austeridad de Europa, incluso al tiempo que fijan recortes tributarios que destrozarían el presupuesto para el futuro. La interrogante ahora es si alguien que ofrece esta tóxica combinación de irresponsabilidad, guerra de clases e hipocresía puede en realidad ser elegido presidente.
Traducción de Gerardo Chaves para La Nación
Paul Krugman es profesor de Economía y Asuntos Internacionales en la Universidad de Princeton y premio Nobel de Economía del 2008.
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