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Hablemos hoy de estudiantes estafadores en manada y de diputados demagogos, cuya víctima, en ambos casos, ha sido la Comisión Nacional de Préstamos para Educación (Conape), esto es, el sistema educativo. ¡Qué pena!
Vamos por partes. La ley creadora de la Banca para el Desarrollo metió sus manos agrietadas en la Comisión Nacional de Préstamos para Educación (Conape) y, en estos tres años, le ha arrebatado 15.000 millones de colones, 23% menos, en préstamos, que en el 2011. Así, 3.200 estudiantes de escasos recursos no podrán acceder, este año, a las instituciones educativas. La columna de Armando González, de ayer domingo, denuncia esta aberración: 15.000 millones menos, hasta hoy, a Conape a fin de financiar "la quimera" de la Banca de Desarrollo, otro elefante blanco en los impunes molinos trituradores de los recursos públicos. ¿Por qué Gobierno y diputados han tolerado por tanto tiempo esta insensatez?
Y, como si lo anterior no bastara, La Nación nos informa (2 de marzo pasado) que falsos estudiantes de Orotina, Esparza, El Roble y Puntarenas, estafaron a Conape por 400 millones de colones, mediante la presentación de documentos falsos, entre ellos, órdenes patronales, constancias salariales de la CCSS y el MEP, y certificaciones de universidades privadas con sede en Puntarenas. Así, cada uno obtuvo entre 1,5 millones y 2 millones de colones para estudios o compra de computadoras.
En suma, un grupo mafioso, cuya metástasis podría extenderse, por acción u omisión, a no pocos padres de familia y vecinos que, como reza la información, prestaron su identidad para este raterismo o cuatrerismo estudiantil. Sobra decir que sorprende el número de falsos estudiantes involucrados con sus respectivos cómplices, un monto que no puede dejarnos indiferentes frente a uno de los bastiones propios de un país civilizado: la honradez, tan en decadencia, al punto que se habla poco de ella, al esparcirla entre otros sinónimos, menos claros o golpeantes. Vivimos la época de los eufemismos, de la litote o atenuación, de lo políticamente correcto, del “venga, m´hijito, no lo vuelva a hacer” y, en lo político, la aprobación de una banca de desarrollo –tan sonora mediáticamente– arrebatándole recursos a la educación y, peor aún, a los que necesitan préstamos para estudiar'
Honradez, a secas, esta es la cuestión, encarnada, como predicaba Confucio, en la restauración del diccionario, de las palabras apropiadas, la mejor carta de presentación en los abultados currículos de hoy, que se mama en la familia y se fortalece en la escuela, y cuya ausencia o debilitamiento está convirtiendo la política en una mascarada.
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