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de llevarse a chirona a los organizadores de ese acto religioso en virtud de una Real Cédula que (según decían. prohibía esa clase de funciones a ciertas horas de la noche.
Cayeron las viejas con patatús, chiflaron los patojos, huyeron los penitentes, chillaron las muchachas, lucieron cuchillos y espadas, sonaron bofetones y cintarazos, y, en una palabra, convirtióse la procesión en el campo de Agramante. las primeras horas del siguiente día deteníanse asustados los curiosos transeúntes ante las ventanas de la cárcel de la Real Audiencia.
El caso no era para menos.
Frailes y paisanos, terceros y penitentes, veíanse allá adentro en abigarrada confusión, magullados y cariacontecidos, y en un ángulo de la prisión, como si fuese el peor de los criminales, estaba la Virgen de los Pobres, víctima de las venganzas de su excelencia, el antiguo corregidor de Ríobamba.
Del libro CRONICAS DE LA ANTIGUA GUATEMALA Editorial Piedra Santa, 1980 APRENDAMOS con Bap Virgen del Socorro de la Catedral de Guatemala, en rogativa tradicional por los viejos barrios de la ciudad, 1977.
LA VIRGEN PRISIONERA GOMA META SALIDA ΜΕΤΑ ها PLEGAR 1 El juego de la carrera ¡Qué candidez!
Ignoraba aquel retrógrado y obscurantista frailucho, que aún no habían llegado para Guatemala los tiempos de democracia y libertad, en que el no saludar al Presidente de la República, se castigaba con una tunda de azotes y una visita a la Penitenciaría.
En setiembre del susodicho año de gracia 1717, comenzaron de nuevo las erupciones y los temblores, y de nuevo celebraron junta, para tratar de tan importantísimo asunto, las autoridades y principales vecinos.
Tirios y troyanos estuvieron de acuerdo en que siendo aquellas calamidades celestial castigo de las numerosas culpas del vecindario, precisaba desagraviar a la Divina Providencia con ejercicios y funciones religiosas. Acordóse, en consecuencia, celebrar misas y rogaciones y principalmente una procesión de sangre, en que se pa.
sease por las calles alguna de las imágenes más veneradas de la Santísima Virgen, patrona de Guatemala. esta fue cabalmente la manzana de la discordia. Sostenía el presidente, apoyado por los dominicos, que debía sacarse en procesión la imagen de nuestra Señora del Rosario, que se veneraba en el templo de Santo Domingo.
Replicaba el Obispo, sostenido por los franciscanos, que semejante honor correspondía a la imagen de nuestra Señora de los Pobres, que recibía culto en San Francisco. sobre si la Virgen del Rosario, hacía y volvía y si la Virgen de los Pobres era esto o aquello, armóse terrible gresca, en que los oradores de ambas partes agotaron las fuerzas de sus pulmones, los tesoros de la re.
tórica, las armas de la erudición.
Vencieron esta vez los episcopales, y su ilustrísima, sonriendo de satisfacción y frotándose las manos de contento, se propuso hacer rabiar a más no poder a su antagonista, organizando una solemnísima procesión de sangre que salió de San Francisco el diecinueve de setiembre.
Abrían la marcha los hermanos de la Tercera Orden de San Francisco, con su largo manto de estameña azul y llevando tres de sus más caracterizados miembros la cruz alta y los ciriales. Seguía una turba de penitentes o nazarenos cubiertas las caras con morados capirotes; quienes, ceñido el cuerpo con ásperos cilicios; otros llevando a cuestas pesadas cruces; algunos flagelándose con duras disciplinas; y todos haciendo alguna penitencia a cual más dolorosa y original. Venían después los maceros del Muy Noble Ayuntamiento con sus rojas gramallas y sus insignias de plata, precediendo a los alcaldes, regidores y síndicos, que marchaban cirio en mano y en traje de gala, compuesto de zapato bajo con hebilla de plata, medias de seda hasta los muslos, calzones cortos y casacón de terciopelo oscuro y vueltas y chupa de oro.
Veíanse a continuación el clero secular y regular, presidido por el Obispo y los canónigos, escoltando a la Virgen de los Pobres, que era conducida en andas; y, por último, muchedumbre de beatas y devotas recitando el santísimo rosario.
Chisporroteaban las velas, hendía los aires el murmullo de las plegarias. flameaban los cortinajes en los balcones. Subían hasta lo azul las espirales del incienso y moviáse lenta y acompasada aquella larga culebra humana. las últimas horas de la tarde la comitiva atravesó la plazuela de San Pedro y la Plaza Mayor; y ya entradas las primera de la noche, perdióse incauta, sin contar con la huéspeda por las calles del barrio de San Sebastián. la huéspeda en tal caso era el mismísimo don Francisco Rodríguez de Rivas, a quien se atragantó la espina de la famosa concerrada sin dejarlo comer a sus anchas ni conciliar el sueño. Pero llegó la no menos famosísima procesión, y como no hay mal que por bien no venga resolvió su excelencia asir la ocasión por los cabellos, y a la chita callando dobló la guardia en un abrir y cerrar de ojos.
Sonaron las nueve en el reloj del Palacio de los capitanes y generales, entonces fue la de Dios es Cristo.
Porque cuando más compungidos marchaban los nazarenos y más alelados estaban los concurrentes, iCataplún!. cayó sobre ellos la guardia con orden de disolver la comitiva y Juego para dos muchachos.
Se disponen dos sillas como indicamos en el dibujo; se ata una goma con un cordel a cada uno de los respaldos de las sillas, y a continuación se unen los dos elásticos con un cordelito delgado.
Se hace una señal con la pluma exactamente en la mitad del cordelito y, a cuatro dedos de distancia de cada goma, se hacen otros dos signos. Estos últimos son las metas. mientras que el primer signo indica la salida. Justamente sobre esta línea se coloca la figurita de un personaje, no más alto de 10 cm, tal como puede verse en el dibujo doblado y puesto a caballo del cordel, cerrado por un imperdible por su parte inferior.
Por turno, los dos muchachos que participan en el juego, estando de rodillas cada uno en su silla, tirarán de su respectiva goma.
Entonces se verá al personaje dar botes hacia adelante, unas veces caminando hacia una y otras hacia la otra de las dos metas.
El que consiga hacer rebasar su propia meta por el personaje correspondiente, habrá ganado.
El huevo encantado B Preguntad a cualquiera de vuestros amigos si introduciendo un huevo en un vaso de agua se va al fondo o no. Ciertamente él os responderá que sí se hunde, como en la figura A, y de hecho no se equivocaría; sin embargo, vosotros podéis demostrarle que sois capaces de hacer subir el huevo a la superficie, sin tocarlo con las manos. Cómo hacerlo? Facilísimo: Bastará poner en el agua un buen puñado de sal. Entonces veréis, no en seguida, se entiende, sino que poco a poco, el huevo se sitúa en la posición de la figura B, y finalmente, llega a flotar como en la figura Por qué motivo? Se trata de la misma razón por la que si os echaseis en el Mar Muerto, cuyas aguas tienen una gran salsedumbre, flotarías aunque no supierais nadar.
No sólo le entretenemos a su hijo INSTITUTO EL NIÑO FELIZ 25 metros al oeste de la iglesia de Rohrmoser profesoras graduadas en EDUCACION PREESCOLAR. de Costa Rica y Nacional.
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BALLET DANZA MODERNA Conocimientos básicos del inglés Niños de dos años en adelante El hecho de añadir sal al agua hará que el huevo llegue lentamente a flote y permanezca inmóvil en la superficie.
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