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6 LA REPUBLICA. Lunes, de agosto de 1983 EDITORIAL bi PENTAGRAMA San José era linda cuando era un pueblo de casuchas regadas como granos en un maizal. oo00o Piense cada quien como le venga en gana, pero aquella ciudad que pintaron Wagner y Scherzer era un encanto. tenía alma proEl contrabando es otro delito contra el pobre pia. 0000 Había en ella reminiscencias de España y de Francia, faroleros y mosi ús. pero el espíritu era tico hasta el tuetano. o00o Aun cuando se hizo adulta y vistió pantalones largos, alcanzando el nobilísimo título de aldea la capital siguió hecha una corronguera. 0000 Bohemia, alegre, confiada, candelera. chismosa, tertuliana, picara, inocente, beatifica, pietísima, aventada y plumas al aire. todo en una solemne mezcla. 0000En la infancia y pubertad, era pues, la nuestra, una ciudad con personalidad. 0000 En cambio ahora lo que tenemos es un híbrido que no se parece a nada, ni tiene nada de nada. O000 Una ciudad. que no llega a tanto, que aún huele a aldea, pero que pinta a metrópolis sin serlo, especie de queque de balines, difícil de tragar. 0000 Más bien caricatura de ciudad, hecatómbica, horrible, sin atractivo.
El director general de Aduanas, Lic. Elías Shadid, ha estimado que los derechos de aduana dejados de pagar maliciosamente, ascienden a la considerable cifra de cuatro mil millones de colones al año, lo que representa, desde el punto de vista de su cuantía, una muy buena parte del déficit presupuestario del Gobierno Central. El ingreso ilícito de mercancías ha puesto en serios aprietos a las industrias locales, que en algunos ramos han observado un deterioro de sus ventas hasta del treinta por ciento, así como también a los comerciantes que pagan honestamente los respectivos cánones de internación y otros impuestos, pues ello los sitúa fuera de competencia con los negocios que se dedican directamente al contrabando o son los topadores de los contrabandistas.
Tanto los fabricantes como los dueños de tiendas ven así disminuidas sus actividades y negocios mientras otros se enriquecen fraudulentamente. Ya nos referimos en nuestro editorial del de febrero del corriente año a la acción delictiva de quienes compran lo robado y a la urgencia de poner freno a estos actos que ponen al margen de la ley a unos y otros; ahora debemos exponer con toda la crudeza del caso el delito mayor del contrabando y exhibir tanto a quienes lo hacen como a los que lo fomentan al comprar las mercancías que han ingresado al país burlando las normas tributarias vigentes.
La progresiva generalización de estos he chos vandálicos que destruyen el ordenamiento tributario del comercio nacional, debe merecer atención preferente de las autoridades pues comprometen a los empresarios honestos a dejar sus actividades productivas o comerciales y tienden, por la caída de los ingresos tributarios a crear nuevas cargas en sectores en donde tales evasiones ilegales no pueden producirse. Se va introduciendo un caos en el ambiente de los negocios y en las actividades económicas en general, que nos va precipitando en la pobreza y la anarquia.
Los mencionados delitos se agravan por el hecho de que es el pueblo el que a la larga tiene que reducir sus ya angustiosos niveles de consumo, porque la ineficacia de la imposición a lo suntuario debe llenarse con impuestos a hechos, actos y consumos que por su naturaleza, no pueden evadir la carga tributaria; éstos, por su carácter más general y menos selectivo, caen con todo su rigor sobre las familias más pobres.
Por otro lado, la disminución de las ventas de productos de la industria local debido a la competencia del contrabando, reduce la productividad de ésta y consiguientemente, sus posibilidades de competir exitosamente en los mercados externos. El afán exportador que con tanto empeño propugna el Gobierno, para aliviar nuestra penuria cambiaria, se ve fuertemente neutralizado y hasta anulado, por efecto del contrabando, así como también habrá una contracción inevitable en la demanda de trabajo.
Nos parece que si ni el Gobierno ni las empresas han tenido el coraje para enfrentar con energía esos delitos, el pueblo como pagador de última instancia de los mismos, debe luchar para hacerse justicia por sus propias manos, denunciando a las autoridades, cuando menos, todo acto, situación o siquiera rumor que pueda en alguna forma señalar pistas que lleven a la identificación de los delincuentes que le roban su trabajo y bienestar, porque burlan el pago de los impuestos de cualquier clase y adquieren mercancías cuya propiedad no se identifica, o que han traspasado las fronteras patrias en forma clandestina. o00o Una ciudad en que los modistas viales han decretado la muerte del árbol porque tener las calles sombreadas de árboles resulta carisimo, pues las raíces rompen las aceras y los pavimentos. o00o Ciudad horno. porque a los que tienen poder para transformarla, les ha estorbado toda la vida las zonas verdes, los parques pulmonares y las fuentes. o00o Urbe que no es urbe, pero que si la llamamos tal, habria que rectificar cuando un extranjero nos diga que lo que ve es un basurero. 0000 Además, una ciudad que avanza cada día más hacia la inseguridad, donde dejó de tener vigencia el policía, y la tiene el hampón, el criminal, el traficiante de armas, el espía y el terrorista camouflado. o00o Ciudad a la que le quitaron los tranvías, para modernizarla. y ahora los necesita como necesita oxigeno el astronauta. O0000 no digamos más. 0000 Vayan a mirar por cualquier parte los que quieran decir que mentimos, y que les vaya bien.
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