Guardar

36. LA REPUBLICA Martes de mayo de 1984 Si Ya Iglesia Consideta tomo deber suyo pronunciarse 58 Bre el trabajo bajo el punto de vista de su valor humano y del orden moral, en el cual se encuadra, reconociendo en esto una tarea específica importante en el servicio que hace al mensaje evangélico completo, contemporáneamente ella ve un deber suyo particular en la formación de una espiritualidad del trabajo, que ayude a todos los hombres a acercarse a través de él a Dios, Creador y Redentor, a participar en sus planes salvificos respecto al hombre y al mundo, y a profundizar en sus vidas la amistad con Cristo, asumiendo mediante la fe una viva participación en su triple misión de Sacerdote, Profeta y Rey, tal como lo enseña con expresiones admirables el Concilio Vaticano II.
25. EL TRABAJO COMO PARTICIPACION EN LA OBRA DEL CREADOR Como dice el Concilio Vaticano II: Una cosa hay cierta para los creyentes: la actividad humana individual y colectiva o el conjunto ingente de esfuerzos realizados por el hombre a lo largo de los siglos para lograr mejores condiciones de vida, considerado en sí mismo, responde a la voluntad de Dios. Creado el hombre a imagen de Dios, recibió el mandato de gobernar el mundo en justicia y santidad, sometiendo a si la tierra y cuanto en ella se contiene y de orientar a Dios la propia persona y el universo entero, reconociendo a Dios como Creador de todo, de modo que con el sometimiento de todas las cosas al hombre sea admirable el nombre de Dios en el mundo.
su trabajo de forma que resulte provechoso y en servicio de la sociedad, con razón pueden pensar que con su trabajo desarrollan la obra del Creador. sirven al bien de sus betmanos y contribuyen de modo personal a que se cumplan los designios de Dios en la historia.
Hace falta, por lo tanto, que esta espiritualidad cristiana del trabajo llegue a ser patrimonio común de todos. Hace falta que, de modo especial en la época actual, la espiritualidad del trabajo demuestre aquella madurez, que requieren las tensiones y las inquietudes de la mente y del corazón: Los cristianos, lejos de pensar que las conquistas logradas por el hombre se oponen al poder de Dios y que la criatura racional pretende rivalizar con el Creador, están, por el contrario, persuadidos de que las victorias del hombre son signo de la grandeza de Dios y consecuencia de su inefable designio. Cuanto más se acrecienta el poder del hombre, más amplia es su responsabildad individual y colectiva. El mensaje cristiano no aparta a los hombres de la edificación del mundo ni los lleva a despreocuparse del bien ajeno, sino que, al contrario, les impone como deber el hacerlo.
La conciencia de que a través del trabajo el hombre participa en la obra de la creación, constituye el móvil más profun para emprenderlo en varios sectores: Deben, pues, los fieles. leemos en la Constitución Lumen Gentium, conocer la naturaleza intima de todas las criaturas, su valor y su ordenación a la gloria de Dios y, además, deben ayudarse entre sí, también mediante las actividades seculares, para lograr una vida más santa, de suerte que el mundo se impregne del espíritu de Cristo y alcance más eficazmente su fin en la justicia, la caridad y la paz. Procuren, pues, seriamente, que por su competencia en los asuntos profanos y por su actividad, elevada desde dentro por la gracia de Cristo, los bienes creados se desarrollen. según el plan del Creador y la iluminación de su Verbo, mediante el trabajo humano, la técnica y la cultura civil.
En la palabra de la divina Revelación está inscrita muy profundamente esta verdad fundamental, que el hombre, creado a imagen de Dios, mediante su trabajo participa en la obra del Creador, y según la medida de sus propias posibilidades, en cierto sentido, continúa desarrollándola y la completa, avanzando cada vez más en el descubrimiento de los recursos y de los valores encerrados en todo lo creado. Encontramos esta verdad ya al comienzo mismo de la Sagrada Escritura, en el libro del Génesis, donde la misma obra de la creación está presentada bajo la forma de un trabajo realizado por Dios durante los seis días. para descansar el sétimo. Por otra parte, el último libro de la Sagrada Escritura resuena aún con el mismo tono de respeto para la obra que Dios ha realizado a través de su trabajo creativo, cuando proclama: Grandes y estupendas son tus obras, Senor, Dios todopoderoso. análogamente al libro del Génesis, que finaliza la descripción de cada dia de la creación con la afirmación: vió Dios ser bueno.
Esta descripción de la creación, que encontramos ya en el primer capítulo del libro del Génesis es, a su vez, en cierto sentido el primer evangelio del trabajo. Ella demuestra, en efecto, en qué consiste su dignidad; enseña que el hombre, trabajando, debe imitar a Dios, su Creador, porque lleva consigo el solo, el elemento singular de la semejanza con El. El hombre tiene que imitar a Dios tanto trabajando como descansando, dado que Dios mismo ha querido presentarle la propia obra creadora bajo la forma del trabajo y del reposo. Esta obra de Dios en el mundo continúa sin cesar, tal como atestiguan las palabras de Cristo: Mi Padre sigue obrando todavía. obra con la fuerza creadora, sosteniendo en la existencia al mundo que ha llamado de la nada al ser, y obra con la fuerza salvifica en los corazones de los hombres, a quienes ha destinado desde el principio al descanso en unión consigo mismo, en la casa del Padre Por lo tanto, el trabajo humano no solo exige el descanso cada siete días. sino que además no puede consistir en el mero ejercicio de las fuerzas humanas en una acción exterior, debe dejar un espacio interior, donde el hombre, convirtiéndose cada vez más en lo que por voluntad divina tiene que ser, se va preparando a aquel descanso que el Señor reserva a sus siervos y amigos 26. CRISTO EL HOMBRE DEL TRABAJO Esta verdad, según la cual a través del trabajo el hombre participa en la obra de Dios mismo, su Creador, ha sido particularmente puesta de relieve por Jesucristo, aquel Jesús ante el que muchos de sus primeros oyentes en Nazareth permanecían estupefactos y decían. De dónde le viene a éste tales cosas, y qué sabiduria es ésta que le ha sido dada. No es acaso el carpintero? En efecto, Jesús no solamente lo anunciaba, sino que ante todo, cumplía con el trabajo el evangelio confiado a él, la palabra de la Sabiduria eterna. Por consiguiente, esto era tam bién el evangelio del trabajo. pues el que lo proclama ba, él mismo era hombre de trabajo, del trabajo artesano al igual que José de Nazareth. Aunque en sus palabras no encontremos un preciso mandato de trabajar mas bien, una vez, la prohibición de una excesiva preocupación por el mismo trabajo y la existencia, no obstante, al mismo tiempo, la elocuencia de la vida de Cristo es inequivoca. pertenece al mundo del trabajo. tiene reconocimiento y respeto por el trabajo humano; se puede decir incluso más: él mira con amor el trabajo. sus diversas manifestaciones, viendo en cada una de ellas un aspecto particular de la semejanza del hombre con dos Creador y Padre. No es El quien dijo mi Padre es el viñador. transfiriendo de varias maneras a su enseñanza aquella verdad fundamental sobre el trabajo, que se expresa ya en toda la tradición del Antiguo Testamento, comenzando por el libro del Génesis?
En los libros del Antiguo Testamento no faltan múltiples referencias al trabajo humano, a las diversas profesiones ejercidas por el hombre. Baste citar por ejemplo la de médico, farmacéutico, artesano artista, herrero se podrían referir estas palabras al trabajo del siderúrgico de nuestros días la de alfarero, agricultor, estudioso, navegante, albañil, músico, pastor, y pescador. Son conocidas las hermosas palabras dedicadas al trabajo de las mujeres. Jesucristo en sus parábolas sobre el Reino de Dios se refiere constantemente al trabajo humano: al trabajo del pastor, del labrador, del médico, del sembrador, del dueño de casa, del siervo, del administrador, del pescador, del mercader, del obrero. Habla además de los distintos trabajos de las mujeres. Presenta el apostolado a semejanza del trabajo manual de los segadores o de los pescadores. Además se refiere al trabajo de los estudiosos.
La conciencia de que el trabajo humano es una participación en la obra de Dios, debe llegar como enseña el Concilio incluso a los quehaceres más ordinarios. Porque los hombres y mujeres que, mientras procuran el sustento para sí y su familia, realizan COPE Shell LUBRICANTES CORPORACION PETROLERA NACIONAL SA DISTRIBUIDORES DE LUBRICANTES GRASAS PARA USO Esta enseñanza de Cristo acerca del trabajo, basada en el ejemplo de su propia vida durante los años de Nazaret, encuentra un eco particularmente vivo en las enseñanzas del Apóstol Pablo. Este se gloriaba de trabajar en su oficio (probablemente fabricaba tiendas. y gracias a esto podía también, como apóstol, ganarse por sí mismo el pan. Con afán y con fatiga trabajamos día y noche para no ser gravosos a ninguno de vosotros. De aquí derivan sus instrucciones sobre el tema del trabajo, que tienen carácter de exhortación y mandato: éstos. recomendamos y exhortamos en el Señor Jesucristo que, trabajando sosegadamente, coman su pan. así escribe a los Tesalonisenses. En efecto, constatando que algunos viven entre vosotros desordenadamente, sin hacer nada. el Apóstol también en el mismo contexto no vacilará en decir: El que no quiere trabajar no coma. En otro pasaje por el contrario anima a que: Todo lo que hagáis, hacedlo de corazón como obedeciendo al Señor y no a los hombres, teniendo en cuenta que del Señor recibiréis por recompensa la herencia.
Las enseñanzas del Apóstol de las gentes tiene, como se ve, una importancia capital para la moral y la espiritualidad del trabajo humano. Son un importante complemento a este grande, aunque discreto, evangelio del trabajo, que encontramos en la vida de Cristo y en sus parábolas, en lo que Jesús hizo y enseñó.
En base a estas luces emanantes de la Fuente misma, la Iglesia siempre ha proclamado esto, cuya expresión contemporánea encontramos en la enseñanza del Vaticano II: La actividad humana, así como procede del hombre, así también se ordena al hombre. Pues éste, con su acción, no sólo transforma las cosas y la sociedad, sino que se perfecciona a sí mismo. Aprende mucho, cultiva sus facultades, se supera y se trasciende. Tal superación, rectamente entendida, es más importante que las riquezas exteriores que puedan acumularse. Por tanto, ésta es la norma de la actividad humana que, de acuerdo con los designios y voluntad divinos, sea conforme al auténtico bien del género humano y permita al hombre, como individuo y miembro de la sociedad, cultivar y realizar integramente su plena vocación: AUTOMOTRIZ INDUSTRIAL HOY PRIMERO DE MAYO DIA INTERNACIONAL DEL TRABAJO, NOS UNIMOS CONGOZO AL PUEBLO TRABAJADOR COSTARRICENSE PARA MANIFESTARLENUESTRO JUSTO RECONOCIMIENTO COPEN o LUBRICANTES En el contexto de tal visión de los valores del trabajo humano, o sea de una concreta espiritualidad del abajo, se explica plenamente lo que en el mismo número de la Constitución pastoral del Concilio leemos sobre el tema del justo significado del progreso: El hombre vale más por lo que és que por lo que tiene. Asimismo, cuanto llevan a cabo los hombres para lograr más justicia, mayor fraternidad y un más humano planteamiento en los problemas sociales, vale más que los progresos técnicos. Pues dichos progresos pueden ofrecer, como si dijéramos, el material para la promoción humana, pero por si sólo no pueden llevarla a cabo Esta doctrina sobre el problema del progreso y del desarrollo tema dominante en la mentalidad moderna, puede ser entendida únicamente como fruto de una comprobada espiritualidad del trabajo humano, y sólo con base en tal espiritualidad ella puede realizarse y ser puesta en práctica. Esta es la doctrina, y a la vez el programa, que ahonda sus raíces en el evangelio del trabajo.
27. EL TRABAJO HUMANO LA LUZ DE LA CRUZ RESURRECCION DE CRISTO CORPORACION PETROLERA NACIONAL SA TELEFONOS: Oficina 23 86 66 Despacho 21 15 69 22 34. 94 Apdo. 10. 039 Telex: 2156 COPEN Existe todavía otro aspecto del trabajo humano, una dimensión suya esencial, en la que la espiritualidad fundada sobre el Evangelio penetra profundamente. Todo trabajo tanto manual como intelectual está unido inevitablemente a la fatiga.
Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.

    Notas

    Este documento no posee notas.