Guardar

CRITICA Revista Dominical. LA REPUBLICA. Domingo 1º de mayo de 1988. Coordinador: Orlando García Valverde Hablar con propiedad Juan Bravo El tema de la mujer el teatro en el Victor Valembois ON 192101 school FAGO mía la aseveración de Carmen Naranjo en el sentido en que felizmente el Día Internacional de la Mujer todavía no se ha comercializado. Hablamos entonces de la mujer así, a secas, con o sin mayúscula. No de la secretaria. la novia o la madre. roles que la sociedad asigna circunstancialmente a la mujer y que curiosamente, cada uno sí fueron comercializados, entre otros con su día especial. Ahora nos están imponiendo el modelo insuperable de la mujer ejecutiva. Concuerdo plenamente también con la célebre frase de Lorca en el sentido en que el teatro puede ser un barómetro para medir la cultura de un pueblo: es curioso como este año la nueva temporada empezó con gran cantidad de obras relacionadas directamente con el tema de la mujer. Abrigo la esperanza de que esto se deba a un momento sociocultural propicio para un replanteamiento general de los roles entre hombre y mujer, más allá de una moda circunstancialmente impuesta por las astutas redes comerciales. Por de pronto, lo que pasa en las tablas nuestras no es único.
Veo, por ejemplo que en Managua, en un contexto socio cultural sustancialmente diferente, se presentan obras de Dario Fo, sobre el mismo tema, en la línea por cierto de las que presentó el Teatro 56 aquí la temporada anterior.
Este año, aparte de la reposición de la rosa de dos aromas, vimos Orinoco, ambas de Carballido, siempre únicamente con dos actrices y sobre el tema de la mujer. Hubo una gran cantidad de estrenos relacionados directamente con el tema. Pienso en Madre nuestra que estás en la tierra, de la escritora nacional Ana Istarú. Valioso esfuerzo, más allá del costumbrismo, para describir una lucha generacional en tres etapas. Magnífica explotación de lo onírico, en el personaje encantador de la abuelita. Otra cosa es la abuela intrusa en La nona, la reposición que nos ofrece en este momento el Teatro del Angel. Claro que la protagonista es una mujer allí, solo que no hay que ver en este montaje un tipo de análisis o de crítica sobre el tó tópico en cuestión. Más bien se utiliza casualmente el personaje como símbolo mordaz de lo absorbente, del espíritu de pulpo. como lo llamaba alguno. Otros, con envidiable buena voluntad, ven en la obra una sátira de determinados sistemas políticos.
La Sala Vargas Calvo ofrece todavía Hay que deshacer la casa, del español Sebastián Junyent, obra que se encarrila definitivamente en la explotación momentánea de una moda. Aparte de que, con la herencia franquista de por medio, hay mucha diferencia entre la situación de la mujer a un lado y otro del Atlántico. Pienso, por último todavía en Las Jiménez, obra teatral de muñecos para adultos que se presenta de jueves a domingo en la Sala de la Calle 15.
Se trata de una obra con espléndido despliegue técnico, en lo temático una especie de versión burlesca y local de Las criadas, de Jean Genêt.
ARA empezar debo escribir en esta primera columnilla, que nací en la cuna del Castellano, en una de las provincias de Castilla la Vieja. Amo mi idioma, no por ser propio, sino por lo rico, bello y extenso de su vocabulario. El castellano no necesita tomar de otros idiomas vocablo alguno para expresar un deseo, describir un lugar o indicar cómo deben comportarse las personas en determinadas situaciones.
En segundo lugar quiero dejar aquí anotado que amo a Costa Rica, este hermoso lugar del globo que la suerte ha asignado como destino, donde trabajo y vivo desde hace unos meses.
Solamente hay una experiencia que me toca vivir diariamente que me produce enojo: la forma de hablar el castellano. es precisamente ese enojo el que me ha movido a escribir esta especie de columnilla. con la que pretendo hacer comprender a quienes la lean que, si a la dulzura y suavidad con que hablan los costarricenses el castellano, se uniera el evitar utilizar vocablos generalmente mal traducidos del lenguaje gringo y el servirse debidamenta de los vocablos castellanos para decir las cosas, tendrían un motivo más para enorgullecerse de haber nacido en esta tan fértil y bendita tierra.
Yo me pregunto, amigo lector, por qué razón deben los costarricenses denominar campo al espacio que puede quedar libre en un autobús; por qué motivo dicen y escriben rente aquí un carro cuando lo que pretender expresar es alquile aquí un automóvil. y en qué se basan para denominar zipper a lo que siempre y utilizando el castellano correctamente se ha llamado cremallera, y no es otra cosa que un cierre que se aplica a una abertura longitudinal en prendas de vestir, bolsos y cosas semejantes.
En los tres casos que acabo de describir, que se producen diariamente en las conversaciones de los costarricenses, en la prensa, e incluso en radio y televisión, se observa que se pretende decir algo en castellano traduciendo la idea de la peculiar forma que tiene los norteamericanos de hablar inglés.
Otro ejemplo: cáncamo y alcayata son dos cosas que uno puede adquirir en una ferretería. Pues bien, se me ha ocurrido ir a comprar esas cosas y ninguno de los dependientes y eran muchos supo comprender qué eran esas cosas que yo deseaba comprar. Fue necesario utilizar papel y lápiz para hacer un dibujo ante el que los dependientes de la ferretería exclamaron. Eso es un tornillo de ojo! y ¡Eso es un tornilo de escuadra! sea. Que en ambos casos era necesario utilizar tres palabras para describir lo que se puede indicar con una sola, pronunciando su nombre concreto según el Diccionario de la Real Academia.
Finalmente les voy a relatar una anécdota. Fui a cenar a un restaurante ubicado en uno de los barrios residenciales de San José. El restaurante es muy acogedor, el servicio esmerado y la calidad sencillamente excelente. La decoración es sobria, pero con lamparitas eléctricas y velas naturales que dan al lugar un aspecto realmente romántico, que se agudiza por la bien seleccionada música de fondo que impera en el ambiente.
Gran sorpresa la mía. Al solicitar el servicio de uno de los camareros (aquí les llaman saloneros. me entregó un impreso para que yo mismo hiciera la lista de los alimentos y bebidas que deseaba consumir. Lo primero que leí en ese impreso fue un recuadro en letras negritas con el siguiente texto: La lista podría alargarse, por ejemplo con El Alcalde de Zalamea, donde si bien es cierto que se trata de un pleito de honor entre el poder civil y el poder militar, en última instancia, todo comenzó alrededor de una mujer, víctima precisamente de un deshonor. Soslayo otros títulos que ya no se pueden ver: impresionante el despliegue de títulos en torno a la temática de la mujer en este temporada. Sospecho, sin embargo, que algo o quizá mucho de comercial puede haber en eso, al comprobar que salvo con el último título en todos los casos se recurrió a obras y dramaturgos contemporáneos y hasta muy de este momento, por lo que generalmente hay a la base un tratamiento algo oportunista del tópico, primero por parte del autor del libreto, después también por los directores y demás encargados de la puesta en escena.
Sorprende, en este sentido, por lo menos en lo que se refiere a las últimas temporadas, que no hemos visto un aprovechamiento creativo y renovado del arsenal de obras clásicas, tanto locales como foráneas, que constituyen una verdadera mina de obras que no sólo tratan con profundidad el tema de la mujer, sino que pudieran conllevar una reflexión o en todo caso una sensibilización adecuada en el espectador. Me refiero por ejemplo a las inmortales obras del gran Aristófanes, con La Asamblea de las mujeres y Lisa.
Pienso también en Casa de muñecas de Ibsen, con su contrapartida costarricense, Magdalena, en La Nora de Tres Ríos de Ricardo Fernández. Pienso después en Antigona, en sus diversas versiones, en Medea, con otras tantas perspectivas históricas.
La ausencia de clásicos en la materia, para recurrir a éxitos circunstanciales connota el tema y lo distorsiona directamente. Al plantear el asunto en términos unilaterales de liberación de la mujer, se falsean las bases. No se trata de abordar el asunto con rencor histórico o como una batalla a li brar para que ahora les toque a las mujeres tener la sartén por el mango. en el mismo sentido de aprovechamiento comercial y distorsionado del tema va cierta publicidad que insiste en que tal obra sólo tiene mujeres y ningún hombre en escena. Este procedimiento se utilizó incluso con un montaje oficial, El Alcalde de Zalamea, que supuestamente tendría que ser bueno sólo porque director, escenografo y otros del personal técnico eran exclusivamente mujeres. Tal planteamiento no deja de ser oportunista y, a la larga, poco conveniente para la causa profunda: el replanteamiento global y teórico práctico, por hombres y mujeres juntos, de sus relaciones interpersonales. IMPORTANTE: Este es un Restaurante familiar y no se permiten escenas románticas (sean solteros o casados. Si Ud. falta a esta disposición no será atendido. Le agradeceremos respetar este reglamento. Gracias.
Yo supuse que, lo que se pretendía con este aviso importante, era evitar escenas impúdicas y obscenas que produzcan escándalo público, que nada tienen que ver con el ambiente realmente acogedor, romántico y familiar que se respira en el restaurante, sólo perturbado por la lectura del texto antes citado. Espero que el propietario o gerente del restaurante lea esta columnilla crítica. Me ofrezco graciosamente a redactarle otro recuadro, en el que tampoco se escriba la palabra gracias tras la frase en la que se dice agradeceremos.
Imagino que intentar corregir los malos hábitos en el uso de un idioma, es tarea difícil. No me gustan las cosas que se consiguen con facilidad.
Por eso pretendo seguir escribiendo sobre este tema otras colaboraciones.
Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.

    Franquismo
    Notas

    Este documento no posee notas.