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Réplicas La Penca: Para verdades solo el tiempo LIC. FERNANDO BERROCAL SOTO viaje de trabajo reciente puso en mis manos el libro del periodista Andrés Oppenheimer: Castro final hour. ganador del Premio Pulitzer, el más alto galardón al periodismo en los Estados Unidos y best seller del momento. El libro tiene un epígrafe que insita a la lectura: La historia secreta detrás de la eminente caída del comunismo en Cuba. Editorial Simón Shuster, 1992)
Inicié su lectura movido, únicamente, por el inte rés de conocer más a fondo la realidad de la Cuba de hoy, en el contexto de los profundos e irreversibles cambios que vienen sacudiendo al mundo desde a caída del muro de Berlín y el derrumbamiento de la Unión Soviética. Lo que no imagine, sinceramente, es que la fascinante trama del libro me llevaría a Costa Rica, al año 1984, a la Administración del presidente Luis Alberto Monge y, desde un ángulo desconocido por la opinión pública nacional, a los meses de abril, mayo, junio y julio de aquel año y al criminal atentado de la Penca, en la margen nicaragüense del río San Juan.
El ganador del Premio Pulitzer, con fundamento en una larga y profunda investigación y en el testimonio de protagonistas calificados de la época, a partir de la página 199 sostiene que los hermanos Daniel y Humberto Ortega, conjuntamente con Tomás Borge, discutieron precisamente en esos dificiles y duros me ses de 1984, a últimas consecuencias, un elaborado y detallado plan, presentado por el general cubano Arnaldo Ochoa, para invadir militarmente a Costa Rica.
El plan cubano incluía el bombardeo por aire de la sede de la Embajada de los Estados Unidos en San José y varios puntos estratégicos y vitales para la seguridad de nuestro país. El plan tenía como propósito la regionalización del conflicto centroamericano y partía del supuesto de una unión militar y guerrillera entre el Frente Farabundo Martí de El Salvador y el FSLN de Nicaragua, con el apoyo logistico y eventual.
mente de tropas de elite cubanas, al estilo de Angola y Etiopía. El general Arnaldo Ochoa, precisamente, había llegado a Managua desde su cargo previo de je fe de las fuerzas militares cubanas en aquellas dos naciones de Africa.
El plan, afirma Oppenheimer, y esto es lo más sorprendente, fue meticulosamente diseñado personalmente por Fidel Castro. Las pruebas han surgido de la misma Habana, en donde el periodista recidió prácticamente durante seis meses, así como de entrevistas y confidencias en Managua y en Washington.
La prueba de la verdad, como dirían los abogados, paradójicamente, es aportada por los archivos de lo que, en tiempos de la Unión Soviética, se conocía como la Comisión Estatal de Seguridad, la KGB, así como por el testimonio de altos funcionarios diplomáticos en Moscú.
Estoy leyendo las últimas páginas de este libro y despachos de prensa internacional, publicados en todos los periódicos del país, dan cuenta de la última versión sobre los dramáticos hechos del acto terrorista de la Penca. La bomba, según se afirma ahora en una versión publicada por el Miami Herald, fue colocada en el sitio de la conferencia de prensa del Comandante Cero, Eden Pastora, por un supuesto Per Anker Hansen quien, en la vida real, era argentino y se llamaba Vital Roberto Gaguine, terrorista vinculado al Ejercito Revolucionario del Pueblo (ERP) y quien, en su misión criminal, cumplía ordenes del alto mando sandinista y actuaba, precisamente, a nombre de los hermanos Ortega y de Tomás Borge.
Ocho personas murieron en la Penca, entre ellas tres periodistas costarricenses: Linda Frazier, Jorge Quirós y Evelio Segura. Otros quedaron gravemente heridos y sus cuerpos mutilados. Aquel día del año 1984 se cometió el acto político criminal más bochornoso e inhumano de la historia de Costa Rica y Centroamérica. Un crimen, lo más grave, que está impune y que constituye una afrenta a la conciencia, sin excepción, de todos los costarricenses y a la historia misma de este pueblo que ha hecho de la paz, la libertad y la tolerancia política, valores esenciales de su ser nacional.
En San José, coincidiendo con esta nueva versión de los hechos, el Ministerio Público, como responsable por ley de la iniciativa judicial en materia penal, públicamente mantiene su dictamen pericial y su opinión de que el acto terrorista fue ordenado por la Central de Inteligencia de los Estados Unidos, la CIA, y ejecutado con la complicidad incluso de costarricenses. La Fiscalía sostiene que Per Anker Hansen era, en la vida real, de nacionalidad árabe y de nombre Amac Galil, un terrorista de extrema derecha, a sueldo de los intereses norteamericanos en Centroamérica. Una tesis que, por otra parte, desde hace varios años recorre el mundo en los despachos de la Agencia France Press y que el propio Colegio de Periodistas de Costa Rica, recientemente, aceptó como propia y verdadera.
En este contexto de opiniones, no pude evitar unir la lectura del libro de Oppenheimer con estos últimos despachos de prensa y con la renovada controversia sobre la verdad, la verdad verdadera, del criminal atentado de la Penca. Acaso, me pregunté a mí mismo, no son estos mismos hermanos Ortega y Tomás Borge, los que en los mismos meses y en el mismo año y hasta en el mismo día, discutían con el general Arnaldo Ochoa el plan de Fidel Castro para intervenir militarmente a Costa Rica y regionalizar el conflicto centroamericano, con el obvio y suicida, además de demencial, propósito de provocar un conflicto, a ni.
vel mundial, entre las dos superpotencias de la épo ca: la Unión Soviética y los Estados Unidos? Los he chos y las pruebas, más allá de toda tolerancia complice o engañosa, parecieran hablar por sí solos. Es más y la siguiente pregunta resulta inevitable. No se rá el atentado de la Penca uno de los componentes esenciales del plan cubano? Con insistencia, en estos días, no he dejado de preguntarme. por qué no?
Estos interrogantes, sin embargo, nunca tendrán respuesta. El general Arnaldo Ochoa, condecorado como héroe de la Revolución Cubana al regreso de Angola y Etiopía, fue fusilado poco después de su aventura nicaragüense, en una madrugada de 1989, al final de un cuestionado proceso que el pueblo cubano censuró en silencio y la prensa internacional criticó a viva voz, como resabio último y tropical de aquellos oscuros juicios stalinistas de los años treintas y cua rentas. También callaron para siempre, esa madrugada, sus dos más cercanos colaboradores, los hermanos Tony y Patricio de la Guardia, altos jefes del aparato de seguridad e inteligencia castrista. Per Anker Hansen, o Vital Roberto Gaguini, o Amac Galil, argentino o árabe, agente de la CIA o asesino a sueldo de los sandinistas, criminal y fanático extremista sin duda, murió también en 1989. Fidel Castro, Tomás Borge, Daniel y Humberto Ortega, por su parte, jamás enfrentarán la verdad de esta trama y esta asociación criminal. Quién, entonces, nos dirá algún día la verdad verdadera?
Entre tanto. para verdades solo el tiempo. Aunque una verdad sí se afirma y para siempre, en la historia política reciente de este país: teníamos razón, mucha razón, los que defendimos junto al presidente Luis Alberto Monge, en aquel crucial año de 1984 y en aquellos meses precisos, la neutralidad de Costa Ri: ca. La neutralidad, como tesis y razón de Estado, no evitó los mueros, ni los heridos y mutilados de La Penca, como tampoco el ultraje a los valores nacionales de aquel brutal y criminal atentado terrorista, pero sí evitó la guerra y la centroamericanización de Costa Rica. De eso no me cabe la menor duda.
Actuemos con responsabilidad PROF. LUIS RICARDO GARCIA Presidente FOMCA día miércoles de setiembre de 1993, tuve la oportunidad de leer tres artículos muy interesantes en la página 21A de la República.
Uno de Olimpia López Avendaño, La Sociedad Costarricense de hoy. el otro, Algo que tampoco se puede dejar pasar de Carlos Manuel Echeverría y el interesante Chisporroteos de don Alberto Cañas.
En el primero se establece una clara denuncia de los serios problemas que vive nuestra sociedad; en el segundo se llama la atención al sindicalismo y se justifica el solidarismo y don Alberto Cañas plantea nuevas alternativas para nombrar diputados y estructurar la Asamblea Legislativa (un cuestionamiento a los Partidos Políticos)
Cada artículo se maneja con particularidad y de ja manifiesto la intencionalidad de los autores. Pero en cada caso detecto que el fondo del problema no es algo propio de las instituciones democráticas del país, pues ellas son el producto del hombre mismo, de ahí que la crisis socioeconómica, las disputas sindicatossolidaristas y cámaras; así como la descomposición de los partidos políticos, obedece a una situación más profunda: la crisis del hombre.
Desde mi perspectiva, la crisis del hombre actúa en serie y la suma es la reacción colectiva y modelo de sociedad que nosotros vamos generando y heredando a las futuras generaciones.
No debemos olvidar que tu paz comienza por mi propia paz y viceversa, y que la crisis nacional, expuesta en sus más diversas dimensiones, es la obra de todos, por tanto, quien calle otorga: el que tan solo escribe y no actúa, también peca; quienes vive quejándose y solo saben encerrarse en sus penas, es un sirve para nada y el que es conciente y se aprovecha de la situación es un corrupto, oportunista e inmoral.
Estamos ante una crisis nacional del hombre costarricense, que tiene repercusiones instituciones (y este es un tema amplio, ya que podríamos valorar y analizar si ha sido algo preparado adrede o no) y efectos directos en las relaciones intersectoriales; socioeconómicas, políticas y culturales de todos en nuestra sociedad.
He insistido junto con otros compañeros desde hace varios gobiernos, sobre la necesidad de una Concertación Social.
Todo ha sido infructuoso y la causa real se fundamenta en que todos los sectores han perdido la perspectiva (este no es problema de un sector. Falta un mayor deseo de abonar material, ética y moralmente a la paz y que nuestra constitución política reconoce en su artículo 50 como adecuado reparto de la riqueza. para lograr esto se necesita una mayor concentración en un esfuerzo por entender con más claridad sobre lo que nosotros debemos concebir como la participación política.
Debemos tomar clara conciencia de ¿Concertar para qué. queremos concertar para garantizar bienestar a toda la nación; el eficiente funcionamiento del Estado y definir con base en ello, el concepto de desarrollo a que aspiramos todos (no unos pocos) los costarricenses y por tanto el perfil de hombre y sociedad?
Si estamos de acuerdo y buscamos respuestas que nos ayuden a construir, estamos obligados al ejercicio de una libertad con responsabilidad y una garantía plena en el ejercicio constitucional de todos los de beres, pero también de todos los derechos ciudadanos.
Para lograr esto, no cabe el cuento de Caperucita roja y el lobo feroz. no nos engañemos entre nosotros dándonos un trato de niños, al contrario, se necesita mucha sinceridad; lealtad a Costa Rica y una actitud humilde y sincera para entender que todos te nemos algo bueno y algo malo en lo actuado hasta el momento.
Necesitamos definir el futuro, no imponer criterios, no atomizar la sociedad, no vivir del espejismo de que unos lo saben todo y los otros solo obedecen; así, no se redefine el presente ni se proyecta el futuro. Con esa actitud, lo único que se logra es desarticulizar cada día más y más la sociedad y perder la po sibilidad de contar con interlocutores válidos, lo que de hecho implica una herida peligrosa para la paz so cial. Actuemos con cuidado, seamos más serios, porque la verdad es que hay crisis a lo interno de los partidos políticos; solidarismo, cooperativismo, sindicatos, la familia y hasta los tribunales de Justicia, medios de comunicación y sistema educativo son altamente cuestionados.
Quiero llamar la atención de todos, aquí no hay puros de corazón. reflexionemos y actuemos con responsabilidad.
Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.
Este documento no posee notas.