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Domingo 31 de Octubre de 1993. VENTANA 5C Lugares nas historias de cómo llegaron al lugar.
Un atardecer en Río Claro de Pavones. Foto Pedro Murillo)
Al final de una de las playas costarricenses, se observa Punta Banco. Foto Pedro Murillo)
El martes iniciamos la caminata, mientras el ganado de don Fernando corría libremente lamiendo la sal de la arena.
Durante el recorrido disfrutábamos de un paisaje cada vez más encantador, con sus ríos y acantilados, sus cocoteros y su mar de hermosos colores, eterno compañero de los caminantes.
Este día nos esperaba un buen trecho de montaña, en el que los casi verticales acantilados de Piedra Barco nos obligaban a un ascenso por una trocha embarrialada que nos llevó hasta Las Peñas, donde una escuelita, un puesto de salud y una pulpería solo aceptan dólares por su cercanía con la frontera.
Las cuestas no se hicieron esperar, y hubo que emplear toda la energía para superar esta etapa, por lo que al anochecerlegamos al caserío de Las Peñitas, donde la familia de Gerardo Sibaja nos cobijó esa noche.
Ese miércoles pudimos comprobar la multiplicidad de culturas de este rincón de Costa Rica, lugar en el cual compartimos en la reserva de los guaymíes con sus cultivos, bosques y riachuelos.
La parte más dura del camino fue bajar Cuesta Carones, un sendero de rocas sueltas empinado sobre el mar; hacia la tarde montamos nuestras tiendas de campaña en un lugar donde la combinación era perfecta: a un lado el río, al frente el mar, en un exuberante bosque en el que remató la noche con un aguacero que nos obligó a cenar dentro de las tiendas.
Al llegar el jueves esperamos en Playa Carones a que la marea nos diera oportunidad de seguir el camino; cruzar varios ríos nos ayudaba a refrescar los pies cansados, y encontrar un ranchito guaymí nos ayudaba a descansar o comer algo.
Nuestra meta se cumplió el viernes 15 de enero, en Punta Banco, un colorido pueblo a orillas del mar, desde donde viajamos hasta Río Claro de Pavones. En el camino, unos gringos nos preguntaron de dónde veníamos. Al contarles nuestra caminata no podían creer que hubiéramos hecho todo ese recorrido. las de la mañana del sábado salía el bus hacia Golfito y un torrencial aguacero nos convirtió en los únicos pasajeros. logramos salir, para tratar de buscar en Golfito el medio de volver a San José, y concluir nuestro viaje en un lugar sin fronteras para la imaginación.
BETTER NACION Des Costa En Quebrada Vanegas, el hato de don Fernando Gómez corre libre por la playa. Foto Pedro Murillo)
Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.

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