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Por eso, quizás, la tarea más importante del momento histórico que estamos viviendo es la de volver sobre nosotros mismos, mirar hacia atrás, ver el camino recorrido y partir de esa plataforma para aventurarnos en un nuevo viaje, como decía el viejo Platón, sabiendo no tanto la ruta, pero sí, al menos, teniendo la más elemental orientación. Para orientarnos hacia el futuro debemos mirar nuestras raíces históricas. El pasado constituye el suelo firme sobre el que debemos poner nuestros pies si queremos dar un salto hacia adelante, hacia el futuro. Para ello, debemos arrojar una mirada retrospectiva y con fines de orientación más que de erudición, siquiera sea esquemáticamente, como punto de partida de una reflexión que nos capacite para asumir los principales retos del futuro previsible.
Todo comenzó, al menos para la cultura occidental, hace mil años. Al acercarse al año 1000, la Europa cristiana era un vasto territorio selvatico poblado de aldeas y pequeñas ciudades, donde solo una ciudad superaba los 100. 000 habitantes, Roma, capital del antiguo Imperio de Occidente, siglos atrás destruido por las invasiones germánicas. La cultura era entonces enteramente agraria. La visión racional del mundo era teológica. Ni siquiera había un centro de poder debidamente identificable. Los herederos de la cultura clásica grecolatina estaban en Oriente, en los grandes califatos de Bagdad y Damasco, o en el y Imperio Romano de Oriente con sede en Bizancio. En la Europa cristiana dominaba un sentimiento milenarista y apocalíptico, nutrido en la creencia popular de que Cristo volvería a juzgar a vivos y muertos en el año mil, tal como se desprendía de una lectura literal del último libro de la Biblia, el Apocalipsis. Un sentimiento de decadencia, de temor, de zozobra imperaba por doquier y se reflejaba en la descomposición moral, incluso, del único centro espiritual que tenía la Cristiandad, la Roma de los papas. Nunca como entonces llegó tan bajo el más importante centro de espiritualidad de Occidente. Por eso a este siglo se le ha llamado significativamente. El siglo de hierro.
Pero llegó el año 1000 y pasó el sino el inicio de año 1000 y Cristo no regresó en la algo nuevo, de una nueva era para Parusía. Europa comprendió que pueblos y naciones. Europa no era el fin de los tiempos, que cambió. Introdujeron algunas inlas trompetas del apocalipsis no novaciones técnicas, sobre todo, despertaron con su metálica alga en la producción agrícola y la porabía a los muertos de sus tumbas. blación comenzó a crecer. SurgieEuropa se percató de que no había ron las ciudades, París la primera.
llegado el Juicio Final, pero sí era Las plazas y mercados dieron el el epílogo de algo, de una época. espacio para el crecimiento del Pero un final que no es el último comercio. a finales de ese siglo, el XI, Europa salió del cerco en que la tenía asfixiada desde el siglo VIII el expansionismo islámico, que, desde entonces, dominaba la Península Ibérica, la punta extrema de Europa.
Una nueva estructura económico social comenzó entonces a desarrollarse, el feudalismo. Ya a finales de ese siglo se inició la aventura que hoy culmina exitosamente Occidente al dominar sin rival el mundo entero: el expansionismo de su cultura, de sus valores, de su dominación.
Este inicio del expansionismo político, militar, económico, cultural y religioso de Occidente por el mundo lleva en la historia el nombre de Las Cruzadas. El Occidente Cristiano reconquista las vías de comercio con el mundo antiguo oriental, entra en contacto con las culturas más desarrolladas del mundo árabe, el que, a su vez, posibilita el acceso a Occidente a los textos de los filósofos, científicos y literatos de la antigua cultura griega. En el siglo XII se crean las universidades, la Metafísica de Aristóteles es traducida al latín y se convierte en el manual obligado de la introducción a los estudios superiores. En el siglo XIV entra en crisis el régimen de cristiandad o cesaro papismo al derrumbarse la hegemonía política del pasado y comenzar a despuntar el nacionalismo en torno a monarquías que desafían el poder del Emperador, en particular Francia. Estamos de lleno en el Renacimiento, primera revolución cultural de gran envergadura impulsada por la naciente burguesía mercantil.
Europa inicia su expansión por el mundo. La cultura occidental deja de ser una cultura regional y se lanza a conquistar el mundo entero, sobre todo, gracias a la colonización de América. Las revoluciones democrático liberales, la revolución científico técnica provocada por la implantación del método experimental culminarán hacia finales del siglo XVIII con la revolución industrial y la consolidación del Estado Nación moderno. Hemos llegado a la Edad Contemporánea. Hoy esta era parece llegar a sus propios límites.
Este fin de siglo ve hecho realidad en todos sus extremos el sueño de Colón. F a Continuará la próxima semana BIBLIOTECA NACIONAL HEPUBLIC. Domingo, 28. 06 Novembre de 1998. SECCION Stonoo Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.
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