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N menos, que agradecería mucho el que un perito valuador con tan risueño porvenir como Joaquín pusiese sus ojos en ella y la sacara de la mediocre pobreza en que se venía moviendo en casa de un tío solterón, malhumorado y estrepitosamente oloroso al tabaco barato que le manchó los dientes hasta dejárselos imposibles.
Bien, creo que al hablar de la linda chica tomé el hilo, de manera que sigo adelante: tan encantada quedó la señora con la escogencia de Joaquín, que no encontraba, hasta hace poco, donde poner a su nuera. Pero aquellas de ustedes, estimadas lectoras, que pertenezcan al círculo de los salones de belleza o al de las conferencias sobre literatura sudamericana a domicilio, sabrán a lo que se ha dedicado últimamente doña Geraldina viuda de Alvarez, que no es otra cosa que a desprestigiar a su nuera y decir que el hijo de sus entrañas cometió un mal matrimonio.
Pues sí, caso de que ustedes no lo supieran, el Joaquín de que vengo hablando es precisamente el hijo único de doña Geraldina, y la nuera de quien habla pestes e incendios la ejemplar señora, es Sandra, la recién casada que cierta mañana obviamente inolvidable me dejó sin habla.
Pero ustedes de seguro recordarán también lo mucho que amaba doña Geraldina a su nuera hasta hace poco tiempo, y la fuerza con que lo proclamaba. Yo, por mi parte, daré fe de que no quería separarse de ella. Los ratos que le dejaban libres sus actividades de iglesia amistad con virtuosos predicadores, estudios profundos sobre el Opus Dei, lecturas piadosas escritas por eminentes autores españoles (dice ella. y la confección de un manto nuevo para la Virgen de los viernes santos de su parroquia los destinaba doña Geraldina a disfrutar de la compañía de Sandra y a que Sandra disfrutase de la suya, aunque las reciprocidades en casos como éste es bien sabido que no son automáticas. como mi vecino Joaquín según queda dicho se ausenta frecuentemente de la ciudad en sus funciones de perito valuador, consternada doña Geraldina ante la posibilidad de que su nuera se sintiese sola y terminase cayendo en la tentación de las televisiones violentas, las películas pornográficas o cualquier otro vicio de los muchos similares que acechan a los inocentes, decidió que era obligación suya el acompañar a Sandra durante sus frecuentes soledades: trasladarse en fin a la casa de su hijo, e instalarse en ella cada vez que Sandra se quedaba sola. Tiene doña Geraldina un guarda de confianza que le cuida la suya.
Pero ustedes comprenden perfectamente que el casado casa quiere, y que no hay nada más insufrible que tener a la suegra dentro de ella; es de suponer que Sandra suscribe esos adagios y refranes, que son sabiduría popular auténtica e irrebatible. Pero siendo Joaquín, como consta, el único hijo de doña Geraldina, le resultaba sumamente complicado a Sandra el explicarle a su na dejando el oficio hecho y los desayunos preparados y consumidos. Nos desayunaremos y juntas, doña Geraldina.
Doña Geraldina obedeció: al día siguiente se levantó temprano, se baño, se vistió, fue a la co cina con propósitos muy estimables de colabo rar, y se encontró a Sandra preparando los desayunos en el estado de completa desnudez que les he contado y, lo que es peor, con la ventana abierta y expuesta a las miradas pecaminosas del libidinoso vecino. El libidinoso vecino soy yo y mis miradas hacía buen rato se habían posadoal diablo los periódicos que al fin y al cabo nunca traen nada sobre el singular espectáculo. Sandra le replicó con toda naturalidad que a ella lo que más le gusta en el mundo es andar desnuda por su casa, que es su casa; y que cuando está sola no acostumbra vestirse; no lo había practicado todavía cuando doña Geraldina está presente, esperando una mayor confianza entre ellas, y lo que sucedió es que se le había olvidado que doña Geraldina iba a levantarse temprano, pero convengamos en que la suficiente confianza entre ellas ya existe, y no hay razón para que yo cambie de costumbres y sacrifique una de las que más satisfacciones me deparan. Doña Geraldina se empeñó en que la muchacha se vistiera, aunque solo fuese por razones de pudor natural, y Sandra en sostener la conversación (no discusión) sin vestirse. Si usted también se desvistiera, doña Geraldina, podríamos conversar con más libertad y franqueza.
Doña Geraldina se persignó, rezó, y dijo que la casa de su hijo se había convertido en antro de pecado. No se sabe si mortal o venial, pero de pecado en todo caso. Agregó que en vista de que compartir más ese techo sería convertirse en cómplice del pecado, en ese mismo instante se iba para su casa, y no volvería a poner los pies en la del hijo de sus entrañas, mientras no trajeran un sacerdote a realizar un exorcismo y a bendecirla de nuevo; y que ver a su hijo mal casado con una mujer impúdica, era la cruz que el Señor le había adjudicado, quién sabe en penitencia de que falta o maldad de su juventud de la que no guardaba ningún recuerdo a Dios gracias. se fue.
No ha regresado. Ahora es Joaquín quien la visita puntualmente unas dos o tres veces por semana. Hasta donde mi conocimiento y los binoculos que he comprado alcanzan, Sandra no ha vuelto a circular desnuda por la cocina de su casa pero la pareja parece estar disfrutando plenamente de su luna de miel recuperada. R Pintura del pintor belga: René Magritte A I marido que la presencia constante, casi podría decirse que permanente de la suegra se le estaba haciendo cargosa.
Pronto no se limitó doña Geraldina a las ausencias de Joaquín. Bien vengas mal si vienes solo: cuando Joaquín tenía que salir de San José un lunes, pongo por ejemplo, para regresar el miércoles, allí quedaba doña Geraldina con la misión de consolar a Sandra y proporcionarle edificante compañía. Pero si, habiendo regresado Joaquín el miércoles, tenía que emprender nueva gira el viernes, doña Geraldina encontró que era muy entraboso el trasladarse a su casa por escasas cuarenta y ocho horas, y decidió permanecer con la pareja. La ley del cajón no sólo opera en asuntos laborales y de asuetos. Lo que se consiguió con este fue que Joaquín comenzó a buscar la manera de quedarse fuera los jueves del ejemplo, y convertir los dos viajes de dos días, en un viaje de cinco.
Doña Geraldina duerme hasta tarde (uno de sus poquísimos defectos. pero una noche de tantas Sandra le anunció que al día siguiente tendría que madrugar, porque ella necesitaba cumplir a hora temprana ciertos compromisos no sé si sociales, familiares, políticos o de qué índole, y tendría que salir de casa a las ocho de la mañaA Alberto Cañas Escritor costarricense Cuento Inédito Sumario Narrativa Alberto Cañas: Cuento inédito Portada y Página Filosofía Arnoldo Mora: La Nueva Era (II)
Página Forjadores Ana Poltronieri: La dama del teatro Página Plástica Colorido Talento Página Además: Poesía de Ana Istarú LA REPUBLICA. Domingo de Diciembre de 1993 SECCION Este documento es propiedad de la Biblioteca Nacional Miguel Obregón Lizano del Sistema Nacional de Bibliotecas del Ministerio de Cultura y Juventud, Costa Rica.

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